
Siria ante una encrucijada histórica: entre el retorno masivo y la reconstrucción imposible sin apoyo global
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La declaración de la Relatora Especial de la ONU sobre los derechos humanos de los desplazados internos, Paula Gaviria Betancur, llega en un momento decisivo para Siria. Tras más de una década de guerra, destrucción y desplazamientos masivos, el país se encuentra ante una oportunidad histórica: transformar una de las crisis de desplazamiento más prolongadas del mundo en un proceso de recuperación sostenible. Pero esta oportunidad, advierte la experta, no podrá materializarse sin un compromiso internacional firme, estable y de largo plazo.
Desde 2011, alrededor de 14 millones de personas han sido desplazadas dentro y fuera del país. Desde diciembre de 2024, cerca de dos millones de desplazados internos y 1,7 millones de refugiados han regresado a sus comunidades. El retorno masivo es un signo de resiliencia y esperanza, pero también una señal de la magnitud del desafío. Aún quedan 5,5 millones de personas desplazadas dentro de Siria, 15,6 millones necesitan asistencia humanitaria y las necesidades de reconstrucción ascienden a unos 216 mil millones de dólares. La crisis no ha terminado: se ha transformado.
Gaviria Betancur reconoce que Siria enfrenta una tarea monumental. El país intenta reconstruir simultáneamente su economía, sus instituciones, sus servicios públicos, su infraestructura, sus marcos legales y su tejido social, mientras gestiona una de las mayores crisis de desplazamiento del planeta. La transición desde la gestión del desplazamiento hacia soluciones duraderas no puede ocurrir de la noche a la mañana. Requiere un enfoque integral que combine seguridad, medios de vida, acceso a servicios, justicia y cohesión social.
El retorno, aunque significativo, no es suficiente por sí mismo. En muchas zonas, quienes regresan se encuentran con viviendas destruidas, servicios públicos limitados, escasas oportunidades económicas, disputas sobre tierras y propiedades, y territorios contaminados por minas y restos explosivos de guerra. La sostenibilidad del retorno depende de la capacidad de garantizar condiciones reales para reconstruir vidas con seguridad y dignidad. La Relatora lo resume con claridad: la vuelta debe ser voluntaria, segura, digna y verdaderamente sostenible.
En todas las provincias visitadas, Gaviria escuchó el mismo mensaje: los desplazados internos no quieren que el desplazamiento siga definiendo su identidad. A pesar de años de sufrimiento, desplazamientos repetidos, pérdida de seres queridos y destrucción de hogares y medios de vida, muestran una resiliencia extraordinaria y un deseo profundo de reconstruir sus vidas, sostener a sus familias y contribuir activamente a la recuperación del país. Su participación no es solo un derecho: es una condición indispensable para la reconstrucción de Siria.
La iniciativa gubernamental “Siria sin campamentos” representa un compromiso importante para poner fin al desplazamiento prolongado en campamentos. Pero la Relatora advierte que el cierre de campamentos no puede sustituir a las soluciones duraderas: debe ser su resultado. Sin alternativas viables, el cierre corre el riesgo de generar nuevas vulnerabilidades y desplazamientos secundarios. La estabilidad depende de ofrecer soluciones reales, sostenibles y basadas en derechos humanos.
Las cuestiones de vivienda, tierras y propiedades, la descontaminación de zonas afectadas por minas, la creación de medios de vida y los procesos de recuperación comunitaria deben convertirse en pilares centrales de la reconstrucción. Gaviria destaca también la importancia de los mecanismos de justicia transicional: verdad, rendición de cuentas y garantías de no repetición son esenciales para abordar las violaciones del pasado y construir una paz duradera. Sin un proceso de reconciliación y reconstrucción de la confianza, la recuperación corre el riesgo de ser superficial.
Siria debe reforzar sus marcos normativos e institucionales en línea con los estándares internacionales, incluidos los Principios Rectores de la ONU sobre el desplazamiento interno. La reconstrucción física no basta: es necesario reconstruir relaciones, cohesión social y confianza. Las comunidades deben participar activamente en los procesos de toma de decisiones para que la reconstrucción sea percibida como un proyecto compartido y no como una imposición externa.
La Relatora insta a la comunidad internacional a mantener la asistencia humanitaria, pero también a ampliar el apoyo a la recuperación y el desarrollo mediante financiación plurianual y previsible. El sector privado puede desempeñar un papel clave en la revitalización de las economías locales y la creación de oportunidades de empleo. La recuperación de Siria no puede depender únicamente de la ayuda: debe basarse en una economía capaz de sostener vidas dignas y autónomas.
Los desplazados internos son, al mismo tiempo, quienes más han sufrido el pasado de Siria y quienes más pueden contribuir a su futuro. Apoyar sus derechos, capacidades y participación es una inversión en el tejido social del país, en su recuperación económica y en su paz a largo plazo. Siria tiene ante sí una oportunidad histórica: transformar una crisis de desplazamiento en un proceso de renacimiento. Pero esta oportunidad exige recursos, voluntad política y un compromiso internacional sostenido.





