
La izquierda sin relevo
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A propósito de las elecciones presidenciales en Brasil de este domingo, me gustaría hacer una reflexión respecto de la izquierda, sus liderazgos y su agenda de futuro. Pienso que Lula hoy se ha configurado dentro del progresismo latinoamericano como una figura de referencia frente a esta oleada de ultraderecha que ha cubierto buena parte del paisaje político de América Latina, y también frente a la amenaza que representa Flavio Bolsonaro.
Lo interesante es que Lula ya tiene una edad avanzada y llama la atención que no haya una renovación más clara del liderazgo o nuevas figuras que estén tomando fuerza dentro de la izquierda brasileña. Que un líder de 80 años sea visto como la salvación de Brasil ante el avance de la ultraderecha no habla bien de la situación, pero tampoco del trabajo que está haciendo la izquierda brasileña. La pregunta es: ¿quién va a tomar el relevo de Lula?
Eso también se puede extrapolar a Chile, porque, más allá de la presencia del ex presidente Boric, nuevamente está apareciendo en escena la expresidenta Bachelet. Pero ¿qué pasa con los otros liderazgos de la izquierda? Me parece que es un tema interesante para conversar.
La ultraderecha está avanzando con mucha fuerza. Lo vemos también en Chile, donde en estos últimos meses el gobierno de José Antonio Kast ha impulsado medidas que han generado una fuerte discusión en materia económica y laboral, y frente a eso pareciera no existir una oposición con suficiente capacidad de respuesta. Además, muchas de las decisiones que se han tomado, particularmente desde el Ministerio de Hacienda, han sido cuestionadas porque podrían favorecer principalmente a los grandes empresarios.
Por eso creo que en este momento de la historia se necesitan liderazgos de izquierda fuertes, con una personalidad política como la de Lula, que sepan enfrentar este escenario que estamos viendo en América Latina y también en Chile. Creo que, de alguna forma, al presidente Boric también le faltó ser más enérgico, no mostrarse tan distante o tan moderado durante los últimos años de su mandato, sino tener mayor firmeza.
Porque la ultraderecha está avanzando con mucha fuerza y, muchas veces, pareciera no importarle demasiado las contradicciones de su propio discurso ni las consecuencias que determinadas políticas pueden tener sobre miles de personas. De hecho, todo lo que el actual presidente Kast criticó del gobierno de Gabriel Boric se le está devolviendo. Y perfectamente hay una tensión entre el candidato José Antonio Kast y el presidente José Antonio Kast. Lo interesante es que parece no tener ningún contrapeso en el Congreso; es decir, puede hacer y deshacer. Y resulta que todo lo que él y su equipo están decidiendo hoy va a afectar al país, no solo ahora, sino también en el futuro.
Fabián Bustamante Olguín.
Académico del Departamento de Teología, Universidad Católica del Norte, Coquimbo

Felipe Portales says:
Es que precisamente el problema es que hoy -y desde hace mucho tiempo- no existe una auténtica izquierda o centro-izquierda en Chile, si entendemos por tales, partidos políticos de alguna relevancia que tengan la voluntad real de sustituir la obra económica de la «centro-izquierda» que, a su vez, complementó la obra refundacional de la dictadura. Porque ¡hasta 1990 no se había privatizado el 70% de la gran minería del cobre, ni el agua, ni los puertos, ni las autopistas, etc.! Porque ¡fueron los gobiernos de «centro-izquierda» (no la dictadura) los que con una política de asfixia económica lograron la desaparición de toda la numerosa prensa de centro-izquierda que existía en 1990 y que se creó después!; ¡y los que «neutralizaron» TVN a partir de una ley de 1992! ¡y los que procedieron a complementar la obra de la dictadura de destruir -¡y utilizando métodos corruptos!- hasta hoy a «Clarín». Porque, asimismo fueron los gobiernos de «centro-izquierda» -no la dictadura- los que rechazaron la invitación del Mercosur a integrar a Chile en dicho pacto, y procedieron, de manera solitaria y subordinada a integrarse a la globalización neoliberal, a través de múltiples tratados bilaterales de libre comercio que han consolidado el perfil extractivista de nuestra economía. Asimismo fueron ellos -no la dictadura- quienes le «perdonaron» a la banca la deuda subordinada y a las Isapres miles de millones de dólares. Y también fueron ellos quienes, en definitiva, legitimaron el saqueo de los fondos previsionales de las AFP que había establecido la dictadura; etc., etc.
Fabián Bustamante Olguín says:
Absolutamente de acuerdo. Yo creo que nadie está discutiendo eso, y esa ha sido la tesis que se ha planteado durante mucho tiempo: esta idea de que la «centroizquierda» (o como algunos otros llaman «centroderecha») terminó consolidando y profundizando el modelo neoliberal. Se esperaba… Bueno, en realidad tampoco se esperaba mucho del gobierno de Boric.
El neoliberalismo ha puesto los límites de las discusiones y, de alguna manera, se configuró como el «orden natural» de las cosas, algo que en realidad no es así. De hecho, el profesor Andrés Monares, que usted conoce bien y que fue colega mío en ETHICS de la Universidad de Chile, donde yo hice clases, ha desarrollado toda una argumentación al respecto, muy interesante, por cierto.
Entonces, la pregunta ¿por qué la izquierda, o las izquierdas, no se atreven a hacer políticas de izquierda?.
Felipe Portales says:
El gran problema -que siempre se está soslayando- es ¡que fue la «centro-izquierda», convertida en la práctica en derecha centro-izquierdista, la que ha legitimado, consolidado y profundizado el modelo neoliberal impuesto por la dictadura a través de sus seis gobiernos engañosos! Y como no ha habido una develación de este engaño desde la izquierda (la constatación pública del niño de que «el Rey está desnudo», de Andersen), el Rey todavía se pasea desnudo y campante por nuestro país intentando seguir engañando al pueblo chileno en el futuro…
Fabián Bustamante Olguín says:
Creo que lo que plantean el profesor Felipe Portales y Serafín, sí, lo comparto plenamente. De hecho, lo hablaba el otro día con unos colegas y el problema, claro, es que, a fin de cuentas, la moderación ha sido algo bastante costoso para la izquierda, no solamente en Chile, sino también a nivel mundial. Mientras tanto, la derecha se radicaliza cada vez más y pasa por encima incluso de las instituciones. De hecho, ahí la izquierda ha terminado adoptando la posición de defender las instituciones y el Estado de derecho. Esa es la tesis de un filósofo español, Carlos Fernández Liria.
Y también lo que decía Álvaro García Linera: la izquierda ya no está para la moderación, los tiempos no están para eso. No me acuerdo exactamente cómo lo planteaba, pero finalmente, en la práctica, en los hechos, como dice Serafín, han subsidiado socialmente el modelo.
Y creo que tampoco es un problema de diagnóstico. Hay un sobrediagnóstico; finalmente, se sabe bastante bien qué es lo que está pasando y cómo se pueden hacer las cosas, cómo se puede salir de esto. El tema es la voluntad política, y ahí es donde está el principal problema.
Felipe Portales says:
El caso de Chile es mucho más lamentable aún, porque nosotros desde la década de los 90 ya ni siquiera tenemos izquierda -¡y ni siquiera centro-izquierda!- si entendemos por tales, partidos políticos que busquen terminar realmente con el modelo neoliberal impuesto por la dictadura. Por el contrario, los seis gobiernos de «centro-izquierda» que hemos tenido desde 1990 han procedido a legitimar, consolidar y profundizar dicho modelo, con sus privatizaciones; Plan Laboral; AFP; Isapres; universidades privadas con fines de lucro; sistema tributario regresivo y que permite la «elusión» de los más ricos; máxima desigualdad en la distribución del ingreso; inserción solitaria y subordinada de nuestro país en la globalización neoliberal; etc., etc.
Serafín Rodríguez says:
Ni siquiera es una auténtica izquierda social pues todas sus políticas sociales sólo tienen por función morigerar las tensiones sociales que genera el modelo eonómico de modo que éste funcione mejor. En los hechos, son una forma de subsidiar socialmente al modelo.