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Shield of the Americas y el dilema que enfrenta Kast: alineamiento político y dependencia comercial

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La participación del presidente electo José Antonio Kast en la cumbre “Shield of the Americas”, el próximo 7 de marzo en Estados Unidos, marca algo más que un viaje protocolar antes de asumir el 11 de marzo. Se trata de una señal política nítida en medio de la tensión abierta entre Washington y Santiago tras la revocación de visas a tres altos funcionarios del gobierno de Gabriel Boric por su participación en conversaciones con China para el desarrollo de un cable submarino entre Valparaíso y Hong Kong.

El encuentro se realizará en el Trump National Doral Miami y reunirá a líderes latinoamericanos de ultraderecha como Javier Milei, Nayib Bukele y Santiago Peña. La agenda oficial habla de seguridad, inmigración ilegal, terrorismo e “interferencia extranjera en el hemisferio”. En el contexto actual, esa interferencia tiene un nombre: China.

La asistencia de Kast —junto a su futuro canciller, Francisco Pérez Mackenna (que evitó referirse al retiro de las visas), y parte de su equipo estratégico— se produce días después del duro comunicado del Departamento de Estado que no solo anunció la revocación de visas, sino que criticó directamente al gobierno saliente y expresó su expectativa de avanzar en prioridades comunes con la “nueva administración Kast”. La interpretación política es inevitable: Washington envió una advertencia al gobierno que se va y una invitación implícita al que llega.

La lectura de la derecha y el alineamiento

En Chile, la reacción de la derecha frente a la sanción estadounidense no fue la defensa de la libertad soberana del país para negociar con quien estime conveniente, bajo las reglas del libre mercado y el multilateralismo —pilares históricos de la política económica chilena durante más de 30 años—, sino la crítica al gobierno por haber “manejado mal” la relación con Estados Unidos y por haber negociado con China en un ámbito sensible.




El eje argumental opositor asumió como válida la preocupación de Washington y trasladó el foco hacia la responsabilidad del Ejecutivo saliente. En ese marco, la participación en Shield of the Americas aparece como la confirmación de un alineamiento político explícito con la agenda hemisférica de Donald Trump.

Algunos analistas han descrito este momento como una relectura contemporánea de la doctrina Monroe: América Latina concebida como área de influencia estratégica frente al avance chino. El comunicado del Departamento de Estado habló de “socavar la seguridad regional” y de proteger los intereses de Estados Unidos en el hemisferio. No es solo retórica diplomática; es un posicionamiento geopolítico.

La pregunta que surge es qué implica este alineamiento para la política exterior chilena. ¿Se trata de un gesto táctico para recomponer relaciones o del inicio de una redefinición estratégica?

El dilema económico: China como socio central

El problema es que la política no siempre se alinea con la economía.

China es hoy el principal socio comercial de Chile. Supera a Estados Unidos como destino de exportaciones en prácticamente todos los rubros relevantes, especialmente en cobre, litio y productos agroindustriales. Chile mantiene un superávit comercial con Beijing, lo que significa que vende más de lo que compra.

En importaciones, la dependencia de China es también evidente. En 2024, las compras chilenas desde China alcanzaron aproximadamente el 24 % del total de importaciones del país. China es el principal proveedor de bienes manufacturados, tecnología, componentes industriales y bienes intermedios clave para la minería y la construcción. La competitividad de precios reduce costos para empresas y consumidores chilenos.

Estados Unidos ocupa el segundo lugar como proveedor de importaciones, con fuerte presencia en energía, maquinaria, equipos tecnológicos, vehículos e insumos mineros. El Tratado de Libre Comercio bilateral ha sido fundamental en este intercambio. Sin embargo, las exportaciones chilenas hacia Estados Unidos han enfrentado tensiones derivadas de los aranceles globales impulsados por la administración Trump.

Paradójicamente, aunque China es el principal socio comercial, no es un inversionista dominante en Chile. Ha realizado inversiones en energía, minería e infraestructura, pero sus montos son relativamente menores frente a capitales provenientes de otros países occidentales.

La ecuación es compleja: Chile depende comercialmente de China para exportar y para abastecer su mercado interno, mientras mantiene con Estados Unidos vínculos estratégicos, financieros y políticos profundos.

El alineamiento político con Washington puede tener costos si se traduce en restricciones o enfriamiento de la relación con Beijing. En un mundo ideal, la diversificación permitiría equilibrar intereses. Pero en un escenario de competencia creciente entre potencias, los márgenes se estrechan.

El proyecto de cable submarino con China se transformó en símbolo de esta tensión. Para Washington, la infraestructura digital es un asunto de seguridad hemisférica. Para Santiago, es una decisión de conectividad estratégica y desarrollo tecnológico.

La asistencia de Kast a Shield of the Americas, en medio de la controversia, será interpretada como una definición temprana. ¿Buscará reafirmar autonomía y diversificación o consolidará un alineamiento pleno con la agenda de seguridad estadounidense?

Contexto político regional

El foro en Miami reunirá a presidentes abiertamente identificados con la derecha regional. El objetivo declarado es delinear estrategias conjuntas frente al crimen organizado, la inmigración ilegal y la interferencia extranjera. La coincidencia ideológica refuerza la percepción de un bloque político hemisférico.

El excanciller Ignacio Walker ha advertido que Chile deberá decidir si actúa en defensa de su autonomía o si adopta una postura subordinada a la lógica “America First”. Por su parte, el senador Juan Ignacio Latorre planteó que el presidente electo debería defender la soberanía nacional frente a presiones externas.

Más allá de las posiciones partidarias, el trasfondo es estructural: América Latina vuelve a ser escenario de competencia estratégica entre grandes potencias. El lenguaje del Departamento de Estado, la participación en Shield of the Americas y la reacción interna configuran un cuadro donde comercio, tecnología y política exterior convergen.

Chile construyó su modelo de desarrollo sobre la apertura simultánea a múltiples mercados. La incógnita es si esa lógica puede sostenerse en un entorno donde las potencias demandan definiciones.

El dilema no es abstracto. Se traduce en exportaciones de cobre y litio, en importaciones de maquinaria y tecnología, en infraestructura digital y en la capacidad de decisión soberana. El 11 de marzo comenzará una nueva administración, pero el desafío ya está planteado: cómo equilibrar alineamiento político y dependencia comercial en un hemisferio en disputa.

Simón del Valle



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Simon Del Valle

Periodista

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