
Cuando la piscina está vacía
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Cuando se postula llegar a administrar cualquier institución y sobre todo un Estado, que es un desafío más exigente, se requiere tener un mínimo de agua en la piscina para, al menos, poder mantenerse a flote.
Si no existe ese nivel crítico de líquido, no podrá exhibir sus dotes de nadador, solo quedará varado, sin poder avanzar hacia ninguna meta.
El público quedará, a su vez, perplejo de ver a esta promesa atlética convertido en un espantapájaros, es decir un ser estático, petrificado o , cuando más, si tiene dotes histriónicos, ensayando unas piruetas desarticuladas y patéticas, como ese personaje circense de “Capitán fracaso” de Thèofile Gautier.
El filósofo hispano, García Bacca, explicando a la filosofía existencial o del Ser, expone una exigencia primera de todo Ser: estar soportado, para existir, por un universo en bloque, igual que un nadador debe ser sostenido por un Mar en bloque y un ave, para volar, requiere de la resistencia del aire, que lo mantiene (opuesto a la lógica de Kant quien pensaba que si no existiera el aire, el ave volaría sin límites, sin darse cuenta que no podría, tal ave, despegar desde tierra).
Bueno, parece que nuestros “Republicanos” pertenecen a la escuela Kantiana, pues se lanzaron a volar ideas que no toman en cuenta el rol del viento ni la resistencia necesaria del aire; se las dieron de nadadores expertos y no llenaron previamente la piscina olímpica.
Porque no basta con que el agua llegue a los tobillos, ni a las rodillas. El ideal – dice García Bacca-, para que el agua te sostenga a flote, es estar sostenido por un “Mar en bloque”, es decir por una densidad de agua ( conocimiento profundo y universal) que exceda largamente tu peso individual o del grupo que pretende aventurarse por fluidos o torrentes históricos.
Cómo esto no ha sucedido, autoriza a pensar que vinieron en traje de baño, pero sin flotador, ni agua, ni destreza para bracear.
Es decir, vinieron a improvisar, aparentar, a ensayar un simulacro (Baudrillard). Pero los simulacros son nada más que parodias, una mentirosa realidad, una fantasía sin sustento en los por fiados hechos.
Y eso se nota a poco de ensayar los primeros gestos de una gimnasia descalabrada, una pantomima desprolija y ridícula.
Al tratar de justificar un relato de su incoherente actitud, se produce lo que un presidente latinoamericano señalaba con honesta actitud intelectual: “ No hablo de economía, pues termino confundiendo la gimnasia con la magnesia”.
Entonces, como no existe el agua teórica que sostenga su actuar, se inclinan a reproducir consignas probadamente ”falseables” (Popper), como aquellas introducidas a fuerza de bayonetas y crímenes por los audaces e inescrupulosos cuentacuentos de la escuela de Chicago.
Pero como dice un texto famoso del viejo barbón e innombrable, lo que la historia representa como tragedia, cuando se intenta reproducirlo no logra superar el estatus de una “reguleque” o mala comedia.
Y eso es lo que tenemos, una copia de lo que se hizo en tiempos de la dictadura, y como saben que un plan de esta calaña no resulta sin la fuerza coercitiva muy a la mano, entonces idean las reformas constitucionales por la seguridad. Claro, la seguridad de que nadie proteste ni se rebele, para lo cual no les importa aplastar, de pasada, los equilibrios democráticos del poder.
De hecho, ellos son adoradores de la dictadura, así es que pongan, ahora, con toda desfachatez un plan autoritario no debe alarmar ni sorprender, “la cabra siempre tira para el monte”.
Todo su soporte es autoritario, no hay elaboración nueva. Pero este autoritarismo político lo acompañan con una política económica descaradamente asimétrica, concentradora y peligrosamente aventurera, dado que la pretenden aplicar en un país cuya desigualdad es tan enorme que arriesga romper el saco de la avaricia…y si lo rompen, será por su culpa, esa culpa que nunca reconocen, pues son especialistas en sacar las castañas del fuego con las manos del pueblo. Así lo vimos en octubre del 2019 y de la misma forma lo harán en el futuro. Las rebeliones se apagan con sangre, Chile tiene experiencia: desde los hermanos Carrera hasta las matanzas del norte minero y los del sur araucano.
Hoy, la muerte se viste de gala, con formato encorbatado y rostro piadoso. Lucifer sabe sonreír, Pero su olor es inconfundible. Es cosa de afinar el olfato.
No tienen agua en la piscina, Pero sí tienen mucha sed de beberse la democracia.
Hugo Latorre Fuenzalida
