Cultura Nacional

El misterio de las grabaciones de la Huambaly

El lunes 16 de mayo murió en su hogar a los 95 años, Rubén Nouzeilles, artífice de múltiples grabaciones de la música chilena que quedarán en la eternidad. A modo de homenaje a su memoria desclasifico un escrito parte de un libro sin publicar para honrar su legado y memoria.

 

 

Hay un personaje clave en la memoria de la música popular chilena por su trabajo en el sello Odeón desde mediados de 1954, su nombre es Rubén Nouzeilles.

Hijo de inmigrantes franceses que se instalaron en la Patagonia argentina, en Chubut y que desde muy pequeño supo que con trabajo y sacrificio se podían lograr las metas en la vida.

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Es responsable de las grabaciones de Violeta Parra, Los poemas de Pablo Neruda, con acompañamiento musical de Vicente Bianchi, Lucho Gatica, Sonia y Miriam, Raúl Show Moreno, Víctor Jara y el Conjunto Cuncumén, Cecilia y las orquestas Ritmo y Juventud y Huambaly.

Llegó a Odeón por un aviso en “El Mercurio” que decía: “Empresa internacional necesita auxiliar de oficina, ojalá con conocimientos de música”, como cita el periodista Óscar Contardo, del mismo medio el 9 de septiembre de 2007.

Acceder a Rubén para tener su testimonio de primera fuente de su legado, es una tarea compleja.

Rubén Nouzeilles rompió con su pasado y no quiere dar entrevistas en el siglo XXI.

Al ser ubicado al teléfono, con una voz pausada y con mucha cortesía consulta cómo se obtuvo esa información. A lo que respondemos por intermedio del maestro Vicente Bianchi.

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Su decisión está tomada y sostiene: “No estoy en condiciones de recordar, Apreciando lo pasado hice todo lo pasado. Recorrí muchos países, trabajé desde niño. La vida es muy compleja he decidido vivir alejado de la vida pública”

Respetando su silencio mediático, la pregunta por su trabajo en el sello Odeón se coló, a la espera que colgara el teléfono: “ya le dije que no quiero hablar del pasado. Pero bueno le agradezco a Emi el haberme dado plenos poderes para trabajar y aplicar audiciones convenientes, algo que me gustaba hacer. Valoro que me dejaran trabajar sin ningún problema. Eso sí nunca pedí aumento de sueldo”

El fundamento de su retiro del medio artístico y de los medios de comunicación se debe a una decisión personal. Sus palabras son profundas y parecen más de un monje Zen que de un ex Director Artístico de un importante sello discográfico: “Cuido mucho mi vida privada ahora me dedico a reflexionar aprovecho mi amplia biblioteca. Ahora leo a los filósofos griegos en su propia lengua, no acepto interpretaciones de otros. Escucho música clásica”

Señala que en su vida nunca se “alimentó del Ego”. Que su amor por la música también se amplía a la música latinoamericana y que su distanciamiento también se debe a “las músicas de usos modernos cuya única función es meter ruido como el rock”

Estas reflexiones de ruptura con el pasado de Rubén Nouzeilles hablan de la falta de valoración de nuestra memoria musical en Chile.

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Pero dado que no se puede interrumpir una decisión de alejamiento de este personaje clave dentro de la música popular hay que apelar a lo que dijo y se dijo de él en la prensa de la época.

Cabe mencionar que en los años 50 existían dos grandes casas grabadoras como se les llamaba a los sellos discográficos. Estos eran RCA Víctor y Odeón, en cuya dirección artística estaba Rodrigo Martínez, más conocido como Don Roy.

El destacado periodista y comentarista musical Camilo Fernández comenzaba su crónica: “Alguien se acerca a un moderno equipo de sonido. Coloca algunos discos, La música surge y llena el lugar. Con ella, llegan momentos inolvidables, alegrías inefables, tristezas, nostalgia. . .”

Poco a poco el cronista va acercando su mirada a Nouzeilles, el entonces, joven director artístico de Odeón chilena. El punto de atención se fija en la responsabilidad que tenía en la programación de los discos que salían periódicamente a la venta. Para Fernández se centra en las cualidades de Rubén Nouzeilles que se sintetizaban en su gran sensibilidad artística, combinada con una intuición capaz de elegir la grabación que en un momento determinado el público desea.

Rubén Nouzeilles lo recibió a Camilo Fernández en su oficina, donde se distingue una mesa de trabajo noticias, estadísticas, catálogos, cartas, de distintos rincones del mundo. En esta mesa donde fluye información clave sobre lo que más gusta en Alemania, Estados Unidos o el furor que logra Villalobos en Brasil y también de los descubrimientos folclóricos de Chile.

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En este tiempo se da que Chile exportaba talento al exterior desde Odeón. Y el criterio manifestado por Nouzeilles en aquella pretérita conversación con el periodista de Ecrán lo explicó “Previamente hay que seleccionar un buen número. Luego pensar en el intérprete cuyo estilo se adapte al tema elegido. Más tarde, durante la grabación, hay que estar atento a la realización, a cada nota y al todo que ellos forman. Abierto a las sugerencias de los artistas, del ingeniero de grabación. A veces sucede que el arreglo no destaca la composición y limita al cantante. Es deber del director artístico señalar la falla y solicitar una nueva orquestación. Muchas veces basta cambiar el “tempo” o silenciar un instrumento o alterar la ubicación del solista. Son innumerables los problemas que se van presentando y que deben ser solucionados en pos de la grabación perfecta”

Para Nouzeilles su misión dependía en gran medida a la elección del elenco artístico del sello, en este punto se barajaba el éxito o fracaso de Odeón.

El deber del director artístico según Nouzeilles era estar atento a cada nueva figura que surgía en el medio. Luego escucharla atentamente, presentir el talento del artista o agrupación y sus posibilidades de acuerdo al gusto del público.

Pero en la crónica citada se establece un gran dilema que se enfrentaba Nouzeilles que se basaba en que no siempre el público busca lo artístico. Así argumentaba este punto: “A menudo busca lo “distinto”, sin detenerse a analizar críticamente. Es lo comercial que se opone a lo artístico. Y entre estas dos posiciones, debe trazar su línea extrema la dirección. No siempre lo artístico se vende, y las ventas dicen fríamente del éxito o del derrumbe de una empresa, pero por sobre esto, surge el espíritu artístico, el deseo de educar al público medio, el afán de mejorar su nivel cultural”

Rubén Nouzeilles en entrevista con Óscar Contardo de El Mercurio el año 2007, en la que no aceptó fotografías suyas en el artículo. Recordó el momento en que un amigo uruguayo le presentó a Violeta Parra mientras era director de Odeón a lo que Nouzeilles y que su decisión de grabarla había tenido consecuencias: “En esa época en Santiago la gente que tenía poder dedicaba el 50 por ciento de sus esfuerzos a que nadie más lograra tener poder. Todo lo que era considerado propio de rotos era intocable en el sentido hindú de la expresión. Incluso se burlaron de mí por la radio, dijeron algo así como “el argentino loco y la campesina mal vestida”.

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Todo esto se dio en una ambiente que estaba marcado por el éxito que comenzó a tener Lucho Gatica y por el inicio de las grabaciones en cinta magnética y la aparición del disco de 45 Rpm y del Long Play. Existió una explosión de música chilena en la cual Nouzeilles le dio el valor agregado del contenido artístico y efecto en el público que consumía música chilena.

El criterio de Nouzeilles permitió plasmar para la eternidad del sonido de Violeta Parra hasta la Huambaly y esto no estuvo ajeno a los obstáculos como se grafica en nota de Contardo: “Yo le tenía grabados tres Long Plays a Violeta Parra cuando empezó a vender. Y quienes compraron sus discos al principio fueron los turistas, porque resulta que la cueca y la música del campo era música de rotos. Siempre trabajé como si no existiera nadie más. Pero lo hice en todos los campos: para respuestas inmediatas grabábamos música bailable y paralelamente buscábamos artistas que tuvieran un sello inimitable: Lucho Barrios, Lucho Gatica, Leo Marini, Cecilia. ¿Quién puede discutir que Cecilia fue única e inimitable?”

Para poder situarse en una esfera más cercana consultamos al productor Víctor Cabrera quién trabajó con Nouzeilles sobre el peso que tienen para nuestra historia sus grabaciones.

Nouzeilles le comentó a su amigo Víctor Cabrera sobre su trabajo de grabación “todas las obras que se registraron están ahí, nunca pensadas en el momento y para el momento sino que para siempre”

Esta autoevaluación de su legado se complementa con lo que le dijo a Óscar Contardo en “El Mercurio”: “Tal vez el punto en donde dejé una marca registrada fue que me las ingenié para levantar el nivel del trabajo de grabar la música popular. De un nivel de mero instrumento de diversión barata y ordinaria a su verdadera cualidad de ser el disco recolector, conservador, y difusor del talento humano. No sé si debería decirlo pero durante los 21 años que fui director artístico nunca pasé un presupuesto, y ojo que grabábamos con grandes orquestas. Llegué a tener más de 100 artistas bajo contrato activo, contraté a directores de orquesta en exclusividad: Vicente Bianchi, Valentin Trujillo, Luis Barragán, Pedro Mesías”.

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El enigma de la ruptura con el pasado de Rubén Nouzeilles se podría deducir como una reacción al cambio experimentado por el medio artístico basado en la competencia, lucimiento de egos y la falta de valorización del trabajo realizado en el ámbito de las grabaciones artísticas como lo hizo este argentino en Odeón

Pero está especulación queda descartada al recurrir a los recuerdos de Víctor Cabrera quien comenta: “el ha sido siempre reacio a los reconocimientos, es como parte de su ser”.

 

Por Pablo Dintrans Holmes

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  1. Hugo Murialdo says:

    Estimado Pablo: te comento que Rubén vivió con nosotros (mis padres, mi hermano mayor yo y mi hermana menor) en la década del ’50. Mis padres le arrendaban una pieza en el amplio departamento en que vivíamos en la calle Erasmo Escala. Mi hermano mayor nos envió un correo con la noticia de su fallecimiento hace un par de días. Él lo recordaba mejor que yo (a la sazón debo haber tenido no más de 5 o 6 años). Era un tipo muy simpático y jovial. Esta nota se las reenviaré a mis dos hermanos. Un abrazo.

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