Economía y Mercados en Marcha

¿Quién gana con el nuevo presupuesto?

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Como consecuencia de todas y cada una de las grandes decisiones políticas y económicas que se toman en un país, hay sectores que salen beneficiados y otros que salen perjudicados. Es altamente improbable que las decisiones económicas y políticas que se toman en una sociedad sean neutrales, en el sentido de que dejan a todos los sectores en el mismo nivel relativo de satisfacción y de bienestar. La política – y en particular la política económica – no es nunca una idílica e idealista confrontación de ideas, sino que es siempre una lucha por una mejor distribución del ingreso, de la riqueza o del poder entre los diferentes sectores que conforman una sociedad.

El presupuesto para el año 2027 —presentado por el Ejecutivo para ser considerado por el Congreso— tiene consideraciones sobre ingresos y gastos a realizar durante el próximo año que implican ganancias para algunos y pérdidas para otros. Es importante, por lo tanto —para complementar la enorme cantidad de ideas, reflexiones, comentarios y cálculos que se han hecho con relación a ese documento—, agregar algunos breves antecedentes sobre quién gana y quién pierde con la eventual implementación de los gastos contemplados en el presupuesto presentado, todo lo cual es central para visualizar el alma y el sentido primero y último de la política allí planteada. Lo mismo hay que hacer, en otro posterior artículo como este, sobre lo contemplado en el presupuesto en materia de ingresos.

Para este efecto de analizar la política de gastos nos basaremos en un importante estudio presentado recientemente por la Fundación Horizonte Ciudadano y en algunos antecedentes adicionales recogidos por la organización periodística CIPER. En esos estudios se plantea que hay 48 programas sociales, encaminados actualmente a apoyar a poblaciones vulnerables —especialmente en materia de educación, infancia y subsidios al empleo—, que ven disminuidos o sencillamente suprimidos sus presupuestos para el próximo año. El total de esas disminuciones suma 325 mil millones de pesos. Entre los ministerios, organismos estatales o programas disminuidos podemos mencionar, a modo de ejemplo, los siguientes: Instituto de Desarrollo Agropecuario (Indap), Servicio Nacional de la Mujer y la Equidad de Género, Instituto de Previsión Social, Subsecretaría de Vivienda y Urbanismo, Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas, Junta Nacional de Jardines Infantiles, Instituto Nacional de la Juventud y muchas otras instituciones o programas específicos.

Además, se puede mencionar —ya fuera de los 48 programas sociales que ven disminuidos sus ingresos— la eliminación del programa Yo elijo mi PC y del apoyo y financiamiento a los Liceos Bicentenarios, junto a menores aportes para el desarrollo regional —por medio de menores aportes a las gobernaciones—, menores recursos para programas de cuidado del medio ambiente y menores aportes para la investigación científica —un 10 % menos para las universidades estatales—, la cultura y el deporte.




¿Quién gana y quién pierde con todos esos recortes?

Pierden los sectores socialmente más débiles dentro de la sociedad chilena, que tendrán que prescindir de muchos de los programas sociales mencionados, o recibirlos en menor calidad y cantidad, o pagar por ellos a proveedores privados.

Ganarán ciertos sectores empresariales que podrán ocupar espacios en el mercado privado para proveer los servicios que deja de prestar el Estado y/o que esperan tributar menos en la medida que los gastos a financiar sean menores. Ganarán, o creen que ganarán, los que aspiran a contar para sus negocios con un volumen importante de mano de obra barata y con poca capacitación, sin darse cuenta de que la sociedad que se viene, en Chile y en el mundo, demandará un capital humano cada vez más capacitado y educado.

También se pretende, con las medidas presupuestarias comentadas, darle curso a una visión ideológica encaminada a reducir el tamaño del Estado. El alto empresariado de este país, opta, casi suicidamente, por ser poderoso en un Chile cada vez más pequeño y empobrecido, centrado en la producción de bienes primario-exportadores, y sin gloria ni poder en el campo de la economía, de la política ni de la cultura.

 

Sergio Arancibia

 

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