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El anteproyecto como el eslabón débil de la normativa chilena

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  1. Introducción:

La paradoja de la seguridad constructiva en Chile.

Chile es reconocido internacionalmente por la robustez de su marco normativo en ingeniería y construcción. Eventos sísmicos de gran magnitud han puesto a prueba nuestras estructuras, demostrando que las Normas Chilenas (NCh) y la Ordenanza General de Urbanismo y Construcciones (OGUC) salvan vidas y protegen el patrimonio. Sin embargo, detrás de esta fachada de resiliencia técnica se esconde una paradoja crítica en la gestión de proyectos públicos y privados: la desconexión entre la exigencia de la norma final y la precariedad de los datos de origen. Dentro del ciclo de vida de una obra de infraestructura, la etapa de Anteproyecto suele ser relegada a una posición de menor importancia, un trámite administrativo o conceptual que se debe sortear rápidamente para iniciar la ejecución. Esta subestimación inicial es el punto de partida de desviaciones financieras y técnicas que el Estado y la ciudadanía terminan pagando a un costo extremadamente alto.

  1. El sesgo de optimismo y la estrechez del espectro de datos iniciales.

El núcleo del problema radica en el rango y la calidad de los antecedentes que se consideran aceptables durante la fase de Anteproyecto. Históricamente, los datos utilizados en esta etapa —estudios de suelo preliminares, proyecciones hidrológicas, análisis de impacto ambiental y matrices de riesgo— se manejan dentro de rangos excesivamente estrechos y optimistas. Proyectar resultados sobre la base de una muestra de datos limitada impide calcular con precisión los márgenes de incertidumbre. En la gestión de proyectos modernos, un espectro reducido de variables iniciales se traduce directamente en una incapacidad para predecir desviaciones. Lo que en el papel se presenta como un presupuesto acotado y un cronograma eficiente, en la realidad técnica no es más que una apuesta ciega contra la naturaleza y la geografía del territorio nacional.

  1. La máxima complejidad técnica: El manejo y la gobernanza de las aguas.

Dentro de toda la gama de estudios iniciales que requiere un Anteproyecto, el elemento que reviste la mayor complejidad técnica y metodológica es, sin lugar a dudas, el manejo adecuado de las aguas y el diseño de soluciones hidráulicas a largo plazo. El agua, por su naturaleza dinámica, no respeta los límites de un predio ni los plazos de un contrato de obra. Históricamente, los anteproyectos en Chile han subestimado el comportamiento hidrológico, limitándose a calcular caudales basados en estadísticas del pasado que hoy resultan obsoletas debido a la crisis climática. Un diseño hidráulico deficiente en la fase de Anteproyecto condena a la infraestructura a la vulnerabilidad. No se trata solo de canalizar un flujo superficial de manera inmediata; un manejo adecuado exige comprender los procesos de infiltración, la escorrentía urbana, el comportamiento de las cuencas completas y la interacción con las napas subterráneas. Cuando este análisis se aborda de forma superficial y con datos estrechos en la etapa inicial, resulta matemáticamente imposible proyectar obras que resistan las fluctuaciones extremas del clima. Las soluciones hidráulicas no deben pensarse para la entrega de la obra, sino con una perspectiva de resiliencia a 50 o 100 años, integrando sistemas de drenaje sostenible y obras de mitigación que protejan de forma permanente el entorno edificado.




 

  1. La falsa ilusión de la corrección posterior: Cuatro décadas de evidencia.

A lo largo de cuatro décadas de trayectoria profesional en el sector, he podido verificar empíricamente una constante que se repite en diversas administraciones: la arraigada creencia de que cualquier deficiencia, omisión o vacío técnico del Anteproyecto puede ser «arreglado» o compensado en las etapas de diseño posteriores o durante la ejecución de la obra. Este exceso de confianza se ampara, irónicamente, en la misma calidad de nuestras normas de construcción y seguridad. Los profesionales del área tienden a pensar que, como el marco normativo final es estricto, el proyecto se alineará automáticamente con los estándares requeridos a medida que avance. Sin embargo, esta premisa es profundamente errónea. La realidad de la contratación pública demuestra que el marco de datos iniciales actúa como una camisa de fuerza. Una vez que se aprueban las bases de un Anteproyecto y se asignan los recursos presupuestarios, la flexibilidad técnica desaparece. Los contratos rígidos, los plazos perentorios y la burocracia estatal impiden reformular el origen de los datos. Si un Anteproyecto no dimensionó correctamente el comportamiento del agua o la mecánica de suelos, la ingeniería posterior no hará más que maquillar un defecto estructural de información, incrementando los costos finales a través de costosas obras complementarias de emergencia.

  1. El impacto socioeconómico y el veredicto del cambio climático.

Las consecuencias de esta falta de internalización del valor de los datos iniciales se miden en pérdidas financieras directas a corto y largo plazo para la administración del Estado. Millonarios aumentos de obras, extensiones de plazo y litigios contractuales mellan los recursos públicos que debieran destinarse a otras necesidades sociales. Aunque hoy en día la ciudadanía está más empoderada y comprende de mejor manera la importancia de realizar estudios de base serios antes de intervenir un territorio, el aparato técnico-constructivo aún no lo asimila al cien por ciento. Donde he tenido la oportunidad de colaborar, la resistencia al cambio cultural ha limitado la efectividad de las soluciones propuestas. El espectro sobredimensionado de desviaciones técnicas encuentra su manifestación más evidente en la vida cotidiana de las personas. En la actualidad, bajo el escenario de crisis climática, ya no necesitamos un terremoto magnitud 8.0 para colapsar nuestra infraestructura. Fenómenos meteorológicos cotidianos, isotermas cero altas u ondas de calor y precipitaciones concentradas en pocas horas bastan para desnudar la precariedad de las obras públicas. Rutas cortadas, sistemas de evacuación de aguas lluvias colapsados y puentes dañados muestran el perjuicio social de manera simple y descarnada. La naturaleza expone en pocas horas la insuficiencia de los datos hídricos con los que se diseñó el origen del proyecto.

  1. Conclusión: Romper el círculo vicioso hacia una nueva cultura del dato.

La respuesta del sistema ante estas fallas sistémicas suele ser reactiva y no preventiva. Tras el desastre o el colapso de la infraestructura, se activan presupuestos de emergencia para reconstruir de manera urgente, utilizando habitualmente los mismos marcos lógicos y la misma escasez de antecedentes iniciales que provocaron la falla en primer lugar. Se vuelve a iniciar el circuito vicioso de manera idéntica. Para romper este bucle ineficiente, Chile debe transitar hacia una cultura donde el Anteproyecto sea considerado la etapa más crítica y estratégica de la inversión. Invertir más tiempo, tecnología y recursos en la captura de datos iniciales de amplio espectro —especialmente en modelaciones hidráulicas complejas y dinámicas— no es un gasto superfluo; es la única garantía de sostenibilidad fiscal y seguridad ciudadana. Las buenas normas de construcción y seguridad solo son efectivas si se aplican sobre cimientos de información sólidos y realistas. El futuro de la infraestructura chilena depende de nuestra capacidad para mirar el origen antes de empezar a construir.

 

Maria Loreto Maturana Rey

Ingeniera de ejecución en Geomensura
Universidad de Concepción

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