Crónicas de un país anormal Política

Hacia una democracia sin partidos

No es la primera vez que la plutocracia derechista es derrotada por el voto popular: en las elecciones parlamentarias de 1965 murieron dos partidos políticos históricos, el Conservador y el Liberal, sin embargo, resucitaron gracias a la sobrevivencia de un pequeño partido nazi, Los Extranjeros, remanente del recuerdo del Diario “El Estanquero”, (propiedad del tirano Diego Portales), cuyos líderes eran Jorge Prat y Sergio Onofre Jarpa, que se creían portalianos, pero en la realidad se presentaban como la derecha nacionalista chilena y, como su héroe – Portales – era militarista, imperialista y , sobre todo, negociante, derecha que despreciaba la democracia y los partidos políticos clásicos para pretender imponer el fascismo.

Democratacristianos y derechistas se habían peleado debido a la interpretación de las Encíclicas papales y las obras de Jacques Maritain; pero, en primer se reencontraron ante la inminencia de un peligro mayor, el triunfo del comunismo, (los pechoños saben unirse en nombre de Cristo Rey); en segundo lugar, y más reciente, tenían la experiencia de la derrota en el plebiscito de 1988, pero todo estaba bien atado en la Constitución de 1980, y Aylwin y Pinochet se entendieron muy bien, (al final, pertenecían a la misma casta, unos de civil y otros, de uniforme militar); en tercer lugar, ya afiatada la alianza derecha-izquierda, (en el monstruoso edificio del Parlamento en Valparaíso), Aylwin declaraba el término de la transición, y el Presidente Ricardo Lagos, con euforia, “anunciaba la transformación de la Constitución dictatorial en democrática”, en 2005; en cuarto lugar, llegó la hora de la “democracia plena”: Michelle Bachelet y Sebastián Piñera, se alternaban en el poder y, en definitiva, juraban por hacer cumplir y respetar la Constitución de Jaime Guzmán; en quinto lugar, emergió un pueblo cada vez menos sometido, que se rebeló al fin ante el hambre, la miseria y la inequidad, sumada al rechazo de la corrupta casta política en el poder.

Los intereses de clase siguen prevaleciendo: en un día de noviembre de 2019, la clase política, (de cualquier signo que siempre la une), se reunió en el antiguo edificio del Parlamento, en Santiago, a fin salvar la situación de catástrofe que afectaba al gobierno de Sebastián Piñera y, como salida, nuevamente de la “cocina” salió el salvador plato de la convocatoria a un plebiscito.

Los códigos de las nuevas generaciones son muy distintos a los de las antiguas y, en ese entonces, no comprendieron que la juventud de hoy no usa gomina, habla el mismo idioma pero distinto lenguaje, y ya no votó de la forma complicada en que lo hacían los antiguos, y mandaron a la mierda a los partidos políticos más antiguos, (radicales y liberales del siglo XIX, socialistas y democratacristianos de los años 30-50 del siglo XX; y Renovación Nacional y la UDI – más recientes – hijos fieles de la dictadura, tampoco se salvaron). La gente votó, no por un partido o una doctrina que ya está obsoleta, sino en conciencia, y por los candidatos que están ahí y ahora  en la lucha por la sobrevivencia, incluso, recurriendo y apoyando las ollas comunes. Los políticos se convirtieron, paulatinamente, en lobos feroces, a quienes sólo les importaba la tierna carne de los “Cándidos” a quienes pretendían entusiasmar con sus arengas, ya no comprendidas por los nuevos códigos de la juventud. Los cuentos del “lobo feroz”, y otros que entusiasmaban  a los niños, hoy sólo reposan en la librería de Diógenes, y de lo que se suponía la democracia representativa, ya había muerto en bombardeo del Palacio de La Moneda.

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Antiguamente se sostenía que la existencia de partidos políticos era consubstancial a la democracia, que suponía elecciones libres y limpias, (baste pensar que en los países con regímenes autoritarios es donde más de realizan elecciones frecuentemente, pero muy truculentas), por consiguiente, habrá que pedir a la juventud que profundice en una forma moderna de hacer política, con partidos políticos que impidan la formación de nuevas burocracias en que presidente, el secretario, comité central y comisión política no sean el directorio de una empresa, sino un canal libre donde frecuentemente se canalice la opinión y propuestas de la ciudadanía.

Sería loable que los partidos políticos tal como están ahora y que el pueblo los ha repudiado, se declararan caducados y sean reemplazados por verdaderos servidores del pueblo, y que todo Primer Mandatario sea evaluado continuamente y, si ha cometido faltas a la probidad y al buen gobierno, sea juzgado – como corresponde a cualquier ciudadano

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

21/05/2021

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Historiador y cronista

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  1. Luis Arriagada Rivera says:

    Entonces: hay que construir la Sociedad Socialista…Donde las grandes mayorias hagan las leyes y construyan una democracia popular,que defienda los intereses del pueblo y la de las trabajadoras y trabajadores,manuales e intelectuales;que son éllas y éllos la que producen las riquezas en el País y en todo el mundo. En el sistema y modo de producción capitalista…Núnca vamos poder conseguir éso..
    NO A LA DICTADURA DEL CAPITAL SOBRE EL TRABAJO! Y no también a la casta y clase política.

  2. Gino Vallega says:

    Ya sale el tren y en el andén , se agitan los pañuelos….con alegría ,porque en ese tren se van los huraños ” partidos30años”.Lo que queda es un futuro con máscara , porque no se sabe si ríe ó llora.

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