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Cuando el Congreso le hace el trabajo sucio a la ultraderecha

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Qué está pasando: En Chile, el gobierno de José Antonio Kast — electo en noviembre de 2025 con un discurso de orden, eficiencia y mano dura — enfrentará su primera Cuenta Pública en un contexto de escándalos institucionales acumulados. Mientras tanto, en el Congreso, la votación del paquete neoliberal de Kast — un proyecto tributario y regulatorio de alto impacto en la vida cotidiana de los chilenos — se convirtió en una sesión kafkiana que duró una madrugada entera.

Los protagonistas: diputados con emolumentos superiores a $9 millones mensuales, entre los más altos de la región. Ministros que presentan planes de seguridad inexistentes. Un nuevo presidente de Codelco llegando en medio de denuncias de producción inflada. Un exdiputado formalizado por usar bases de datos electorales para fines partidarios. Una ministra de Ciencia que, según fuentes del ecosistema científico, desconfía de la ciencia.

Sucedió en la semana previa a la primera Cuenta Pública presidencial. El momento en que un gobierno debe mostrar resultados concretos — no figuras retóricas. En Chile, pero el fenómeno es regional. Argentina, El Salvador, Italia y Francia conocen bien este libreto.

Hechos e impactos en la vida democrática




La democracia liberal no muere de un golpe. Muere del ridículo acumulado. Cada vez que un parlamento necesita 30 minutos para explicar cómo se vota. Cada vez que un ministro manipula cifras tributarias que el ciudadano no puede descifrar. Cada vez que un gobierno reemplaza políticas públicas con metáforas, la ultraderecha no necesita argumentar: solo señalar. Y así se crean las condiciones para gobernar por decreto. La vieja amenaza de las derechas autoritarias.

La tesis de las ultraderechas es simple y archiconocida: las instituciones son inútiles, los políticos son corruptos, el pueblo necesita un líder que decrete. Lo peligroso no es que esa tesis sea verdadera. Lo peligroso es que el propio sistema se encarga de ilustrarla con carritos llenos de indicaciones sin firma y planes de seguridad que no existen.

El mecanismo de la antidemocracia

Primero viene la desinformación disfrazada de lenguaje figurado. Luego la opacidad tributaria — tasas e impuestos diseñados para que solo los abogados de grandes empresas los entiendan. Después el desprestigio deliberado del debate público. Y al final, el decreto: «Para qué tanto trámite.»

La participación informada del pueblo — fundamento irreducible de cualquier democracia — no puede existir sin datos verificables, sin debate accesible, sin rendimiento de cuentas real.

Una prensa libre y medios sin censura son el antídoto

Una prensa libre, crítica y sin censura no es un accesorio. Es la única institución que puede hacer las preguntas que el sistema prefiere no responder. ¿Qué hay realmente detrás de la llegada de Fontaine a Codelco? ¿Qué bases de datos se usaron y para qué? ¿Existe o no existe ese plan de seguridad?

Esas preguntas no son ideológicas. Son periodismo. Y son, hoy más que nunca, un acto de defensa democrática.

La ultraderecha no inventó el desprestigio de la democracia liberal. Solo aprendió a monetizarlo. Los que lo fabrican, a veces, están en el Congreso. Con sueldo fijo. Y sin saber cómo votar. Se impone más vigilancia democrática.

 

Leopoldo Lavín Mujica

 



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Leopoldo Lavín

B.A. en philosophie et journalisme, M.A. en Communication publique de l’Université Laval, Québec, Canadá.

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