Poder y Política

Insulza y Heine advierten sobre riesgos de alineamiento anti-China del futuro gobierno

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En una columna publicada en El Mercurio titulada “Chile, en la actual coyuntura internacional”, el senador socialista y excanciller José Miguel Insulza y el exministro y exembajador en China Jorge Heine plantean una crítica directa a la posibilidad de que el futuro gobierno chileno se alinee con una estrategia impulsada por el expresidente estadounidense Donald Trump para contener la influencia de China en América Latina.

El eje de su planteamiento es claro: en un escenario internacional marcado por la incertidumbre y la creciente rivalidad entre Washington y Beijing, Chile debe preservar una política exterior equilibrada y evitar integrarse a una campaña anti-China que podría dañar intereses estratégicos del país.

La cumbre en Doral y la señal política

Los autores aluden a la convocatoria realizada por Trump a líderes latinoamericanos afines en Doral, Florida, en la que participaría el Presidente electo de Chile, José Antonio Kast. Según señalan, el propósito del encuentro sería articular una estrategia regional para reducir la presencia de China en América Latina y reforzar un respaldo hemisférico frente a una eventual reunión entre Trump y el presidente chino.

Insulza y Heine advierten que, si bien Chile ha mantenido históricamente excelentes relaciones con Estados Unidos y un vínculo fluido con Washington resulta fundamental, ello no debe traducirse en una adhesión automática a una agenda de confrontación con China.




La importancia estratégica de China

En su análisis, recuerdan que cerca del 40% de las exportaciones chilenas se dirigen a China, que hoy es el principal socio comercial del país. El comercio bilateral alcanza cifras cercanas a los US$ 60 mil millones, multiplicando por ocho el intercambio registrado al momento de la firma del Tratado de Libre Comercio entre ambos países.

Además, destacan que Chile fue pionero en la región en establecer relaciones diplomáticas con la República Popular China en 1970, en apoyar su ingreso a la OMC y en reconocerla como economía de mercado. También subrayan la magnitud de las inversiones chinas en el país y el carácter estratégico de ese vínculo.

A su juicio, asumir posiciones anti-China bajo la lógica de bloques geopolíticos desconoce la naturaleza de las relaciones internacionales contemporáneas y podría traer consecuencias negativas para Chile.

Un equilibrio necesario

El principal desafío para la diplomacia del gobierno entrante, sostienen, será mantener un “sano equilibrio” entre Washington y Beijing. Esto implica continuar una política de relaciones abiertas con todos los países, sin formar alianzas dirigidas contra alguno de ellos.

Los firmantes advierten que las relaciones comerciales con China no pueden separarse artificialmente de las relaciones políticas, y que el vínculo bilateral con Beijing es el resultado de más de cinco décadas de construcción diplomática.

En ese contexto, estiman que sumarse a estrategias diseñadas para aislar o confrontar a China sería un error estratégico. “En momentos de alta incertidumbre, hacer apuestas osadas que pongan en peligro una relación de 55 años con la segunda mayor economía del mundo sería imprudente y dañino para nuestro país”, sostienen.

No Alineamiento Activo

Insulza y Heine enmarcan su planteamiento en la doctrina del “No Alineamiento Activo”, que Chile ha practicado durante las últimas décadas en la relación entre sus principales socios comerciales. Según argumentan, esa estrategia ha permitido al país beneficiarse tanto de sus vínculos con Estados Unidos como con China, sin verse arrastrado a disputas geopolíticas mayores.

Si bien reconocen que el escenario internacional actual es más exigente y complejo que en el pasado, insisten en que precisamente por ello se requiere prudencia estratégica. Para los autores, el interés nacional de Chile pasa por preservar su autonomía en política exterior y evitar definiciones que comprometan su inserción económica global.

La columna concluye con una advertencia política y diplomática: cualquier alineamiento automático en una campaña anti-China no solo sería innecesario, sino potencialmente perjudicial para el desarrollo y la estabilidad del país en el largo plazo.



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