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El rol del pueblo: ¿sentarse a esperar o salir la calle?

En rigor, la Constitución que se comienza a reemplazar es la de Ricardo Lagos. Este dato que pudiera ser irrelevante esconde el alma de la ex Concertación: “Nuestra Constitución no es más un dique en la vida nacional. La vida nacional puede fluir ahora como un río por este cauce institucional.”

Afirmó el presidente desde su palco faraónico cuando se refería a la Constitución que está a punto de ser demolida por la irrupción de la gente en el levantamiento popular del año 2019.

¡Qué alma más diferente asoma sus primeros brotes! Ahora, en la testera de la Convención que ha acorralado a la derecha fulgura el perseguido pueblo mapuche, destella su idioma y verdea el canelo.

Lo que comienza a suceder es el mayor error que la derecha jamás ha cometido: típico del torpe y megalomaníaco presidente Piñera que confunde viveza con inteligencia.

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Lo que se pensó como una detonación controlada, que no consideraba sino al sistema político institucionalmente existente en el proceso, está escapando al dominio de esos cálculos.

El manejo de la crisis de octubre de 2019 se intentó por arriba con la connivencia de casi todo el sistema político, tal fue el acuerdo entre cuatro paredes del 15 de noviembre. La gravedad era de tales dimensiones que el sistema debía apostar alto y Piñera dispuso entonces poner en juego la joya de la corona.

Craso error.

En esta puesta en escena la ultraderecha se muestra como algo que jamás han sido y nunca será: demócratas respetuosos de la voluntad popular. Ahí reside un peligro mayor: el camuflaje de demócratas ha sido la vestimenta favorita para los sostenedores del modelo.

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La idea estratégica que se propusieron con todas las trabas del caso, los dos tercios que trancan la pelota en el lado de la constitución de Pinochet, por ejemplo, fue ganar, aunque perdieran.

Y, aquí está lo relevante, esa táctica tramposa fue arrasada por aquello que no estaba en la ecuación: lo que se expresó en la Plaza Dignidad decidió entrar al ruedo de la política y competir en las elecciones constituyentes.

Ese hecho, a través de la Lista del pueblo, cambió las cosas.

Más allá de las críticas que se les pueda hacer, más allá de una falta de unidad monolítica en su interior, por lo menos fueron capaces de romper el cerco y demostrar a aquellos dirigentes sociales que no han tenido el valor de hacerlo, que se puede hacer política desde lo social, incidir en política desde la población, el barrio, la calle, el movimiento, el colegio profesional, desde la gente llana sin partido y con deudas.

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Cuando el pueblo entra a la política, comienzan a cambiar las cosas.

En términos de las cosas relevantes, que van mucho más allá de la disección de los historiales de algunos convencionales, lo esencial, el foco, el centro de gravedad de la actual situación, es que la derecha ha sido acorralada, derrotada en todo, y queda clara la mejor enseñanza: el voto cuando es producto y reflejo de la movilización popular, hace mierda a la derecha.

La situación que define la circunstancia histórica de octubre del 2019, es decir su antes durante y después, encuentra a una izquierda sonámbula, primero, desconcertada durante, y deprimida después.

Más que llorar por no aparecer en la foto, lo que corresponde a la izquierda que quiere agudizar las contradicciones, ahora sí hay un espacio para ese efecto, es entender que lo ganado hay que aprovecharlo al máximo para tensar las cosas hacia el lado de los cambios reales y de largo plazo.

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A este error solo comparable en magnitud con la megalomanía de Piñera, hay que sacarle todo el provecho que sea posible.

Ahora sí se necesita el millón de No más AFP, del 8M, de los grandiosos estudiantes, de los profesores que deberían acampar ahora sí con algo de sentido en las cercanías del palacio. Y, por sobre todo, ahora fulgura más que nunca el símbolo rebelde de la Plaza Dignidad.

La historia de nuestro país resulta de una potencia pedagógica abismante para enseñar que los poderosos harán lo que sea para defender sus miserables intereses.

Cabe especular cuál es será la táctica facha para retroceder en forma ordenada buscando la contraofensiva.

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Ya se ha visto: desde el minuto uno se procedió a sabotear la instalación de la Constituyente. Y lo que venga irá de menos a más si no se rodea a esa instancia con la mayor movilización popular posible.

Ahora sí se necesita el millón de No más AFP, del 8M, de los grandiosos estudiantes, de los profesores que deberían acampar ahora sí con algo de sentido en las cercanías del palacio. Y, por sobre todo, ahora fulgura más que nunca el símbolo rebelde de la Plaza Dignidad.

No es lo que muchos querríamos que fuera y quizás todo termine con una constitución que no sea la que el pueblo merece.

Hay riesgos, egolatrías, aprovechadores y tránsfugas. Pero lo relevante es que se abre la opción de tensar las cosas, de llevarlas a enfrentamientos políticos y de movilizaciones que polaricen a su estado real el enfrentamiento entre democracia y neoliberalismo y de aumentar la irrelevancia de la de derecha.

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Para avanzar es necesario que el pueblo asuma su propio protagonismo en este proceso, que se involucre en propuestas y que salga a la calle. Que proponga y que advierta.

Habrá que decidir entre esperar sentados o movilizados.

 

Por Ricardo Candia Cares

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Escritor y periodista

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  1. Renato Alvarado Vidal says:

    Sabias palabras. Esta convención no es exactamente la Asamblea que deseábamos, pero es lo que hemos conseguido y hay que aprovechar la oportunidad que brinda, hay que apoyarla y nutrirla para que dé los mejores frutos posibles. Es hora de ampliar la movilización popular, es hora de ampliar nuestra conciencia política, y la conciencia se logra con la práctica.

  2. Felipe Portales says:

    Muy buen artículo. El problema estará en estimular a los socialistas de base que todavía no son neoliberales para que impidan que su dirección de derecha que ya lleva 30 años haga que continúe el veto de las dos derechas a sustituir el “modelo chileno” heredado de la dictadura. Para ello la izquierda debe tener el coraje de asumir la legitimidad que le ha entregado el pueblo para establecer una Constitución democrática que reemplace la de las dos derechas del 2005, que como muy bien recuerda Ricardo Candia, ¡está refrendada por Lagos y todos los ministros de esa época, incluyendo a Vidal, Eyzaguirre y… Provoste!

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