Ciencia y Tecnología Informaciones Política Global Tendencias

Pekín : En la Cumbre Mundial de Medios, entre promesa tecnológica y responsabilidad

Tiempo de lectura aprox: 5 minutos, 47 segundos

La irrupción de la inteligencia artificial está redefiniendo el periodismo, la circulación de la información y el equilibrio del poder global. En la Cumbre Mundial de Medios celebrada en Pekín, responsables de medios y organismos internacionales debatieron una cuestión central: cómo aprovechar el potencial de la IA sin sacrificar la verdad, la diversidad cultural y la responsabilidad humana.

Entre los cientos de directivos de medios, responsables políticos, investigadores y representantes de organizaciones internacionales reunidos en Pekín para la séptima edición de la Cumbre Mundial de Medios (World Media Summit), una cuestión dominó todas las demás: ¿cómo gobernar una tecnología que ya está transformando nuestra relación con la información antes incluso de que las sociedades hayan definido sus reglas? El lema oficial del encuentro, «Medios en la era inteligente: del consenso a la acción», podría parecer una fórmula habitual de las conferencias internacionales. Sin embargo, detrás de esa expresión consensual se esconde un debate de enorme alcance: ¿quién controlará la inteligencia artificial aplicada a la información, bajo qué normas y en beneficio de quién?

A través de los discursos de Fu Hua, presidente de la agencia china Xinhua, y de Tatiana Valovaya, directora general de la Oficina de las Naciones Unidas en Ginebra, emergieron dos visiones del futuro de los medios. Ambas coinciden en un punto esencial: la inteligencia artificial se ha convertido en un hecho político de primer orden.

Más allá de la revolución tecnológica

Desde hace años, las grandes plataformas digitales han alterado profundamente la economía de la información. Con la irrupción de los sistemas generativos capaces de redactar textos, crear imágenes o resumir miles de documentos en cuestión de segundos, el cambio de escala es radical. La transformación afecta ya a toda la cadena mediática: recopilación de información, producción de contenidos, distribución y gestión editorial.

Para Fu Hua, esta mutación representa ante todo una oportunidad histórica. Citando un verso clásico chino, comparó el desarrollo de la inteligencia artificial con un fenómeno natural repentino: «Como si una brisa primaveral hubiera barrido la noche y miles de perales florecieran de golpe». La imagen es reveladora. La IA aparece como una fuerza de renovación capaz de aumentar la productividad, diversificar las narrativas y ampliar el acceso a la información.

En esta visión, el periodista del futuro será fortalecido por la máquina. Xinhua incluso propone crear «una nueva generación de periodistas potenciados por la inteligencia artificial». La agencia china presentó sus propias herramientas, como el asistente inteligente Xinhua Yudian y el sistema News Co-pilot, concebidos para la verificación de datos, la investigación documental y la redacción asistida.

Sin embargo, el entusiasmo tecnológico no elimina las interrogantes fundamentales. Porque la automatización de la información plantea una cuestión antigua bajo una forma inédita: ¿cómo preservar la verdad en un universo donde la capacidad de producir contenidos falsos se vuelve prácticamente ilimitada?

La integridad de la información como bien público mundial

Es precisamente en este punto donde la intervención de Tatiana Valovaya introduce una dimensión 7política y ética. «¿Cómo garantizar que la inteligencia artificial esté al servicio de la humanidad?», preguntó al inicio de su discurso. La pregunta parece sencilla. En realidad, se encuentra en el centro de todos los debates contemporáneos sobre las tecnologías digitales.

Para la responsable de Naciones Unidas, el principal desafío no es únicamente la innovación, sino la preservación de la integridad de la información y de la confianza pública. Recordó que la inteligencia artificial puede ayudar a los periodistas a analizar datos complejos, superar barreras lingüísticas y llegar a nuevas audiencias. Pero también puede hacer que resulte más difícil distinguir un contenido auténtico de uno fabricado o manipulado.

Esta observación toca uno de los grandes dilemas de nuestra época. Cuanto más avanzan las tecnologías para producir información, más complejo se vuelve garantizar su autenticidad. La crisis actual no es solamente una crisis de desinformación. Es una crisis de la propia capacidad de distinguir entre verdad y falsedad.

En ese contexto, el llamado de Naciones Unidas a reforzar la transparencia, la verificación y la rendición de cuentas va mucho más allá del ámbito periodístico. Afecta directamente al funcionamiento de las democracias contemporáneas.

El riesgo de un nuevo orden informativo desigual

Otra de las grandes preocupaciones expresadas en Pekín estuvo relacionada con la distribución mundial del poder tecnológico.

La inteligencia artificial depende de infraestructuras gigantescas: capacidad de cálculo, centros de datos, enormes corpus lingüísticos e inversiones multimillonarias en investigación. En la actualidad, la mayor parte de estos recursos permanece concentrada en un número reducido de países y empresas.

Tatiana Valovaya advirtió contra esta concentración. Según señaló, los beneficios de la IA «no deben quedar concentrados en unos pocos países o comunidades». Los países en desarrollo necesitan acceso a infraestructuras digitales, capacidad computacional y formación para poder participar efectivamente en esta transformación tecnológica.

El riesgo es que la inteligencia artificial reproduzca o incluso profundice los desequilibrios históricos entre el Norte y el Sur global. Por ello, numerosos participantes insistieron en la necesidad de compartir recursos lingüísticos, herramientas editoriales y programas de capacitación que permitan evitar una nueva dependencia tecnológica.

Esta dimensión geopolítica resulta fundamental. Detrás de los debates técnicos también se juega la jerarquía futura de las potencias. Quienes controlen las infraestructuras de la inteligencia artificial influirán igualmente en los relatos dominantes, las lenguas visibles y los conocimientos accesibles.

La diversidad cultural bajo el filtro de los algoritmos

Otra cuestión atravesó discretamente las discusiones: ¿la inteligencia artificial favorecerá una mayor diversidad cultural o conducirá a una homogeneización global de los relatos?

El interrogante no es menor. Las tecnologías de generación automática permiten traducir contenidos, multiplicar formatos y acelerar la circulación transnacional de la información. Sin embargo, también existe el riesgo de que las diferencias culturales queden subordinadas a modelos dominantes producidos en unos pocos centros tecnológicos.

Para Tatiana Valovaya, la IA debe reflejar «la diversidad lingüística y cultural del mundo» y no profundizar las desigualdades existentes.

Esta preocupación coincide con las críticas formuladas por numerosos investigadores. Los grandes modelos de inteligencia artificial son entrenados principalmente con corpus dominados por determinadas lenguas, referencias culturales y visiones del mundo. El riesgo, por lo tanto, no se limita a una dominación económica, sino que incluye una creciente estandarización cultural.

¿Quién cuenta el mundo? ¿Desde qué idioma? ¿A partir de qué referencias? Son preguntas que antes se planteaban respecto de las agencias internacionales de noticias y las industrias culturales, y que hoy se trasladan a la arquitectura de los algoritmos.

Una gobernanza todavía incierta

La cumbre insistió repetidamente en la necesidad de construir una gobernanza internacional de la inteligencia artificial.

Según Tatiana Valovaya, esta gobernanza debe ser inclusiva, basada en la ciencia y anclada en el derecho internacional y los derechos humanos. Recordó además la postura del secretario general de la ONU, António Guterres, según la cual las oportunidades y riesgos de la IA son demasiado importantes para quedar en manos de un pequeño número de países o empresas.

En los distintos paneles también surgieron propuestas sobre transparencia algorítmica, etiquetado de contenidos sintéticos, trazabilidad de la información, seguridad de los datos y mecanismos de supervisión.

Sin embargo, más allá del consenso general, los contornos de esta gobernanza siguen siendo imprecisos. ¿Quién definirá las normas? ¿Qué mecanismos de control existirán? ¿Cómo se arbitrarán los conflictos entre seguridad, libertad de expresión y soberanía tecnológica?

Por ahora, esas preguntas siguen abiertas.

El desafío ético: preservar la responsabilidad humana

Quizás la frase más importante de toda la cumbre fue pronunciada casi de manera discreta:

«La inteligencia artificial puede asistir el juicio humano, pero no puede sustituir la responsabilidad humana».

Esta afirmación de Tatiana Valovaya resume el núcleo del desafío ético al que se enfrentan hoy los medios de comunicación.

La ilusión más frecuente consiste en presentar la inteligencia artificial como una tecnología neutral. Sin embargo, los sistemas algorítmicos siempre incorporan decisiones humanas: qué contenidos priorizar, qué criterios utilizar, qué datos recopilar, qué idiomas privilegiar y qué objetivos perseguir.

En otras palabras, la automatización nunca elimina la responsabilidad humana; simplemente la desplaza.

Desde otra perspectiva, Fu Hua también reconoció los límites de la tecnología al recordar que «la inteligencia artificial no tiene piernas. No puede acudir al lugar de los acontecimientos». Además, advirtió sobre riesgos concretos como las alucinaciones algorítmicas, la contaminación de los corpus de datos y las vulnerabilidades de los sistemas.

Este reconocimiento resulta significativo. Incluso entre los defensores más entusiastas de la inteligencia artificial existe hoy una conciencia creciente de que la información no puede reducirse a un cálculo probabilístico. El reportaje, la investigación de campo, la observación directa y la verificación independiente siguen siendo irremplazables.

Del consenso a la acción

El lema del encuentro invitaba a pasar «del consenso a la acción». Pero tal vez la verdadera cuestión no sea la acción en sí misma, sino su orientación.

La inteligencia artificial ofrece posibilidades inéditas para la producción y circulación del conocimiento. Puede reducir ciertas barreras lingüísticas, democratizar algunos accesos a la información y apoyar el trabajo periodístico. Pero también puede reforzar las asimetrías de poder, acelerar la difusión de contenidos engañosos y erosionar aún más la confianza pública.

En Pekín, los representantes de los grandes medios del mundo parecieron coincidir en una idea fundamental: el futuro no será determinado únicamente por la tecnología.

Como recordó Tatiana Valovaya: «El futuro de la inteligencia artificial no será moldeado solo por la tecnología, sino por las decisiones que tomemos y las responsabilidades que compartamos».

Y acaso ahí resida la verdadera dimensión política del debate. La inteligencia artificial no es solamente una innovación tecnológica. Es una cuestión de poder, de justicia y de responsabilidad colectiva. Cuanto más inteligentes se vuelven las máquinas, más urgente se vuelve para las sociedades responder a una exigencia paradójica: recuperar plenamente la responsabilidad sobre sus propias decisiones.

En la era de los algoritmos, la gran pregunta ya no es qué puede hacer la inteligencia artificial, sino qué usos estaremos dispuestos a aceptar en nombre de la humanidad, la democracia y la verdad.

Autor

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Memoria, documentos y archivos históricos de la Fundación Presidente Allende

Historia y litigio por la confiscación de El Clarín

 Proceso judicial y antecedentes del caso Pinochet

Proceso en España a los crímenes de la dictadura

 Entrevistas, escritos y discursos de Salvador Allende

 Fondos recuperados del caso Riggs destinados a víctimas de la dictadura

El Clarín de Chile · Aviso legal Privacidad Política de cookies
Danzai Software