Guerra ruso ucraniana

Guerra de Ucrania en el país sin maravillas

Entre sanciones, discriminación en la ayuda humanitaria, especulación en combustible y alimentos, los impactos humanos son siempre más graves, especialmente en los países en desarrollo. Yemen, Sahara Occidental, Siria, Afganistán, son los que están pagando el precio más alto. Pero el mundo parece obstinado en haber encontrado LA solución: armando a Ucrania y salvando a los ucranianos.

Desde las 4 a. m. del 24 de febrero de 2022, cuando comenzó el ataque armado de la Federación de Rusia contra Ucrania, hasta las 24:00 de la medianoche del 27 de marzo de 2022 (hora local), la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH) registró 2.975 bajas civiles en el país: 1.151 muertos y 1.824 heridos.

Los ucranianos son un pequeño porcentaje de todos los desplazados en el mundo: más de 82,4 millones de personas en todo el mundo se han visto obligadas a huir de sus hogares. Entre ellas hay 26,4 millones de personas son refugiadas y más de la mitad menores de 18 años. Y eso no es todo: hay millones de personas apátridas a quienes se les ha negado una nacionalidad y acceso a derechos básicos como educación, salud, empleo y libertad de movimiento.

Al considerar solo las situaciones de desplazamiento internacional bajo el mandato de Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), Siria encabezó la lista con 6,8 millones de personas, seguida de Venezuela con 4,9 millones. Afganistán y Sudán del Sur vienen después, con 2,8 y 2,2 millones respectivamente.

La guerra en Ucrania visibilizado diferentes “clases” de refugiados. Mientras se le abren las puertas a los prófugos blancos, se les siguen cerrando a todos los demás.

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“La guerra en Ucrania es un horror que se desarrolla ante nuestros ojos. Pero la guerra también es un asalto a algunas de las personas y países más vulnerables de nuestro mundo. Muchos países en desarrollo ya estaban luchando por recuperarse del impacto económico de la pandemia de COVID-19: inflación récord; aumento de las tasas de interés; cargas de deuda inmanejables. Ahora, se enfrentan a facturas vertiginosas de alimentos, energía y fertilizantes”, declara António Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas, durante la apertura del Comité Directivo del Grupo de Respuesta a la Crisis Global sobre Alimentos, Energía y Finanzas.

 

Discriminación en suministrar la ayuda humanitaria

“Al mismo tiempo, algunos países desarrollados están señalando un compromiso reducido con la ayuda humanitaria y de desarrollo. Necesitamos unir a los países desarrollados y en desarrollo para encontrar soluciones globales. Porque esta es una crisis mundial” siguió António Guterres.

Y eso es cierto: pasa en Yemen, y también en los campamentos refugiados saharauis en Tindouf, en el sur de Argelia. Mientras los ucranianos reciben pan recién horneado a través de panaderías contratadas por el Programa Mundial de Alimentación (PMA), movilizando más de 478 toneladas de trigo, los yemenitas y los saharauis no tienen nada más que la arena del desierto en los cuales se encuentran. Desafortunadamente, la arena no es comestible.

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Además, las cosas no están lejos de cambiar: mientras Yemen perdió 900 millones de financiamiento por su ayuda humanitaria, está confirmado que los campamentos de refugiados saharauis no recibirán ninguna ayuda del PMA por este mes, tal vez tampoco el próximo.

La falta de disponibilidad o el alto costo de semillas y fertilizantes causado por la guerra y sus sanciones afecta la inseguridad alimentaria en todo el mundo, exacerbando la crisis alimentaria que ya ha llevado a que alrededor de 800 millones de personas sean reconocidas en situación de inseguridad alimentaria, especialmente en los países en desarrollo de África y América Latina.

Las sanciones unilaterales que tienen como objetivo los sistemas fiscales, incluidas las remesas y otras transacciones financieras internacionales y que están relacionadas con las necesidades básicas de una población, van en contra de los principios fundamentales de los derechos humanos.

Un embargo de combustible hace más que aplicar presión sobre una economía. Puede impedir que un país genere suficiente energía eléctrica, lo que puede afectar su capacidad para operar las bombas necesarias para suministrar agua potable a su población y a servicios cruciales como hospitales y escuelas.

Los bancos y las empresas no deben impedir ni ser impedidos del comercio y la entrega de alimentos, agua, equipos médicos, medicamentos y vacunas vitales, repuestos, equipos o reactivos necesarios para el mantenimiento de la infraestructura crítica.

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“Ningún país podrá aislarse de un colapso del sistema económico global; del efecto dominó del acaparamiento de alimentos o combustible; o del impacto a largo plazo del aumento de la pobreza y el hambre”, advirtió el Secretario General de las Naciones Unidas. “Necesitamos ser claros. Hay suficiente comida, hay suficiente energía, hay suficiente financiación para que todos los países sobrevivan a las crisis interrelacionadas creadas por esta guerra. Pero las profundas desigualdades, junto con los problemas de distribución y logística, significan que las cadenas de suministro se han interrumpido. Resolver estas crisis exige una acción coordinada en todos los ámbitos”.

Eso es cierto.

Hay capacidad de darle a cada habitante un celular smartphone pero más de un tercio no los tiene; hay capacidad de construir viviendas decentes para todos los habitantes pero cada vez más aumentan los sin casas; hay posibilidad de incorporar a un sistema de salud a todo el mundo siendo en muchos países un lujo su alcance; hay capacidad para dar educación y en general satisfacer todas las necesidades incluso culturales, artísticas, recreación y entretenimiento. Pero el sistema capitalista lo impide porque de otra forma muere como sistema. Las necesidades de la población es fuente de riquezas para el lucro de una minoría.

Y, dentro de este juego, ahora estamos jugando, y cada País intenta sacar su provecho, o salvarse de un ahogo posible. ¿Y cuál solución encontrará nuestro mundo globalizado, nuestro País sin maravillas?

 

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El mandato del Grupo de Respuesta a Crisis Globales: ¿Un nuevo Plan Marshall?

“Necesitamos deshacernos de los cuellos de botella, evitar el acaparamiento y la especulación, reformar los marcos financieros, para permitir que aquellos que necesitan dinero para comprar cosas que son esenciales para sus países tengan acceso a esos fondos, revisando las reglas y los criterios de elegibilidad cuando sea necesario. Todo país que necesite apoyo debe poder acceder a él. Este es el mandato del Grupo de Respuesta a Crisis Globales, que yo convocaré”, declara Antonio Guterres.

“Los miembros incluirán Jefes de Estado y de Gobierno que se han ofrecido como voluntarios para defender y defender estos temas con las partes interesadas críticas. Espero que ustedes, los miembros de este Comité Directivo, movilicen soluciones y propongan estrategias y recomendaciones para ayudar a todos los países, incluidos los más vulnerables, a superar estas crisis interrelacionadas”, sigue el Secretario General.

Así António Guterres describe las cuatro áreas inmediatas para el enfoque de este Comité Directivo:

  • Primero, la coordinación. Estas crisis están profundamente conectadas. El riesgo es que los enfoques fragmentarios resuelvan un problema pero empeoren otro. Es por eso que necesitamos recomendaciones creadas conjuntamente, que alineen a las partes interesadas en torno a las soluciones. La coherencia debe estar en el centro de nuestro trabajo, por lo que debemos ser totalmente transparentes y compartir información. Sé que nuestro equipo técnico ya ha configurado algunas herramientas digitales. Estarán allí para nuestro uso común.
  • En segundo lugar, estas crisis necesitan una acción urgente. Sus soluciones propuestas deben estar listas para implementarse. Por ejemplo, necesitamos propuestas inmediatas para superar las nuevas restricciones en el espacio aéreo ruso y el transporte por carretera para evitar más crisis en la cadena de suministro.
  • Tercero, datos y análisis. Los insto a aprovechar al máximo la capacidad de datos tanto dentro como fuera de las Naciones Unidas, desde los equipos de país de las Naciones Unidas hasta los laboratorios de datos en departamentos y agencias, UN Global Pulse y, por supuesto, el papel fundamental de las instituciones financieras internacionales. En esta situación en rápida evolución, sus propuestas deben basarse en evidencia y estar informadas por datos y análisis actualizados.
  • Cuarto, asociación. El Grupo de Respuesta a Crisis Globales y el Comité Directivo deberían poder hacer que todos los actores se unan para encontrar soluciones, desde los Estados miembros y el sistema de las Naciones Unidas hasta las instituciones financieras internacionales, las organizaciones regionales, las agrupaciones de países, los gobiernos locales, el sector privado, la sociedad civil y el mundo académico. y socios de comunicaciones.

El Grupo de Respuesta a Crisis Globales aparece en el mientras que Alemania propone un nuevo “Plan Marshall” para apoyar a Ucrania.

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El Plan Marshall fue un programa impulsado por Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial para ayudar a los países europeos a recuperarse de la destrucción provocada por el conflicto. Sin embrago, su creador, declarado anti comunista, veía en el Plan Marshall una manera de poner bajo su propio control a Europa y alejarla de esa forma del “peligro comunista”.

“No me hago ilusiones sobre la escala de la tarea que tenemos por delante. Pero me alienta lo que he visto hasta ahora, tanto dentro de la familia de las Naciones Unidas, de las instituciones financieras internacionales y de los Estados Miembros. Existe un gran interés en el Grupo de Respuesta a Crisis Globales por parte de los gobiernos de todo el mundo”, sigue Antonio Guterres. “Necesitamos sacar el máximo provecho de esto hablando con una sola voz, con una defensa clara en nombre de los más vulnerables. Tengo plena confianza en que este Comité Directivo brindará la dirección y el enfoque necesarios para nuestras decisiones”.

Parece difícil tener objetivamente la misma confianza que tiene Antonio Guterres frente a Países que se quedan en el Consejo de Derechos humanos solamente cuando les interesa, y dejan las salas vacías por la mayoría del tiempo. ¿Serían capaces de hacer algo por la humanidad, o solamente para ellos mismos?

 

Por Elena Rusca

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Ginebra

 

 

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Corresponsal

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  1. Gino Vallega says:

    Los grandes consorcios cívico-militares productores de armamentos, no tienen interés alguno en remediar la crisis mundial.
    La ONU bien alimentada pregona en el desierto y desde sus mullidos salones.

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