Crónicas de un país anormal Política

Diferencias y semejanzas entre los candidatos de la antigua Concertación

Los partidos políticos tradicionales no atraen mayormente: los tres candidatos que participaron el último foro, Paula Narváez, Yasna Provoste y Carlos Maldonado, tienen postulados muy parecidos entre sí y ninguno de ellos despierta entusiasmo ciudadano, pues han pertenecido a la Concertación y/o a la Nueva Mayoría, desempeñando cargos en gobierno o como senadores y diputados.

Los partidos a los cuales pertenecen tiene muy poco que aportar, y si tuvieran una ética suficientemente arraigada, más bien deberían pedir perdón a los ciudadanos por sus errores y omisiones que han conducido al país a ser uno de los más desiguales en el concierto de las naciones. En 30 años de gobierno, compartido con la derecha, el Sistema Previsional, por ejemplo, sigue siendo un ahorro obligatorio que, al final, paga pensiones miserables, (quizás, lo único bueno que se ha hecho en estas tres décadas se refiere a la implementación de la Pensión Solidaria, que favorece a quienes carecen de ahorros).

Los radicales, como Partido, murieron hace bastante tiempo, y el mérito de este conglomerado, ha sido el saber usar a las maravillas el sistema electoral y, de esta manera, el logro de más asientos parlamentarios que votos obtenidos. No se puede negar al más longevo de los partidos tradicionales la habilidad para dialogar y transar, y lograr los mejores cargos del Estado para sus dirigentes que, al ser un número reducido, el reparto se hace expedito, (antes se llevaba los premios de ministros de Estado, es el caso se Juan Antonio Gómez, que hubiera sido muy raro no verlo en una Cartera ministerial de la Concertación o de la Nueva Mayoría).

Los socialistas, por su parte, antes revolucionarios y consecuentes, hoy aparecen como oportunistas. El Partido tuvo la suerte de contar con dos Presidentes en período posdictadura,  Ricardo Lagos Escobar y Michelle Bachelet, (durante dos períodos), y ambos frustraron las esperanzas que la gente tenía en un Partido que, nada menos, había tenido entre sus militantes al mejor líder de la izquierda latinoamericana, Salvador Allende. Durante el período de la UP no existía ni la corrupción ni el robo, y por mucho que en dictadura de Augusto Pinochet se indagara al respecto, ningún dirigente pudo ser acusado de haber robado dineros fiscales; la UP pudo haber cometido muchos errores, pero la mayoría de sus dirigentes era probo. En la actualidad, el Partido Socialista ni siquiera es socialdemócrata e, incluso, algunos de sus dirigentes están formalizados ante la justicia, (el alcalde de la Comuna de San Ramón ganaba las luchas internas gracias al narcotráfico, materia por la cual ha sido formalizado).

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El socialismo, en el período de la Unidad Popular, algunos ciudadanos lo llamaban “federación de fracciones”,  iban desde la derecha, dirigida por Aniceto Rodríguez, hasta la izquierda, de Carlos Altamirano. El hecho de la proliferación de divisiones era muy útil para darse la flexibilidad de las alianzas. Durante el período de la Transición a la Democracia, los socialistas formaron un eje con la Democracia Cristiana, (antes durante la UP, lo hicieron con los comunistas).

Ricardo Lagos terminó convertido en “santo patrono de los empresarios” e, incluso, favoreció a las AFP, proponiendo, entre otras cosas, que las personas cotizantes pudieran elegir entre las letras A a la E: las primeras, sobre la base de Acciones, y la última, a Bonos.  Michelle Bachelet en su último gobierno tuvo la oportunidad de  haber ganado, con mayoría en ambas ramas del Parlamento, formando una combinación política que abarcaba desde los democratacristianos hasta el Partido Comunista, (por primera vez participaba de un gobierno en democracia protegida).

Se esperaba, por ejemplo, el cierre del “hotel” de Punta Peuco, así como que sus ministros del Gabinete fueran capaces de lograr cambios sustantivos en este país tan desigual, y otros proyectos básicos, sin embargo, terminó su segundo mandato sin pena ni gloria, con declaraciones tan ilógicas, como la del senador Ignacio Walker, quien confesó no haber leído el programa de gobierno, (desde Peñailillo y Arenas a Jorge Burgos, uno de los personajes más derechistas de la DC, y a Rodrigo Valdés, una especie de Chicago Boy. Al final, Michelle Bachelet quiso dejar como heredera en el gobierno a Paula Narváez, que cuenta con muy poco apoyo popular y, además, es desconocida.

La Democracia Cristiana se dio  el gusto de adoptar el camino propio, es decir, querer ser un partido de centro, (“ni chicha, ni limonada”), y se ufanaba de poder superar fácilmente a la izquierda y la derecha. Afortunadamente, los derechistas de este Partido se mudaron al “Chile Fue”, donde se encuentran a gusto con sus amigos momios; el resto de dirigentes y militantes tuvieron la suerte de una buena candidata, Yasna Provste, y ya no importaba mayormente el hecho de que fuera provinciana, diaguita y profesora de Educación Física.

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La antigua Nueva Mayoría sólo puede salvarse si se aprovecha bien de las disputas entre el  Partido Comunista y el Frente Amplio.

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

04/08/2021

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Historiador y Cronista

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  1. Renato Alvarado Vidal says:

    La Senadora Provoste, aparte de provinciana, diaguita y profesora es una de las personas que firmó la actual Constitución y la dió por buena; es difícil que esté en sintonía con el 80% que votó por echar ese texto a la basura.
    Una duda: ¿Ricardo Lagos de veras militó alguna vez en el PS?

  2. Felipe Portales says:

    Y Provoste no solo suscribe la actual Constitución; sino que NUNCA ha expresado una mínima autocrítica por ello. Además, cuando fue destituida por sus graves negligencias como ministra de Educación, tuvo la patudez de solicitar a la Corte Interamericana de Derechos Humanos que condenara al Estado de Chile por contener en su Constitución -¡que ella misma suscribía!- la cláusula que le suspende por cinco años de prohibición de acceder a un cargo público a los ministros destituidos por juicio político. Esto debe ser para el Libro de Guinness…

    En todo caso, no estoy de acuerdo en absoluto con el comentario de Renato Alvarado al insinuar (o, al menos, al parecer desafortunadamente haciéndolo) algo negativo, al decir “aparte de provinciana, diaguita y profesora”…

  3. Renato Alvarado Vidal says:

    Estimados amigos, quien puso lo de “provinciana, diaguita y profesora” como rasgos deplorables fue el señor Gumucio; yo los estoy citando para evidenciar que son irrelevantes ante el verdadero “pecado” de la Senadora.

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