Opinión política

¿Qué te sucedió Tronco Torrealba?

Un cuarto de siglo Raúl Torrealba dirigió la Municipalidad de Vitacura. No cualquiera ostenta semejante hazaña. Quien fuera el alcalde de esa comuna pirula, no iba a ser un patipelado, descendiente de inmigrantes de Asia o África. Raúl Torrealba del Pedregal puede sentir orgullo de sus antepasados que llegaron a Chile desde Europa. Ahora que hayan sido vendedores ambulantes, pequeños agricultores o artesanos, honra a cualquiera. Después del golpe militar, dirigido por los empleados de la derecha, mostró entusiasmo por la tiranía. Aunque al pasar los años, dijo sentir vergüenza del gobierno de facto, dirigido por la oligarquía.

Ahora don Raúl, quien nada veía de anormal en esa época de terror y muerte, ha sido tildado de sinvergüenza. Doña Camila Merino, actual alcaldesa que milita en EVOPOLI y es su sucesora en Vitacura, destapó la cloaca y se esparció la fetidez.  El ex alcalde enredó el vil metal entre sus pulcros dedos de quien almuerza todos los días y alrededor de su plato, hay cinco cubiertos a izquierda y derecha. Este affaire que la prensa ha motejado de “Vitagate”, enloda la inmaculada trayectoria política y militancia de don Raúl. No solo él sintió nostalgia por el perfume del dinero. En Renovación Nacional donde milita, empiezan a encender velas a San Pancracio, protector de los pobres y afligidos, para salvar al hermano descarriado. De haberse robado un banco en Talca, nadie habría dicho nada. ¿Cuál motivo impulsó a este gentilhombre a destruir su honorabilidad? Se sobornaba a sí mismo, recibiendo mes a mes de la alcaldía, cinco millones de pesos. Una bicoca propia de ratero si lo comparamos con otros robos, por ejemplo del agua, del litoral o de los fondos de la AFP. La rapiña edilicia duró 25 años, lo cual habla bien de quienes distribuyen socorros al desvalido. Nada de cheques, vales vistas u otros instrumentos bancarios. En billetes crujientes dentro de un sobre rosado y perfumado, pues debía servir de estímulo a quien lo entregaba y a quien lo recibía. Desde luego, era una dama hermosa y joven la encargada de esta operación benéfica, donde nadie asalta a nadie y las risas de agradecimiento, orlan la escena.

Vitacura, quizá la comuna más adinerada del país, posee todo cuanto puede soñar un hidalgo. Si quiere, se compra una vivienda en 700 o más millones de pesos y nadie del vecindario se inmuta. Se trata de una casita popular si se compara con otras del sector. No es necesario salir de la comuna si se desea comprar un automóvil exclusivo en 100 o más millones. Vestir ropas exclusivas, ir al cine y a restoranes de alta gastronomía, donde es necesario reservar mesa con una semana de anticipación. Por pareja, el consumo se empina por sobre los 75 mil pesos y a nadie se le ocurriría pedir descuento. Si alguien es de gustos más refinados, puede vivir noches de amor clandestino, en boîtes privadas, donde el menú incluye la pederastia.

Aunque don Raúl Torrealba sea condenado por robar con la paciencia de Job, puede alegar en su defensa, que el dinero lo destinaba a diezmos del culto. Como los domingos va a misa, ponía un fajo de billetes en el platillo de la limosna. Además, socorría a los pordioseros, que de vez en cuando aparecían por Vitacura. No hay dudas que sus abogados van a conseguir limpiar su imagen y solicitar a la justicia, benevolencia para su cliente. Que a cambio de ir a la cárcel sea amonestado por no explicar, cuál era el destino del dinerillo. “Él tiene aptitudes de beneficencia social”, alegarán los leguleyos. Así, puede concurrir a clases de ética y al cabo de meses, salir titulado de bachiller en moral pública. Cualquiera desearía tener una actividad de esa importancia.

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Por Walter Garib

 

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Escritor

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  1. Quien no ha robado alguna vez, puede ser una manzana, un par de chalas, una gallina, hay un senador que sus hijos cobraban, por asesorías verbales, hay alguien para decirlo más pirulo, y que vive por San Damián, quebró un banco, no crea para sentarse en la plaza, en fin habían a un senador que fue periodista y también candidato a la primera magistratura que gastó muchos millones de pesos en asesorías que realizaban sus familiars, en fin muchos usurpadores de lo ajeno para decirlo más elegante, ha había un general de ejército, al que también pertenecí por un corto periodo, y que compraba y cambiaba autos de unos que tienen unos anillos en su mascarilla, me parecen que se llaman Audi,al parecer germanos. No conocí pero de muy buenas fuentes un “ curita “ si un padre catolico de una iglesia de Concepción que después de la misa y de recolección del dinero para la iglesia que parece era la Merced de ahí de Freire y Castellón que mandaba a comprar cigarrillos para fumar serían Óperas Cabañas o Flags no sé pero también conocí a un hombre que una vez se robó un bistec de vacuno y lo pillaron al parecer no lo pasó…

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