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El fracaso del neoliberalismo: ¿Puede Chile renacer de las cenizas con una reindustrialización?

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La implementación de la economía neoliberal en Chile, iniciada durante la dictadura militar de Augusto Pinochet y continuada por los gobiernos de la Concertación, marcó un punto de inflexión en la historia económica del país. Este modelo, inspirado en las teorías de Milton Friedman y los Chicago Boys, tuvo como pilares la liberalización del mercado, la privatización de empresas estatales y la reducción del rol del Estado en la economía. Si bien se argumenta que estas políticas lograron estabilizar la economía chilena y la posicionaron como una de las más dinámicas de América Latina, también es innegable que llevaron a un proceso de desnacionalización industrial con profundas repercusiones en la estructura productiva y social del país.

Bajo la dictadura civil-militar, se promulgó el Decreto Ley 600 en 1974, que consagró el principio de no discriminación respecto a los capitales extranjeros, los cuales debían y aún deben ser tratados como capitales nacionales. En democracia, esto se tradujo en una serie de tratados de libre comercio que otorgan grandes facilidades a la inversión extranjera, garantizando la no exigencia de condiciones mínimas como, por ejemplo, localizarse en una determinada región o usar insumos nacionales. Además, se establece muchas veces que no se puede nacionalizar ni expropiar directa o indirectamente a un inversionista extranjero ni adoptar medidas equivalentes. Todo ello gracias a la dictadura militar y a los gobiernos de la Concertación.

La desnacionalización industrial en Chile se caracterizó por la venta y privatización de importantes empresas estatales que habían sido el motor del desarrollo industrial del país. Empresas del sector minero, energético y manufacturero pasaron a manos privadas, muchas veces extranjeras, lo que redujo la capacidad del Estado para influir en la economía y generó una dependencia creciente de las inversiones externas. Este proceso fue acompañado por una liberalización comercial que desprotegió a la industria nacional frente a la competencia internacional, resultando en el cierre de muchas empresas locales y la pérdida de miles de empleos.

El sector manufacturero, que en décadas anteriores había sido clave para el crecimiento económico y la diversificación productiva, fue uno de los más afectados. La falta de políticas industriales y de apoyo a la innovación y el desarrollo tecnológico dejó al sector rezagado, incapaz de competir con los productos importados. Esto tuvo un impacto devastador en la estructura laboral del país, aumentando la informalidad y la precariedad del empleo.




En el contexto de la crisis económica global de 2024, marcada por la disrupción de las cadenas de suministro, la inflación y el estancamiento económico, se hace evidente la necesidad de replantear el modelo económico chileno. La dependencia de las exportaciones de materias primas y la falta de una base industrial sólida han dejado al país vulnerable a los vaivenes del mercado internacional. Súmese a eso la gran cantidad de productos chinos que se importan y están presentes en los diversos malls chinos, los cuales en la práctica han destruido la industria nacional. En este escenario, retomar la reindustrialización de Chile no es solo una opción, sino una necesidad urgente para garantizar un desarrollo sostenible y equitativo.

La reindustrialización del país debe basarse en una estrategia integral que promueva la diversificación productiva, la innovación tecnológica y el desarrollo sostenible. Esto implica fortalecer la educación y la capacitación laboral, fomentar la investigación y el desarrollo (I+D), y crear un entorno favorable para las pequeñas y medianas empresas (PYMEs). El Estado debe jugar un rol activo en la promoción de políticas industriales que incentiven la inversión en sectores estratégicos y en tecnologías limpias, generando empleo de calidad y reduciendo la dependencia de las exportaciones de materias primas.

Es axial también revisar los tratados de libre comercio y los acuerdos internacionales, buscando un equilibrio que proteja la industria nacional sin caer en el proteccionismo extremo. La creación de alianzas regionales puede ser una vía para fortalecer la posición de Chile en el mercado global y promover un desarrollo industrial conjunto con otros países latinoamericanos.

La experiencia de otros países que han logrado reindustrializarse exitosamente puede servir de guía. Alemania, por ejemplo, ha combinado la innovación tecnológica con políticas de formación profesional y apoyo a las PYMEs, logrando mantener una fuerte base industrial a pesar de los desafíos de la globalización. En Asia, países como Corea del Sur han demostrado que es posible transformar una economía agraria en una potencia industrial mediante la inversión en educación, I+D y la implementación de políticas industriales coherentes.

La reindustrialización de Chile debe también considerar la sostenibilidad ambiental. En un mundo cada vez más afectado por el cambio climático, es fundamental que el nuevo modelo industrial sea respetuoso con el medio ambiente. Esto implica fomentar el uso de energías renovables, la eficiencia energética y la economía circular, minimizando el impacto ambiental de la actividad industrial.

En conclusión, la crisis económica de 2024 debe ser vista como una oportunidad para repensar el modelo económico chileno y avanzar hacia una reindustrialización que garantice un desarrollo sostenible y equitativo. La implementación de la economía neoliberal en el pasado llevó a una desnacionalización industrial que debilitó la estructura productiva del país y aumentó la dependencia externa. Hoy, es imperativo que Chile retome el control de su destino económico, fortaleciendo su base industrial, promoviendo la innovación y asegurando un futuro próspero y justo para todos sus ciudadanos.

 

Fabián Bustamante Olguín. Académico del Instituto de Ciencias Religiosas y Filosofía, Universidad Católica del Norte, Coquimbo.

 

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Fabián Bustamante Olguín

Doctor en Sociología, Universidad Alberto Hurtado Magíster en Historia, Universidad de Santiago Académico del Instituto Ciencias Religiosas y Filosofía Universidad Católica del Norte, Sede Coquimbo

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  1. Felipe Portales says:

    Especialmente a Lagos definido por el empresario y economista César Barros como «el mejor presidente de derecha de todos los tiempos» («La Tercera»; 11-3-2006); o el presidente de los empresarios, Hernán Somerville, como aquel a «quienes todos los empresarios amamos» («La Segunda»; 14-10-2005); o el dirigente de la UDI Herman Chadwick, como quien «nos devolvió el orgullo de ser chilenos» («El Mercurio»; 21-3-2006).

  2. lo ramon roman says:

    ¿ El Neoliberalismo fracasó en Chile? Don Serafin nos dice que le preguntemos a boric, bachelet, lagos y frei si este sistema es un fracaso, pero, don Serafin, por qué preguntarle a esas figuras que profundizaron este sistema con sus gobiernos, solamente hay que ver los hechos y no preguntale a nadie, solamente veamos las elecciones y referendos en que los chilenos han, definitivamente, escogido este sistema como lo mejor que han tenido. Una reformita aquí y otra allá y sigamos con la cueca miéchica. En cuanto al autor del artíticulo, puchas, yo pensé que el hombre era un economista y que nos iba a mostrar estádisticas con los fracasos económicos, NO SOCIALES, de este sistema y cuando llego al final del artículo casi no lo puedo creer y me recordé de un dicho super antiguo; «PANADERO A TUS PASTELES».

    • Serafín Rodríguez says:

      La sugerencia de preguntarles a Boric y a los ex presis, incluida la Mamá Grande que vuelve a sonar como candidata por tercera vez, era sólo una cuestión retórica, don Ramón… De otra manera está más que claro que el neoliberalissmo ha sido todo un éxito en Chile y una opción electoralmente mayoritara como Ud. menciona. Incluso, si se lo piensa bien y con la excepción de algunos sectores con conciencia política y social, la gran mayoría de los manifestantes del tal llamado «estalldo social» pedían más y mejor chorreo del sistema en servicios como vivienda, salud, educación, previsión social, trabajo, transporte, etc., etc. Nunca hubo ninguna mayoría que se movilizara por cambiar la matriz neolibera que rige en el país.

  3. Serafín Rodríguez says:

    El neoliberalismo como doctrina económica es todo lo contrario a toda versión del socialismo e incluso la socialdemocracia. Dentro del neoliberalismo globalizado, ha hecho de Chile uno de los tantos países dependientes proveedores de materias primas a las empresas transnacionales que dominan la economía del mundo. Esto no es ningún fracaso. Por el contrario, es un gran logro! Que los chilenos paguemos el pato por ello no pudiendo industrializar nuestro país entre muchas otras consecuencias, es una cuestión completamente distinta. Y ello no es sólo gracias a la dictadura sino que principalmente gracias a todos los gobiernos de postdicatura, incluido el actual que con el «allendista» Boric a la cabeza suscibió el TPP-11, el broche de oro de todos los TLC que someten a Chile a la dependencia de los poderes económicos internacionaes. El neoliberalismo no ha fracasado en Chile! Es todo un éxito! Y si no lo creen, pregúntenles a Boric, Bachelet, Lagos y Frei, los que todavía están vivos y pueden responder.

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