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Cambio de mando y de era: hacia el reencuentro de la política con los ciudadanos

“Mucho más temprano que tarde abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor”, (Salvador Allende (1973).

“…En el principio era el Verbo…” Las palabras construyen realidad en política: el Presidente, Gabriel  Boric, en su primer discurso después de la ceremonia de transmisión de mando, desde el balcón del Palacio de La Moneda, demostró igual capacidad, brillantez e inteligencia  que los grandes oradores en la historia política nacional y terminó su discurso recordando “las grandes alamedas por donde pasaría el hombre libre…”, que el Presidente Salvador Allende, en su última alocución pronunciara por la Radio Magallanes a pocas horas que la canalla militar bombardeara La Moneda.

El pueblo es el actor principal de la democracia: tanto en el día del triunfo de Allende en la elección presidencial, como ayer, 11 de marzo, día en que Gabriel Boric se dirigió a las grandes masas que se reunieron en la Plaza de la Constitución, se produjo la magia de una ciudadanía que identificaba sus esperanzas y sueños con un líder popular que anunciaba un nuevo Chile en que el pueblo sería el protagonista principal. El 4 de septiembre de 1970 Salvador Allende, desde los balcones de la Federación de Estudiantes de Chile, (FECH), instó a las masas congregadas que regresaran a sus casas, besaran a sus familiares y, además, anunció que el camino a seguir no sería fácil. Ayer, en su discurso, el Presidente Boric llamó a que la ciudadanía se convirtiera en protagonista de una ardua labor, y no disimuló que los grandes logros exigían tiempo, paciencia y dedicación.

El 11 de marzo, la figura de Allende paseó por la Plaza de la Constitución encarnando, esta vez, en el verbo del más joven de los Presidentes de Chile, los sueños despiertos de hombres y mujeres, niños y ancianos, que anhelan un Chile más justo e inclusivo.

La transmisión del mando, esta vez, estuvo cargada de simbología: desde el comienzo el Presidente Boric fue marcando las características de los nuevos tiempos que se avecinan. Su primera reunión, en el palacio de los Presidentes, en Cerro Castillo, en Viña del Mar, tuvo lugar con dirigentes poblacionales de Viña, con quienes compartió el desayuno; a continuación, tuvo lugar la foto oficial con los gobernadores Regionales. Una vez en Santiago, ya investido como Presidente de la República, se detuvo a saludar a la gente que lo esperaba durante su recorrido y luego en las afueras del Palacio de La Moneda. Tuvo un momento especial de homenaje y reflexión frente a la estatua de Salvador Allende. (En cada uno de estos actos el Presidente Boric fue marcando los hechos centrales de la tarea a desarrollar: en primer lugar, los pobladores y, luego, las regiones, y a continuación su identificación con el líder heroico, Salvador Allende, cuyos gestos estuvieron presentes en este día de la transmisión de mando).

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Este nuevo Chile que representa el gobierno del nuevo Presidente no es solamente un cambio de era, sino un verdadero terremoto en las placas tectónicas de la política y la democracia: los viejos políticos “macucos” y mezquinos, cortoplacistas, egoístas y miserables están siendo enviados a sus casas a una vejez tranquila, pero en el basurero de la historia.

Mucho de lo valioso de nuestro pasado histórico resucita: la generación de Boric, Jackson, Vallejo… que surgen y se forman en la lucha estudiantil en las calles, reviven en la vieja tradición política, asesinada por el Chile de la dictadura y, luego, su indiferencia en la Concertación y en la Alianza por Chile. En la época republicana los grandes oradores y líderes eran producto de la formación en las universidades, y los partidos políticos se disputaban por atraer a los jóvenes, desde la Falange (“Juventud chilena, adelante”), y su sucesora, la Democracia Cristiana, logró dominar a casi todas las Federaciones de Estudiantes del país. Si nos remontamos a épocas más anteriores, la FECH nació a raíz de un homenaje a los estudiantes que habían trabajado como voluntarios en el terremoto de Valparaíso, (1906), cuando los jóvenes rechazaron los homenajes de parte de la oligarquía, pues sabían que sólo era hipocresía, oportunismo y fariseísmo. Hacia los años 30 del siglo XX, la muerte del estudiante, Pinto Riesco, sumado a la toma de las Universidades de Chile y Católica, hechos liderados por Julio Barrenechea y Bernardo Leighton, precipitaron la caída del dictador Carlos Ibáñez del Campo.

El actual Presidente no sólo es oriundo de la revolucionaria Región de Magallanes, sino que también es un convencido regionalista, que favorece la identidad de las regiones frente a un Chile hegemonizado por la aristocracia santiaguina. Las Regiones, a pesar de tantas promesas de descentralización política y administrativa, siguen siendo condenadas, en la mayoría de los casos, a ser zonas de sacrificio, condenando a sus habitantes a vivir en condiciones ecológicas lamentables, (contaminación).

El nuevo Presidente fue muy claro al rechazar el abandono en que están las Regiones por parte de los gobiernos en extremo centralistas.

No es ninguna casualidad que el Presidente Boric hable de los “pueblos”, es decir, un país plurinacional, pluriétnico y multicultural.

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La gran tarea del nuevo gobierno consiste en el reencuentro de la política con los ciudadanos, poniendo fin al radical quiebre entre representados y representantes.

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

12/03/2022

 

 

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  1. cucho zorricueta says:

    ! En el basurero de la historia ! Excelente la metáfora , resume el sentir de la mayoría de la gente contra éstos infelices que gobernaron a favor de los grandes empresarios , permitiendo y ejerciendo la corrupción como elemento central de sus gobiernos. ! Muy bien director !

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