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El octubrismo debe prolongarse

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El 18 de octubre de 2019 marca en la historia de Chile una fecha del más profundo significado: ese día empezó el estallido social, la expresión popular callejera más potente y multitudinaria que se recuerde en el país y que mantiene en alto las expectativas de las grandes mayorías por tiempos mejores.

Fue la ocasión en que a través de todo el territorio nacional millones de hombres y mujeres vulnerables salieron de un prolongado letargo y se volcaron a las calles a marchar como protesta por la pobreza y el abandono impuestos por el injusto sistema que viene de la dictadura, y para demandar de la autoridad política las necesarias oportunidades que permitan justicia y dignidad.

Exigiendo una nueva Constitución y un modelo de desarrollo democrático, se desató una extraordinaria manifestación de chilenos pobres, marginados y olvidados, sin casa y sin trabajo, que se movilizaron de manera espontánea sin intromisión ajena alguna, sin dirigentes ni partidos políticos, sino que solo la independencia y la voluntad del pueblo.

La rebeldía de las muchedumbres fue la respuesta a causas estructurales. Había un descontento sordo acumulado al paso de los años, desde la aplicación a rajatabla del modelo neoliberal más extremista del planeta. Ese descontento sin proyección política era necesario darlo a conocer frontalmente y sin tapujos.




Hubo un momento en que la poblacion desposeida decidió poner término a una larga época de atropellos, violación de los derechos escenciales, represion brutal aun despues de la dictadura, inseguridad e incertidumbre. A la vez, el repudio era por los latrocinios de todo tipo de grandes empresarios y políticos profesionales, como asimismo por la entrega del país a trasnacionales y la negación de la soberanía popular.

Las protestas comenzaron por las manifestaciones estudiantiles contra el alza del transporte público en Santiago. Rápidamente las movilizaciones se extendieron a todo el país y empezaron a registrarse masivamente con convicción, dejando a descubierto las mentiras e injusticias de un sistema que solo se preocupa de los ricos.

El rechazo al alza de las tarifas determinado por un «panel de expertos» pasó de un día para otro a un vigoroso rechazo al sistema antipopular. Chile se convirtió en una protesta global contra la desigualdad social, los salarios y pensiones miserables, y los deficientes servicios de salud, educación y transporte a los que con suerte tiene acceso la población.

Las manifestaciones fueron más allá y se extendieron contra el aumento de los cobros excesivos esenciales, la colusión de empresarios para subir artificialmente los precios, el endeudamiento usurero inducido por instituciones financieras y comerciales, la violencia y los abusos policiales. Los reclamos airados fueron también por la corrupción y privilegios de los políticos profesionales y un sinfín de males sociales que aquejan a sectores mayoritarios del país.

El poder del dinero se sintió amenazado y los poderosos retrocedieron. Posteriormente han querido agraviar y denostar a los manifestantes y hoy dicen que se trató de un «estallido delictual». Entre millones de personas que salieron a las calles era inevitable que algunos grupos minoritarios que nunca tuvieron nada cometieran saqueos y destrucción.

Nada justifica, sin embargo, que las violaciones de los derechos humanos volvieran a estremecer a Chile: la violenta represión de Carabineros y el Ejército ordenada por el gobierno piñerista costó la vida a 30 víctimas del sistema. Hubo además numerosos heridos, más de 400 personas con traumas oculares y una trabajadora y un estudiante (hoy parlamentarios) con ceguera total.

Al cumplirse siete años del estallido social, nada ha cambiado. No hay otra Constitución ni otro modelo económico y los superricos mantienen el control del país, más aún en un gobierno pinochetista como el actual, en que se han agudizado la desigualdad, la discriminacion y los abusos contra los pobres. Todo ello es un incentivo para seguir manifestándose.

El despertar del pueblo en octubre de 2019 fue un acontecimiento memorable de la historia de Chile. En octubre de 2026 y hacia adelante las movilizaciones populares masivas deben continuar, tras las soluciones sociales que están pendientes, por una sociedad de bienestar y en busca de una democracia plena.

 

Hugo Alcayaga Brisso
Valparaíso

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