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Sospechosa la hueá

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Resulta curioso, además de gracioso, que los únicos que hacen política como requiere la actual situación sea la gente del espectáculo. Los humoristas han sido capaces de particularizar a niveles de la comprensión de cualquiera los peores fracasos, errores, falacias y desatinos del actual gobierno.

Y de todo el putrefacto sistema político.

Lo que se debe agradecer en tanto aporte al buen humor y a la buena salud mental, debe también preocuparnos: políticos, dirigentes, intelectuales, artistas no han atinado, ni siquiera lo han intentado, a generar el mismo tipo de crítica, dura, incisiva, cruda, ante la entronización de un régimen en extremo peligroso.

No se sabe bien qué esperan para hacerlo.




Pero sí los artistas de la comedia han sido capaces de agudizar su ingenio e interpretar jocosamente, a veces con resultados notables, los desaguisados, abusos, mentiras y desatinos de los poderosos.

Y no necesitan hacer trabajar mucho a sus guionistas.

Lo que dice el presidente de tarde en tarde es un insumo invaluable para la gente de la comedia y sus libretos para la siguiente rutina. No hay humorista que no se ría del presidente, de sus ministros y sus desaguisados.

Vea no más el chistoso espectáculo de las exministras Sedini y Steinert.

Si se fija bien, en las rutinas de estos artistas basta que el actual presidente sea nombrado para recibir un rechifla generalizada de esos auditorios. De ahí en adelante el humorista sabe que sería cosa de nombrar palabras clave: metáfora, humedales, libros inútiles, migrantes, Leonel Sánchez y Julio Martínez, Steinert o Sadini para asegurar el éxito de su presentación.

Pero no se trata solo de observar el lapsus que viene. Están también las decisiones políticas que dejan al presidente como mentiroso y/o manipulador por ofrecer medidas que son imposibles y que, tratadas de la manera correcta, resultan un chiste para un auditorio que espera vengarse de alguna forma: los que no votaron por él y los que sí lo hicieron y se sienten estafados.

Agreguemos algo notable: que del 58% que sacó Kast habrá muchos, y eso también es un chiste: le creen a pie juntilla lo que mienten el presidente y sus adláteres. Y que repiten con la certeza de lo indubitable en el almacén de la esquina, en la cola del consultorio y en la caja vecina.

Visto con un perspectiva mayor, el sistema político se transformó en un escenario en el cual se despliega una comedia trágica en la que el sistema político, casi en su totalidad, se ha reído y mofado de su público, la gente abandonada, abusada explotada y mentida, durante más de treinta años.

Pero hay un cierto tipo de personajes en este tinglado que descubrieron las claves del chiste de hacerse poderosos incluso desde el analfabetismo más crudo y la tontera más simple.

Una de ellas: ni se le ocurra decir la verdad.

Capte lo que quiere oír el respetable público y desde ahí genere su discurso. Mienta con una sonrisa en la boca, acuse sin prueba, robe con descaro, luzca trajes, joyas y autos caros con  el orgullo de los asaltantes, invéntese enemigos y, por sobre todo, de vez en cuando diga que los comunistas son los que quieren todo gratis y que además son una sarta de criminales mata curas y come guagua que viven del Estado.

Santo remedio: usted se hará rico en cuatro años.

En segundo lugar, cámbiese de partido cuántas veces le dé la gana o la necesidad. Si se fija en el actual estado de cosas, los acomodos, afiliaciones, desafiliaciones, renegaciones, renuncias y nuevas captaciones, vueltas y revueltas no llaman la atención de nadie.

Vea usted dos ejemplos graciosos: Pamela Jiles, reconocida militante comunista, residente en Cuba gran parte de su vida, dice que ella jamás ha dicho ser de izquierda y ni se le arrugó su gruesa base del maquillaje.

Otra perla: el diputado Alinco, otrora aguerrido dirigente de la construcción en Coyhaique y destacado militante comunista, hoy se arrodilla a la ultraderecha como la cosa más normal e higiénica del mundo.

Y esas artimañas vergonzosas se pueden hacer porque el chiste no les sale ni por curado. En el caso de Alinco, literalmente.

Pero no todo ha sido chistoso si se considera la gente abandonada, la tragedia que ha significado para millones lo que sucede con sus derechos elementales: sueldos y jubilaciones miserables, salud inhumana, educación que no educa, barrios sucios e inseguros, medio ambiente en peligro, un sistema político podrido que no los respeta ni defiende y por futuro una cosa negra y espesa.

Lo gracioso, eso sí, es que la mayoría de la gente afectada por esas decisiones vota desde hace treinta años por quienes los van a hacer mierda una y otra vez.

Razón tiene el compañero Bombo Fica, uno de los más agudos político del ambiente al que debiéramos elevar a candidato presidencial: sospechosa la hueá.

 

 

Ricardo Candia Cares



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Ricardo Candia

Escritor y periodista

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