
El desafío para el Frente Amplio —y para quienes alguna vez vimos en él una posibilidad de renovación de la izquierda chilena— es atreverse a formular esas preguntas. El desafío de la izquierda del siglo XXI no es solamente superar el neoliberalismo, sino preguntarse si también está dispuesta a superar el desarrollismo que históricamente ha organizado buena parte de su














