
Otro tren criollo, cuya suntuosidad nadie conocía, transitaba en silencio por el país, ofreciendo viajes de ensoñación. Turismo hacia lugares recónditos, cuya belleza es destacada en todo el orbe. En realidad, no eran viajes a ningún lugar, sino solapadas argucias para defraudar, escalar posiciones, moverse en el mundillo de la alta sociedad del delito.














