
La economía se enfría y complica el relato del Gobierno: PIB cae 0,5% en el primer trimestre
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El PIB chileno cayó 0,5% en el primer trimestre de 2026, por debajo de las proyecciones. Aunque la demanda interna sigue creciendo, el retroceso de la minería, el deterioro del comercio exterior, el alza del petróleo y los recortes fiscales abren un escenario más estrecho para el gobierno de José Antonio Kast.
La economía chilena inició 2026 con una señal de alerta. Según las Cuentas Nacionales del Banco Central, el Producto Interno Bruto cayó 0,5% en el primer trimestre respecto de igual período del año anterior. La cifra no solo fue peor que las estimaciones preliminares del Imacec, sino que confirmó un arranque económico más débil de lo previsto. El propio Banco Central señaló que la caída se explicó principalmente por el comercio exterior: menor aporte de las exportaciones y aumento de las importaciones.
El dato tiene importancia política. El Gobierno ha construido buena parte de su discurso en torno a la promesa de “recuperar el crecimiento”, pero el primer balance trimestral muestra una economía frágil, dependiente de factores externos y con sectores productivos estratégicos en retroceso. No se trata todavía de una crisis abierta, pero sí de una advertencia: el ciclo económico no está acompañando el relato oficial.
La minería fue uno de los puntos más débiles. La actividad minera cayó 3,1%, afectada por una menor producción de cobre, aunque otros minerales como litio, oro y plata mostraron mejor desempeño. La señal es especialmente delicada para Chile, porque el cobre sigue siendo un eje central de las exportaciones, la recaudación fiscal y la estabilidad externa.
El contraste aparece en la demanda interna, que creció 2,1%, impulsada por el consumo de los hogares y la inversión. El consumo privado aumentó 2,5%, con dinamismo en salud, transporte, turismo, hoteles y restaurantes. También creció el consumo de Gobierno, en particular por mayor gasto en salud. Es decir, la economía no está completamente detenida: hay sectores que siguen empujando. Pero ese impulso interno no bastó para compensar el deterioro externo y productivo.
El problema de fondo es que el escenario ya venía empeorando. En marzo, el Banco Central redujo su proyección de crecimiento para 2026 desde un rango de 2%-3% a uno de 1,5%-2,5%, citando un escenario internacional más complejo, menor desempeño minero, menor gasto fiscal y riesgos inflacionarios asociados al alza del petróleo.
Ese punto es clave. El Gobierno enfrenta una tensión evidente: por un lado promete reactivar la economía; por otro, impulsa recortes fiscales que pueden enfriar aún más la demanda. El propio Banco Central incorporó en su escenario el ajuste del gasto público anunciado por Hacienda, estimado en US$3.800 millones.
Además, la inflación volvió a presionar. El IPoM de marzo elevó la proyección inflacionaria para 2026 a 4%, principalmente por el impacto del petróleo y los combustibles. En una economía donde los salarios reales aún son sensibles al costo de la vida, ese factor golpea directamente el consumo popular.
La paradoja es que algunas cifras externas parecen positivas. SUBREI informó que las exportaciones chilenas totalizaron US$30.054 millones en el primer trimestre, con un aumento de 13,8% respecto de 2025, destacando el litio y otros productos. Pero las Cuentas Nacionales muestran que, en términos reales y de aporte al PIB, el comercio exterior jugó en contra. La diferencia recuerda que no basta mirar montos nominales: importan precios, volúmenes, composición sectorial y el peso de las importaciones.
Para el Gobierno, el dato del PIB llega en un momento incómodo. La economía no confirma el optimismo oficial y reduce el margen político para vender reformas favorables al gran empresariado como si fueran una respuesta automática al estancamiento. El riesgo es evidente: usar la desaceleración como argumento para rebajas tributarias regresivas, mientras se ajustan partidas sociales y se debilita la capacidad del Estado.
El primer trimestre deja así una conclusión menos triunfalista que prudente: Chile no está ante un derrumbe, pero sí ante una economía de crecimiento bajo, vulnerable a shocks externos y con una minería que no está empujando como se esperaba. En ese cuadro, insistir en que todo se resolverá con desregulación, rebajas de impuestos y ajuste fiscal parece más una apuesta ideológica que una estrategia seria de desarrollo.
Fuentes: Banco Central, La Tercera/Pulso, SUBREI, Ministerio de Hacienda.





