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Profesores: un gremio que necesita un cambio radical

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A propósito de mi última columna referida a la situación que atraviesa el gremio de los profesores, numerosos docentes y algunos funcionarios exonerados, y otros aun trabajando en el edifico del Directorio Nacional, se han comunicado para entregarme sus opiniones y una que otra denuncia.

Me cuentan de la situación del Departamento de Jubilados y de la persecución de la que son víctimas al negárseles el ingreso al edificio gremial y salas para su reuniones. Esto hechos graves de discriminación son tolerados por dirigentes que se suponen deben defender los derechos de todos los docentes, en especial de los jubilados que suman casi la mitad del padrón gremial.

Otras voces temerosas ante las amenazas de los funcionarios de la administración se refieren a las conductas que limitan con la misoginia del presidente Aguilar si se considera  su manera de referirse a las profesoras, en especial, a aquellas que no coinciden con sus opiniones. Del mismo trato, coincidiendo, dicen ser objeto muchos funcionarias por parte de la administración que responde a la conducción de Aguilar.

Y los comentarios suman y siguen.




Pero más allá de estas denuncias y comentarios que develan la catadura de la actual directiva gremial, hay hechos que, en otro plano, muestran que efectivamente el Colegio de Profesores no está en sintonía con lo que sucede un poco más allá.

En particular, la escasa representación que las profesoras tienen en el gremio a pesar de ser más del setenta por ciento de quienes están colegiados.

Jamás una profesora ha presidido al gremio. Y no ha sido porque no haya docentes capacitadas y con la decisión de tomar el timón del Colegio.

Algo pasa en los profesores de base que los lleva a elegir a dirigentes que, si se miran de cerca, están incapacitados para representar a un sector tan importante de trabajadores. Los profesores y profesoras, sometidos a un sistema que tiende a culparlos de todos los males del sistema educacional, presionados por lo que sucede más allá de sus aulas en términos del avance de la delincuencia y la inseguridad y sufriendo legislaciones lacerantes e injustas, han perdido la garra que históricamente tuvieron para la defensa de sus derechos.

¿Por qué a los profesores no los respeta casi nadie? ¿Por qué su día pasa inadvertido sin que la sociedad toda los celebre? ¿Por qué siempre son los culpables de todos los males que afectan al sistema educativo?

Porque los profesores y profesoras ya no pelean por sus derechos. No se hacen respetar.

En manos de dirigentes pusilánimes y sin el valor necesario para disponer al gremio en condiciones de luchar por lo que les corresponde, deben asumir políticas castigadoras como la Evaluación Docente, negociaciones mezquinas, soluciones paupérrimas como el caso de la Deuda histórica, horarios que no respetan el límite de cuarenta horas, y trabajar sometidos al temor de despidos y sumarios, y la pauperización acelerada de la educación pública, sumadas a las advertencias del siniestro ministro Quiroz de despidos de docentes, mientras Aguilar sale a pasear a Valparaíso con sus amigos.

En el sistema escolar hay cerda de 270.000 docentes de las cuales 196.200 son mujeres, es decir, el 73.8%. En el gremio docente las cifras son más escuálidas pero se mantiene el porcentaje de mujeres profesoras asociadas.

No harían mal los votantes al optar por una profesora con la porfía, la audacia y las fuerza necesaria para enfrentar una situación que requiere otra mirada, otro criterio y otra fuerza.

Si los y las  docentes quieren comenzar a cambiar la cosas, deben comenzar por cambiar las razones por las que se inclinan al momento de elegir las directivas. Precisamente en esta hora, se necesita crear conciencia de la necesidad de pelear por los derechos ganados y ponerse a salvo de las amenazas y peligros.

Jamás los avances por muy mínimos, han sido regalados por la buena voluntad de los patrones o los gobernantes.

Salvar al gremio y defender los derechos amenazados a los profesores y profesoras y los peligros terminales en los que está la educación pública, pasa por cambiar a dirigentes de valer, porfiados, decididos, que sirvan a sus colegas y no utilicen el gremio para sus propios interés.

Parta por decidir por una colega para hacer la diferencia. A mis amigas profesoras y profesores les pido votar por la profesora Daniela Vásquez, hija de profesores y que ya ha hecho una experiencia como dirigenta y que aportará la mirada de la mujer profesora, su decisión y valentía.

 

Ricardo Candia Cares

 

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