
Perú frena a Kast y pone límites a su ofensiva migratoria regional
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La estrategia del presidente electo José Antonio Kast para instalar una agenda migratoria dura a escala regional acaba de encontrar su primer límite concreto. Esta semana, el mandatario interino de Perú, José Jerí, descartó de manera explícita la idea de un “corredor humanitario” impulsado por Kast, mecanismo que buscaba coordinar entre países sudamericanos la expulsión de migrantes en situación irregular.
La negativa peruana no es un detalle menor ni un simple matiz técnico. Ocurre apenas días después de la reunión sostenida en Lima entre ambos líderes, donde se habló de “profundas coincidencias” en materias como seguridad, crimen organizado y control migratorio. El giro de Jerí, expresado ahora en entrevista con CNN en Español, revela las tensiones reales que genera el intento de Kast por liderar una política migratoria regional de corte abiertamente punitivo.
El corredor que no fue
En sus declaraciones, el mandatario peruano fue claro: la alternativa del corredor humanitario fue conversada, evaluada y finalmente descartada. “Yo no puedo permitir que ingresen de forma irregular migrantes a nuestro país”, afirmó Jerí, subrayando que Perú no está dispuesto a convertirse en territorio de tránsito forzado para expulsiones masivas definidas por otros gobiernos.
El mensaje apunta directamente al corazón de la propuesta de Kast. La idea del corredor —presentada bajo un lenguaje humanitario— implica, en los hechos, trasladar poblaciones migrantes a través de fronteras nacionales, reforzando una lógica de externalización del problema: empujar a otros países lo que cada Estado no quiere resolver dentro de sus propios márgenes.
Para Perú, país que ya enfrenta tensiones sociales, económicas y de seguridad vinculadas a la migración, aceptar un mecanismo de ese tipo significaría profundizar la vulneración de sus propias fronteras y asumir costos políticos internos difíciles de manejar.
Seguridad, migración y discurso
Jerí no negó la existencia del problema migratorio ni su vínculo con la inseguridad, un punto clave del relato de la derecha regional. Sin embargo, al cerrar la puerta al corredor, marcó una diferencia sustantiva: una cosa es coordinar controles fronterizos y otra muy distinta aceptar esquemas de expulsión transnacional que, en la práctica, desdibujan la soberanía de los países de tránsito.
Este matiz expone una contradicción en la narrativa de Kast. Mientras el presidente electo chileno habla de soberanía, orden y control, su propuesta de corredores implica acuerdos que subordinan decisiones nacionales a una lógica regional diseñada desde una posición de fuerza. En otras palabras, se reclama soberanía hacia adentro, pero se la relativiza cuando se trata de imponer soluciones hacia afuera.
Un liderazgo en disputa
El episodio peruano se suma a una secuencia de movimientos internacionales de Kast —visitas a Argentina, Ecuador y ahora Perú— con los que busca consolidarse como referente de una ultraderecha latinoamericana alineada con los discursos de Donald Trump y Javier Milei. Migración, seguridad y “mano dura” aparecen como los ejes articuladores de ese proyecto.
Sin embargo, la respuesta de Perú muestra que ese liderazgo no es automático ni homogéneo. Incluso gobiernos conservadores o de transición, como el de Jerí, ponen límites cuando perciben que una propuesta puede generar más inestabilidad que soluciones.
La región no es un tablero ideológico uniforme. Las realidades migratorias son distintas, los costos políticos internos también, y no todos están dispuestos a asumir el rol de “país amortiguador” de expulsiones definidas desde otro Estado.
El trasfondo regional
La discusión ocurre en un contexto particularmente delicado. América del Sur enfrenta flujos migratorios sin precedentes, impulsados por crisis económicas, políticas y humanitarias, especialmente desde Venezuela. Frente a ese escenario, la ausencia de una política regional basada en derechos humanos ha abierto espacio para respuestas unilaterales, securitizadas y crecientemente represivas.
Kast intenta capitalizar ese vacío con una narrativa de orden, pero el caso peruano demuestra que la coordinación regional no puede imponerse solo desde el miedo o la coerción. Incluso desde una lógica conservadora, los Estados buscan preservar márgenes de decisión propios y evitar escenarios que agraven conflictos internos.
Una señal temprana
Que este freno ocurra antes de que Kast asuma formalmente la Presidencia es significativo. Anticipa las dificultades que enfrentará para convertir su discurso internacional en políticas efectivas y evidencia que su proyecto de bloque ultraderechista regional tiene fisuras desde el inicio.
Lejos de una convergencia automática, lo que emerge es un mapa fragmentado, donde la coincidencia retórica en seguridad no siempre se traduce en acuerdos operativos. Perú, al menos por ahora, ha marcado una línea roja.
El episodio deja una pregunta abierta: ¿hasta dónde están dispuestos a llegar los gobiernos de la región en nombre del control migratorio? La respuesta peruana sugiere que incluso quienes comparten diagnósticos duros no necesariamente aceptarán soluciones que comprometan su soberanía y estabilidad interna. En ese terreno, el proyecto regional de Kast empieza a mostrar sus primeros límites.






Felipe Portales says:
Y aunque hubiera estado de acuerdo Perú, el diseño de Kast era absurdo: Ni Colombia ni Venezuela lo hubiesen aceptado.
Serafín Rodríguez says:
El argumento de la soberanía es falso pues si hubiera un acuerdo soberano entre los países involucrados no habría violación de su soberanía. Esto es una cuestión de lógica. Otra cuestión es la implementación práctica, la logística, del corredor de marras; vale decir, todo lo que involucra el traslado de migrantes «en tránsito» con la gran piedra de tope en Colombia que tiene al menos 2.8 millones de migrantes venezolanos. Ningún país va a aceptar más migrantes indocumentados de los que tiene sin certeza ni los medios que garanticen su salida. Kast simplemente no pensó nada de esto. Todo lo demás que se diga es conversación para un café con piernas.