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Un millón quinientos mil franceses marchan contra reforma de las pensiones

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Francia vive uno de los cruciales momentos políticos de su historia: la inflación y, por consiguiente,  el alto costo de la vida, han terminado por aniquilar el poder de compra por parte de las clases medias y la de los trabajadores, y qué decir de los sectores más vulnerables. Antes de la pandemia, ocasionada por el Sars-CoV-2, los sueldos y salarios alcanzaban, apenas, para satisfacer las necesidades mínimas  de los primeros 20 días del mes, hoy la realidad permite subsistir durante los primeros quince días de cada mes.

La pobreza no se limita sólo a París y a las grandes ciudades del país, sino que también se ha extendido a los pequeños villorrios rurales, agravado por los inviernos crudos y la dificultad para mantener la calefacción, producto de la guerra Rusia-Ucrania, y los veranos secos, que atentan contra la economía alimentaria.

El Presidente de la República, Emmanuel Macron, ganó en la segunda vuelta y para su segundo mandato, quizás no por sus méritos, sino por el voto negativo en contra de la ultraderecha fascista, representada por Marine Le Pen. En la elección parlamentaria el macronismo fue reducido a una minoría, que obliga al gobierno a pactar los distintos proyectos de ley, esta vez, con la derecha y el Partido Republicano, especialmente.

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Las Centrales Sindicales han tenido mucho poder a través de la historia en ese país, sin embargo, la división entre las más poderosas, la Confederación General de Trabajadores, (CGT), la Confederación Francesa Democrática del Trabajo, (CFDT), la Federación Obrera, (FO), ha hecho muy difícil lograr la congregación de los trabajadores a marchas consistentes y multitudinarias, (como antaño, por ejemplo, en las huelgas lideradas por el Frente Popular, 1936, la de Mayo de 1968…).

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La jubilación a los 60 años de edad fue uno de las conquistas más importantes del movimiento sindical francés, durante el gobierno de Francois Mitterrand. La huelga general de 1995, de larga duración, logró detener el proyecto del gobierno derechista de Jacques Chirac, el cual prolongaba la edad de acceso a la jubilación, y fue uno de los últimos éxitos del movimiento sindical, a fin de detener el atentado de los gobiernos de derecha en contra  de la calidad de vida de los trabajadores.

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El Presidente de Francia, Emmanuel Macron, que antes había rechazado el proyecto  de aumento en la edad de jubilación, (de 60 a 62 años de edad, pues lo consideraba farisaico aduciendo que,  difícilmente, los trabajadores llegarían a los 62), hoy, en un viraje de 360º, propone aumentar la edad de jubilación a los 65 años de edad, pretextando el quiebre del sistema de Seguridad Social, para los años 2030, justificado por el envejecimiento demográfico de la población francesa, lo cual es falso, pues según los resultados de estudios sociológicos recientes, por parte de los especialistas franceses, concuerdan en que el Sistema de Seguridad Social, si bien es deficitario, podría ser salvado con medidas económicas que aumenten la carga impositiva a los magnates, dueños de grandes capitales especulativos. Según los Sindicatos, se trata de salvar la crisis económica que vive actualmente el país, bajo los hombros de los trabajadores y de los más pobres de la sociedad francesa. Según las encuestas, el 70% de la población rechaza el proyecto de reforma al Sistema Previsional de Macron.

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Por primera vez en muchos años las 36 Centrales Obreras llamaron a un paro general que incluía el transporte y la electricidad, amenazando con mantener sin movilización y a oscuras las principales ciudades francesas, (en invierno sería insoportable).

Bajo el liderazgo de la CGT,  y su presidente, Philippe Martínez, se convocó a una marcha en todas las ciudades de Francia, la cual logró aglutinar a un millón quinientos mil trabadores, hecho que tuvo lugar el 14 del mes en curso, sumándose en París 400 mil personas, y más de 100.000 en muchas de las capitales de departamentos, incluso, en pequeñas ciudades, como Verdun, que superó los 10.000 trabajadores.

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El conjunto de los Sindicatos ha llamado a una huelga general que arriesga con prolongarse por semanas e, incluso, por meses, superando de lejos la gran huelga de 1995, durante el gobierno del Presidente Jacques Chirac.

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Después de las repetidas marchas de los Chalecos Amarillos, esta huelga obrera pondría en peligro la subsistencia del gobierno, minoritario en la Asamblea Nacional, sobre todo, para  ejecutar su plan en contra de los derechos sociales  de la sociedad francesa.

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Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

22/01/2023

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Historiador y cronista

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