Política Global

La pausa terminó: la guerra entre Estados Unidos e Irán entra en una fase más amplia e impredecible

Tiempo de lectura aprox: 2 minutos, 19 segundos

La breve pausa de los combates entre Estados Unidos e Irán ha llegado a su fin. En un artículo de The New York Times, «La guerra entre Estados Unidos e Irán se pausa por segundo día consecutivo de desescalada», publicado este 26 de julio, se da por hecho el desgaste militar estadounidense y se informa de las discretas gestiones diplomáticas en torno al estrecho de Ormuz. Por su parte, un artículo del 29 de Julio en el londinense The Guardian, «Ataques de EE. UU. y Arabia Saudita en Irak empujan a la región hacia un territorio desconocido, advierten analistas», muestra un escenario radicalmente distinto: la guerra se habría expandido geográfica y políticamente, incorporando nuevos actores y elevando el riesgo de una confrontación regional de consecuencias difíciles de prever.

El primer elemento destacado es el reconocimiento implícito de los límites militares de Washington. Según funcionarios estadounidenses citados por The New York Times, Donald Trump decidió suspender temporalmente la intensificación de los ataques debido, entre otras razones, al agotamiento de las reservas de misiles interceptores necesarios para neutralizar los proyectiles iraníes. A ello se suma el fracaso de semanas de bombardeos para obligar a Teherán a levantar el bloqueo del estrecho de Ormuz, punto neurálgico del comercio mundial de petróleo y gas.

El segundo artículo, publicado por The Guardian, confirma que aquella pausa no representaba un camino hacia la negociación, sino un breve intervalo dentro de una guerra en expansión. Irán reanudó sus ataques contra instalaciones estadounidenses en Jordania, mientras Estados Unidos respondió bombardeando posiciones de las Fuerzas de Movilización Popular en Irak. La principal novedad fue la participación pública de Arabia Saudita en esos ataques, abandonando la discreción que había caracterizado su implicación anterior.

Esta ampliación del conflicto modifica profundamente su naturaleza. Ya no se trata exclusivamente de un enfrentamiento bilateral entre Washington y Teherán, sino de una guerra regional donde intervienen milicias iraquíes respaldadas por Irán, los hutíes de Yemen, Arabia Saudita y otros actores cuya capacidad de iniciativa dificulta cualquier control centralizado de la escalada. Cada nuevo frente multiplica las posibilidades de errores de cálculo y respuestas desproporcionadas.




Los analistas citados por The Guardian coinciden en que la región ha entrado en un «territorio desconocido». Sanam Vakil sostiene que la estrategia iraní consiste en mantener la presión mediante sus aliados regionales, haciendo cada vez más difusa la frontera entre acciones directas e indirectas. Por su parte, H. A. Hellyer advierte que, aunque Arabia Saudita haya buscado enviar una señal de disuasión a Teherán, resulta prácticamente imposible anticipar la reacción iraní en un contexto donde todos los actores perciben que están redefiniendo las reglas estratégicas de Oriente Medio.

Los dos artículos también muestran que el estrecho de Ormuz continúa siendo el verdadero centro de gravedad del conflicto. Mientras Irán mantenga su capacidad para obstaculizar el tránsito energético mundial, conservará un instrumento de presión de enorme valor económico y político. Paralelamente, los hutíes amenazan el estrecho de Bab el-Mandeb, abriendo un segundo cuello de botella para el comercio marítimo internacional y aumentando el impacto sobre los mercados energéticos.

La dimensión política tampoco favorece una salida negociada. Bagdad condenó los bombardeos realizados sobre su territorio, mientras milicias proiraníes prometieron represalias contra intereses estadounidenses y sauditas. La suspensión del encuentro entre el primer ministro iraquí y el príncipe heredero saudita refleja hasta qué punto la guerra está alterando los equilibrios diplomáticos construidos durante los últimos años.

La principal conclusión que emerge de ambos textos es que ninguna de las partes ha conseguido imponer una victoria estratégica. Estados Unidos mantiene una clara superioridad tecnológica, pero no ha logrado quebrar la capacidad de presión iraní sobre las rutas energéticas. Irán, por su parte, tampoco puede derrotar militarmente a Estados Unidos, pero dispone de una extensa red de aliados regionales que le permite prolongar el conflicto, elevar sus costos económicos y ampliar continuamente los escenarios de confrontación. Más que acercarse al desenlace, la guerra parece haber entrado en una fase prolongada de escalada regional, donde la incertidumbre constituye hoy el principal factor estratégico.

 

Leopoldo Lavín Mujica

 



Foto del avatar

Leopoldo Lavín

B.A. en philosophie et journalisme, M.A. en Communication publique de l’Université Laval, Québec, Canadá.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *