Debate

Arrecia la embestida contra la Convención

En la hora de las transformaciones fundamentales que se anticipan desde la nueva Carta Magna, la Convención Constitucional que se elabora ve cómo se intensifican los ataques en su contra, de la más diversa índole, todos orquestados y articulados por la oligarquía que pretende que no cambie nada en lo más mínimo salvo insustanciales reformas destinadas a que Chile siga igual.

Hay una distinguida dama pinochetista que en forma pública y notoria descargó un escogido rosario de insultos y groserías contra el órgano constituyente y sus componentes; el gran empresariado que reclama por tanta “falta de moderación” y tanta “revolución”; un marino jubilado que es senador de yapa por Valparaíso que exige “seriedad” en los debates como si ésta no existiera; los agoreros que vaticinan que la reaparición de Rojas Vade invalidará la Convención, etc.

Están también las antiguas y gastadas generaciones de la ex Concertación, principalmente de la Democracia Cristiana que antes gobernaron y fracasaron de la mano con la derecha, alineadas hoy bajo la denominación de “Amarillos por Chile”, siempre sumisas al modelo neoliberal y escandalizadas por los cambios estructurales que se proyectan con visión de futuro desde el proceso constituyente.

Es la misma DC que a partir del gobierno del mas conspicuo de los suyos, Frei Ruiz-Tagle, afianzó en los años 90 el modelo de la dictadura, inició la era de las privatizaciones concertacionistas – incluyendo el agua -, entregó el país a los dueños del dinero y embaucó a la población con una “alegría” que no llegó nunca y se convirtió en frustración.

Entre estos políticos del pasado aparecen como amarillos Soledad Alvear y esposo (Gute Martínez), Mariana Aylwin, Burgos, Krauss, Foxley, De Gregorio, Cortázar, Walker, Goic y otros, de reconocida tendencia antipopular, todos con domicilio en el barrio alto capitalino y absoluto desconocimiento de las demandas de la gente sin recursos.

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Aunque algunas o algunos de ellos abandonaron la colectividad al tiempo de jubilar, mantienen sus raíces falangistas y sus ansias incontenibles de seguir figurando. Por eso están siempre junto al poder del dinero y estorbando a las nuevas generaciones que buscan instalar una Constitución democrática que abra las puertas de la igualdad y la dignidad para todos.

Obviamente no tiene autoridad moral el sector que cuando gobernó permitió la barbaridad de que el dictador llegará al Congreso como “senador vitalicio” junto a una patota de generales y almirantes golpistas como “designados”. Son los mismos que apoyaron las gestiones del entonces presidente Frei para repatriar y salvar a Pinochet de la justicia internacional tras su detención en Londres. La memoria colectiva no lo ha olvidado.

Decididamente este es un grupo de la elite tradicional que defiende sus cuotas de poder, comprometido con el modelo social, económico y político. Su lógica es la de mantener los privilegios de las minorías pudientes, quizás con algún maquillaje o algunas reformas menores que en definitiva no cambian nada.

Los “amarillos” están contentos porque en los últimos días han sumado nombres a los 78 que emitieron la declaración de mediados de febrero. Se desentienden del hecho de que en ese lote no hay nadie en representación de la calle o del pueblo, ni de los trabajadores o el movimiento social del 18-O cuyo estallido de protesta originó el proceso constituyente actualmente en marcha.

Estos políticos de otrora hablan a través del escritor y columnista Cristian Warnken, quien inopinadamente dice que siempre ha sido de “Izquierda”. A la vez expresa su malestar al señalar que nunca ha participado de ningún gobierno y reconoce que tampoco lo llamaron “ni siquiera para una pequeña agregaduría cultural”.

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Lo concreto es que Warnken y los viejos tercios demócrata cristianos se han puesto del mismo lado que la ultraderecha, de Sutil (CPC) y Von Appen (Sofofa), incomodados por los cambios que se proponen desde la Convención y temerosos de comenzar a perder sus fortunas y privilegios. A ellos se han agregado el militante UDI, Tagle, presidente del Servel y Rincón, demócrata cristiana, presidenta del Senado, todo los cuales quieren que siga vigente la Carta Magna pinochetista de 1980.

Solo las movilizaciones populares permitirán respaldar masivamente y concretar en la nueva Constitución las profundas transformaciones destinadas a cambiar radicalmente las condiciones de vida de Chile y los chilenos: lo relevante es que la riqueza y el poder comiencen a ser redistribuidos.

 

Hugo Alcayaga Brisso

Valparaíso

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