
¿Aliados o súbditos? Kast incorpora a Chile al Escudo de Trump tras semanas de contradicciones
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Chile ingresó este martes al Escudo de las Américas, la iniciativa de seguridad hemisférica impulsada por Donald Trump. La decisión fue anunciada después de que José Antonio Kast participara en Nueva York en una reunión encabezada por el mandatario estadounidense, quien ofreció a los gobiernos latinoamericanos ayuda directa para “eliminar” a los carteles y advirtió que, si ellos no podían hacerlo, Estados Unidos lo haría por ellos.
La incorporación chilena tiene importancia por sí misma. Pero también por la manera en que ocurrió.
Hasta pocas horas antes, el Gobierno sostenía públicamente que la adhesión continuaba bajo evaluación. Durante semanas, ministros y dirigentes oficialistas habían expresado cautela ante la iniciativa estadounidense, invocando precisamente la soberanía y la necesidad de mantener una política exterior autónoma.
El ministro de Defensa, Fernando Barros, había dicho que Chile “no es el patio trasero de nadie”. El canciller Francisco Pérez Mackenna había defendido una relación equilibrada con Estados Unidos y China. Kast aseguraba hace apenas unos días que Chile permanecía como observador.
Este martes por la mañana, la incorporación todavía aparecía como una decisión pendiente.
Por la tarde, Kast se reunió con Trump.
Horas después, Chile adhirió.
La sucesión de los hechos no demuestra que Washington haya impuesto la decisión. Pero plantea una pregunta inevitable: ¿qué cambió entre la mañana y la tarde del martes?
Trump: “Si no pueden, lo haremos nosotros”
Para comprender la importancia de la decisión chilena es necesario comenzar por las palabras pronunciadas por Trump ante los mandatarios reunidos en Nueva York.
El Presidente estadounidense no presentó la lucha contra los carteles simplemente como cooperación policial.
“Durante años, los carteles han hecho la guerra a los pueblos de este hemisferio. Ahora nosotros les estamos haciendo la guerra a ellos”, sostuvo.
Después ofreció directamente la intervención estadounidense:
“Hágannoslo saber y los eliminamos”.
Y añadió:
“Si no pueden, lo haremos nosotros por ustedes”.
Trump describió a las organizaciones criminales como “fuerzas terroristas paramilitares violentas” y presentó al Escudo como parte de una estrategia hemisférica de seguridad encabezada por Washington.
No fue una declaración aislada.
Horas antes, desde la tribuna de la Asamblea General de Naciones Unidas, Trump había anunciado una reafirmación del poder estadounidense en el hemisferio occidental y defendido el empleo del poderío militar de Estados Unidos contra organizaciones que Washington considere una amenaza.
Reuters sitúa esta política dentro de la recuperación de la Doctrina Monroe promovida por Trump, que en Washington ha recibido incluso el nombre informal de “Doctrina Donroe”. (reuters.com)
Ese es el contexto en el cual Chile decidió incorporarse al Escudo.

Por la mañana todavía no había decisión
La velocidad del giro es uno de los aspectos que requieren explicación.
Durante la mañana de este martes, el ministro de Defensa, Fernando Barros, señalaba que la adhesión seguía siendo analizada y que no existía plazo para resolverla. Incluso estableció una diferencia entre mecanismos operacionales contra el crimen organizado y el Escudo de las Américas, al que definió como una iniciativa fundamentalmente política cuya evaluación correspondía a Cancillería. (24horas.cl)
Un día antes, el ministro de Seguridad, Martín Arrau, había señalado que Defensa y Relaciones Exteriores estaban estudiando la incorporación y que probablemente existiría una posición oficial durante los próximos días.
No hicieron falta días.
Horas después de la reunión con Trump, Cancillería comunicó que Chile había adherido formalmente.
Kast explicó posteriormente que no se trataba de un tratado, sino de una instancia de coordinación, y descartó cualquier cesión de soberanía.
“Adherimos a una coordinación, aquí no hay un tratado”, sostuvo.
La explicación aclara la naturaleza jurídica que el Gobierno atribuye al mecanismo, pero no responde cómo una decisión que por la mañana seguía bajo evaluación quedó resuelta esa misma tarde.
“Chile no es el patio trasero de nadie”
La cautela de Defensa tampoco había comenzado este martes.
A comienzos de septiembre Barros había señalado que Chile no podía comprometerse con una iniciativa cuyos alcances todavía no estaban suficientemente definidos.
El ministro sostuvo entonces que Chile no había suscrito el Escudo y que no podía comprometer una incorporación porque todavía no se sabía con precisión en qué consistía la coalición.
Semanas antes había pronunciado una frase que provocó una respuesta directa del embajador estadounidense Brandon Judd:
“Chile no es el patio trasero de ningún país”.
La declaración apareció precisamente en medio del debate sobre las presiones estadounidenses respecto de China y la orientación de la política exterior chilena.
Judd respondió posteriormente que Estados Unidos tampoco quería que Chile fuera “el patio trasero de nadie”, pero continuó defendiendo la conveniencia de incorporarse al mecanismo impulsado por Washington. (latercera.com)
Por eso la decisión de este martes tiene una dimensión que excede el combate al narcotráfico.
Pérez Mackenna y el equilibrio entre Washington y Beijing
El canciller Francisco Pérez Mackenna también había defendido públicamente una política de equilibrio.
Hace apenas nueve días sostuvo que Chile debía evaluar el Escudo “en su mérito” y recordó que tanto Estados Unidos como China son socios fundamentales para el país.
La definición respondía a una cuestión estratégica evidente: China es el principal socio comercial de Chile, mientras Estados Unidos mantiene una relación histórica de cooperación política, militar y económica.
Washington, entretanto, ha incrementado sus advertencias sobre la presencia china en infraestructura, telecomunicaciones y sectores estratégicos latinoamericanos.
Por ello, incorporarse al Escudo no constituye necesariamente una ruptura del equilibrio, pero obliga a precisar qué alcance tendrá la adhesión chilena cuando la propia definición estadounidense de la iniciativa incluye combatir la “interferencia extranjera” en el hemisferio.
¿Quién determina qué constituye esa interferencia?
¿Comparte Chile la definición de Washington?
El comunicado conocido este martes no lo explica.
“No somos tan amigos”
Las dudas tampoco provienen exclusivamente de la oposición.
El senador UDI Iván Moreira, vicepresidente del Senado e integrante de la Comisión de Relaciones Exteriores, realizó este martes desde Nueva York una observación especialmente significativa.
“Yo no hablaría ni de cercanía ni amistad. No somos tan amigos”, afirmó respecto de la relación Kast-Trump.
Moreira recordó los aranceles estadounidenses y sostuvo que la afinidad ideológica entre ambos mandatarios no se ha traducido necesariamente en un trato privilegiado hacia Chile.
Su advertencia fundamental, sin embargo, apuntó a la posición estratégica del país: Chile debe mantener un equilibrio entre Estados Unidos y China y evitar quedar atrapado en la disputa entre ambas potencias. (cnnchile.com)
Es una observación relevante precisamente porque proviene de la UDI y no de la oposición.
Qué dice el comunicado chileno
Cancillería presenta el Escudo de las Américas en términos considerablemente más acotados que Washington.
Lo define como un “marco de coordinación voluntaria entre gobiernos americanos” destinado a combatir el crimen organizado transnacional.
Según el Gobierno, la incorporación permitirá a Chile acceder a información contra organizaciones criminales, sistemas de análisis inteligente de datos, capacitación para Carabineros y la PDI y una mayor coordinación fronteriza con Argentina, Bolivia, Perú y otros países. (ex-ante.cl)
El comunicado establece además que cada Estado actuará de acuerdo con sus obligaciones legales nacionales e internacionales.
Es un resguardo importante.
Pero el texto deja varias preguntas abiertas.
No explica cómo se adoptan las decisiones dentro del Escudo. No especifica qué información deberá compartir Chile. No precisa qué mecanismos existen cuando los intereses de los participantes divergen. Tampoco explica qué significa para nuestro país el componente de “interferencia extranjera” incorporado por Estados Unidos entre los objetivos de la iniciativa.
Y, sobre todo, no explica por qué Chile decidió adherir precisamente este martes.
Dos maneras de describir el Escudo
Aquí aparece probablemente uno de los aspectos más importantes.
Santiago y Washington no describen exactamente de la misma manera la organización a la cual Chile acaba de incorporarse.
Para Cancillería es esencialmente un mecanismo voluntario de coordinación contra el crimen organizado.
Para Washington su alcance es mayor: combate a carteles y organizaciones consideradas narcoterroristas, control de la migración irregular y contención de la interferencia de potencias extranjeras en el hemisferio.
Trump fue todavía más lejos este martes al presentar el Escudo como parte de una alianza hemisférica de seguridad y ofrecer directamente capacidad estadounidense para eliminar organizaciones criminales cuando los gobiernos de la región no puedan hacerlo.
La diferencia no es semántica.
Determina qué entiende cada país que acaba de suscribir.
Kast tenía otra alternativa
La incorporación tampoco era inevitable.
Chile podía permanecer como observador mientras terminaba de estudiar el mecanismo, precisamente como había hecho hasta ahora.
Podía ampliar el intercambio de inteligencia con Estados Unidos y otros países sin incorporarse al Escudo.
Podía profundizar el Compromiso Regional de Santiago contra la Delincuencia Organizada Transnacional que el propio Gobierno chileno ha impulsado con Argentina, Bolivia, Ecuador, Perú, Paraguay y Uruguay.
Y podía adherir posteriormente, una vez establecidos con claridad sus alcances.
El Gobierno eligió otra opción: ingresar este martes.
Es una decisión legítima dentro de las facultades del Ejecutivo y puede ser defendida por sus beneficios en la lucha contra organizaciones criminales que operan internacionalmente.
Pero precisamente porque existían alternativas, la decisión es política y debe ser explicada políticamente.
Otra vez las contradicciones dentro del Gobierno
El episodio adquiere además una dimensión interna.
Durante las últimas semanas La Moneda ha enfrentado sucesivos problemas de coordinación entre sus ministros. Hacienda y Trabajo entregaron señales diferentes sobre las metas de desempleo; Vivienda y Hacienda protagonizaron otra controversia; Defensa y Cancillería han debido aclarar públicamente diferencias respecto de asuntos internacionales.
Ahora ocurre algo semejante en una decisión particularmente sensible.
Defensa dijo que Chile no era el patio trasero de nadie.
Cancillería habló de equilibrio entre Estados Unidos y China.
Kast afirmó hace pocos días que Chile seguía como observador.
Seguridad dijo el lunes que Defensa y Cancillería continuaban evaluando.
Defensa aseguró este martes por la mañana que no existía plazo para decidir.
Y horas después Chile adhirió.
Puede existir una explicación perfectamente coherente para esa secuencia. Quizás durante las últimas horas el Gobierno recibió información suficiente para resolver las dudas de Defensa y Cancillería.
Pero todavía no la conocemos.
Y mientras no se explique cómo se adoptó la decisión, queda nuevamente instalada una pregunta que empieza a repetirse en este Gobierno: ¿los ministros construyen colectivamente las decisiones o terminan explicando decisiones adoptadas directamente desde la Presidencia?
¿Aliados o súbditos?
Cooperar con Estados Unidos no significa someterse a Estados Unidos.
Chile mantiene desde hace décadas relaciones diplomáticas, comerciales, militares y de seguridad con Washington. Frente a organizaciones como el Tren de Aragua, los carteles mexicanos o redes internacionales de narcotráfico, esa cooperación puede ser necesaria.
La discusión comienza en otro punto: dónde termina la cooperación y dónde comienza el alineamiento.
Las palabras pronunciadas por Trump este martes hacen que esa frontera deba ser observada con especial atención.
“Si no pueden, lo haremos nosotros por ustedes”.
Chile acaba de incorporarse a una iniciativa encabezada por un Presidente estadounidense que concibe la seguridad hemisférica en esos términos.
Fernando Barros había advertido que Chile no es el patio trasero de nadie.
Francisco Pérez Mackenna había defendido una política de equilibrio.
Iván Moreira acaba de recordar que Kast y Trump “no son tan amigos”.
Y José Antonio Kast decidió este martes incorporar al país al Escudo de las Américas.
La adhesión puede aportar herramientas importantes contra el crimen organizado. Pero también obliga al Gobierno a explicar qué compromisos asumió, cuáles serán sus límites y cómo resguardará la autonomía que sus propios ministros venían reivindicando.
Porque entre cooperar con una potencia y aceptar que esa potencia determine las prioridades de seguridad de un país existe una distancia considerable.
Entre aliados existen intereses comunes, pero también límites. Entre aliados se coopera y se discrepa. Los súbditos, en cambio, obedecen.
La forma en que Chile ejerza desde ahora su participación en el Escudo de las Américas mostrará de qué lado de esa diferencia pretende situarse.
Simón del Valle
