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Así es el sistema de salud inglés: universal, de calidad y financiado por los impuestos generales

Un elemento central en cómo abordar los problemas de salud del país en el Chile post-neoliberal, es decidir cómo financiar y organizar la promoción, el cuidado y la rehabilitación de la salud y el bienestar. En dicho contexto, llama poderosamente la atención la omisión, en dichas discusiones, de toda referencia al Servicio Nacional de Salud (NHS por las siglas en ingles del National Health Service), un servicio de salud en que no se paga al momento de la atención y que se financia por impuestos generales de la nación. La discusión ha estado centrada, con exclusión de otras modalidades de financiamiento, en lo que se ha dado en llamar un ‘Seguro Universal de Salud’. Quien escribe ha trabajado por largo tiempo en el NHS y conoce su funcionamiento.

 

El NHS es lo que algunos consideran en Inglaterra, de manera humorística, lo más cercano a una religión nacional, lo cual quizás explique por qué, en la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Londres el 2012, el director del espectáculo, el afamado director Danny Boyle, dedicó un segmento importante de dicha presentación al NHS. Las bases fundamentales del NHS fueron establecidas por el economista William Beveridge y el minero laborista Aneurin Bevan. Trabajando por construir un estado de bienestar ante la pobreza generalizada en el país tras la Segunda Guerra Mundial, Bevan expresó de manera inequívoca que ‘ninguna sociedad puede legítimamente llamarse civilizada si a una persona enferma se le niega la asistencia médica por falta de medios’.

 

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El Servicio Nacional de Salud Británico es gratuito al momento de la atención, se financia mediante los impuestos generales de la nación, y está diseñado para brindar un servicio integral. El centro del sistema es la atención primaria donde todas las personas están registradas con un médico general local. Los pacientes permanecen registrados en la misma consulta de práctica general durante años y, a menudo, son atendidos por el mismo médico quien también puede conocer a otros miembros de la familia. Los médicos generales tratan a la mayoría de las personas, pero pueden referir de manera expedita a las personas a los servicios de especialidad donde las personas tienen exámenes y reciben los tratamientos que se requieran. En ningún momento la persona enferma debe pagar cuando se le realizan exámenes de sangre, ecotomografías, resonancias magnéticas, o cirugía avanzada, etc. El sistema funciona con altos estándares de gobernanza clínica, los incidentes y errores se investigan, y se busca que las organizaciones tengan memoria. Las y los profesionales se forman y permanecen trabajando en el NHS y participan en la discusión de cómo se organizan los servicios.

 

El NHS se mantiene al centro de la vida de los ingleses, ofreciendo un servicio integral, disponible para todos, en el que el acceso a los servicios se basa en la necesidad clínica y no en la capacidad de pago de una persona, siendo responsable ante el público, las comunidades y las y los pacientes a quienes sirve. ¿Es el NHS perfecto? Por supuesto que no. Sus problemas y potenciales soluciones son parte central del debate político. El estudio del Commonwealth Fund (CWF) situó al Reino Unido como el con mejor cuidado de la salud entre los países más ricos el 2011. Tras una década de políticas de la así llamada ‘austeridad’ que impuso reducciones en su financiamiento, el mismo estudio lo sitúa en el cuarto lugar. En ambos informes, Estados Unidos es el peor en dicho grupo. Los equipos multidisciplinarios tratan a personas de muy altos ingresos al mismo tiempo que atienden, en la cama del lado, a personas desempleadas en situaciones muy precarias. De más esta decir que el estándar clínico y la compasión demostrada en ambos casos son exactamente los mismos. Esta experiencia quizás sirva para ilustrar el alto espíritu ético del NHS, un sistema universal de salud, gratuito al momento de la atención, y financiado por los impuestos generales de la nación.

 

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Dr. Alvaro Barrera

 

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Fellow del Royal College de psiquiatras, PhD en psiquiatría (Universidad de Cambridge), MSc (neurobiología y ciencias de la conducta), Warneford Hospital, Oxford; Honorary Senior Clinical Lecturer (Universidad de Oxford)

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