Política

Resultados de las elecciones: el mundo es redondo y gira

Los coletazos de los resultados electorales demorarán bastante en aconcharse en conductas políticas concretas. Todo está pasando en este momento.

 

Y lo más cierto son las dudas. Habrá algunas cosas ciertas: más complicado es administrar la victoria que la derrota.

 

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Una exige asumir lo que hay con la perspectiva de cambiar todo o en parte de lo que se hereda. En el caso de Chile, he ahí lo complejo, la gente querrá ir por todo.

 

Y habrá que entenderla. Luego de más de treinta años de engaños y manipulaciones, resulta comprensible que en ese lapso se haya acumulado más rabia de la que sea posible administrar.

 

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Y dos, en el caso de la derrota, la cosa es simple: toma lo tuyo y vete. Sin embargo, algo dirán esas cifras a los dañados o beneficiados, según de donde se mire. Desde el punto de vista de la gente esperanzada, cae mucho mejor esta sensación de caos, que el orden criminal que lo dominaba todo.

 

Para algunos, en el dominio de los ganadores se abre un espacio de alianzas y acuerdos que no existía hace solo unas horas atrás. ¿Habrá visto el PC y el FA que le rinde mucho más cuando se despegan, unos, de sus exsocios de la Nueva Mayoría, y otros, de las cocinas?

 

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Estar bien con dios y con el Diablo jamás ha sido bien visto ni por dios ni por el Diablo.

 

Ciertas cosas tienden a aclararse.

 

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La Lista del Pueblo irrumpe chasconeando lo que antes era miel sobre hojuelas y habrá que ver qué le trae en su diversidad.

 

Se abren espacios para negociar una candidatura como la de Daniel Jadue: hay una nueva realidad política que no solo la ofrece, sino que la exige y quizás la imponga.

 

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Ha quedado clara la necesidad de actuar desde la política.

 

Pamela Jiles ha demostrado que desde la marginalidad que no propone, aunque denuncie, no se hace nada. Resulta igualmente divertido saltar en un tablón. Se necesita abordar en clave política la crítica, lo que exige propuestas, programas y alianzas.

 

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Algunas pequeñas certezas flotan luego de los resultados del domingo.

 

La derecha ha tenido una derrota solo comparable en trascendencia y proyección a la elección parlamentaria de marzo del año 1973.

En los lugares en que se hizo primarias o consultas populares y la gente tuvo algo que decir, se alcanzaron altas votaciones y triunfos trascendentes, como en la comuna de Santiago.

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La Democracia Cristiana, Partido Socialista, PPD y el resto de los partidos que ofrecieron alegría que no llegó sino para ellos mismos, han perdido más que el orgullo, la perspectiva del negocio. Como veremos, el éxodo de los conversos comenzará pronto.

 

Las candidaturas de los independientes son la primera mayoría en la Convención Constituyente, lo que indica que se puede hacer política desde la gente misma.

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Las mujeres han tenido una excepcional participación en la primera línea y si ese triunfo se mantiene para lo que venga, algo crujirá en el viejo mundo. Una mujer militante comunista ha vencido a un Alessandri, cuya estirpe antes mataba rojos por deporte.

 

Destacados dirigentes gremiales, Figueroa, Messina, Aguilar no figuran entre los ganadores estableciendo un hecho grave para sus respectivas legitimidades, de haberlas.

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Ojo. Hay que recordar que la derecha cuando pierde en las elecciones echa mano a su brazo armado, las Fuerzas Armadas.

 

Finalmente, como sea que funcione todo esto que no se sabe bien qué le trae, siempre va a ser mucho más decente que lo que hay. Esta es una de las primeras de muchas batallas que vendrán.

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Pero jamás olvidemos que los precursores de todo esto fueron estudiantes rebeldes y porfiados, vilipendiados por todo el que quería dar muestras de educación cívica e higiene política.

 

Esto hace la historia.

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Hace no mucho tiempo, actores políticos que hoy se alzan ganadores y soberbios, exigían las penas del infierno a esos estudiantes que no se rindieron y que desafiaron al orden cuando todo era calma, orden y paz.

 

Hablamos del año 2019, es decir, de ayer no más.

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Revise los diarios de entonces. Y vea lo que decían de esos escolares muchos de estos políticos que hoy celebran el triunfo alborozados y amnésicos. Muchos de ellos exigían las penas del infierno para quienes hicieron posible todo lo que hay.

 

No se ha ganado nada todavía que no sea la opción de dudar.

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Pero la cosa se está moviendo.

 

La clave es la gente movilizada, entendiendo que hablamos no solo de desfiles, batucadas y marchas.

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Movilizar a la gente se debe entender como evolucionar colectivamente hacia un proyecto político que seduzca a millones con una irrevocable vocación de poder.

 

Un proyecto en el que la gente sea el centro y el motor, capaz de decidir el tipo de país en que quiere vivir y el tipo de persona que lo habitará, partiendo por ofrecer a los niños de hoy la felicidad que ha sido tan esquiva para sus padres y abuelos.

 

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Habrá tropiezos y renunciamientos, traiciones y retrocesos. Pero también vendrán nuevas voces e inteligencias.

 

Y muchas y maravillosas contradicciones que habrá que resolver entre todos porque cuando se piensa y actúa como manada, cardumen, bandada el efecto de la inteligencia colectiva es más eficiente y poderoso.

 

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Las elecciones del domingo pasado demuestran sin dudas, que el mundo es redondo y que da vueltas. La gracia está en que su giro sea un avance en el sentido de lo más profundamente humano, inevitablemente justo y puntualmente solidario.

 

Por Ricardo Candia Cares

 

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Escritor y periodista

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