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Si reducen el gasto público se cae la economía

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La prédica de la nueva administración es seguridad y reducción del gasto público. 

En el tema de seguridad pueden seguramente obtener créditos, pues los crímenes en general vienen ya a la baja y sólo tendrán que actualizar cifras y adjudicarse victorias ajenas. Claro que todo vendrá acompañado de un circo montado con gran despliegue de fuerzas uniformadas resonando sirenas y exhibiendo todo un arsenal de tanquetas y armamento de última generación. Todo para crear una sensación de seguridad que ellos mismos, a través de la televisión, convirtieron en una paranoia nacional. 

Pero en el tema económico si que se les pinta el cielo de nubarrones grises. 

Si aplican lo que proponen, es decir, recortar el gasto público y reducir impuestos al capital ( a los más ricos), tendremos una caída de la actividad económica muy seria y prolongada. 




Primero, porque está archidemostrado que sí se rebajan impuestos a los ricos  no se reactiva la economía, sino que se profundiza la desigualdad, y en un país con un nivel de desigualdad similar a las sociedades sauditas, sería como meter acelerante a un incendio ya en curso. 

Segunda conclusión: la reducción del gasto público, en un Chile que viene siendo mantenido con la cabeza a flote y respirando gracias al gasto publico, si le quita ese flotador o lo desinfla, la cabeza de ese cuerpo económico quedará sumergida bajo el agua, es decir en recesión o crecimiento cero. 

Porque el diagnóstico económico de este nuevo gobierno (como de todos los gobiernos de derecha) está mal concebido. El Estado chileno no tiene un exceso de gasto, por el contrario, su gasto está 10 puntos por debajo de lo que debiera ser dado su nivel de ingreso en el PIB. De hecho, Chile tiene un gasto de cerca del 20% del PIB, debiendo ser a estas alturas más cercano al 30%. 

Como se sabe, toda sociedad que alcanza cierto grado de tamaño económico, es más compleja y requiere de más servicios y por tanto de mayor inversión pública en infraestructura y en lo social: salud, educación, ciencia, industria, seguridad, justicia. 

Hablar de que existe un excesivo gasto público en el caso de Chile, es estar muy perdido, o muy cegado por una ideología que tiraniza a la razón. 

Lo que existe sí, es un déficit público, que viene acumulándose desde el año 2007. Se disparó por el terremoto del 2010 ( gobierno de Piñera), volvió a incrementarse por la pandemia (gobiernos de Piñera y Boric). 

Recortar el gasto público significaría quitar ingresos a la economía, provenientes de la demanda que genera ese sector, lo que se sumaría a la escasez de inversión privada, desde hace una década. Lógicamente eso llevaría a un estrangulamiento de la actividad económica. Lo que es absurdo, ya que Chile viene superando, pasó a paso, el estrés económico generado por la pandemia y los bajos precios de las materias primas desde el año 2013. 

Chile no requiere políticas de ajuste fiscal, más bien requiere mayor recaudación fiscal desde los sectores que se llevan el 50% del ingreso y sólo contribuyen con el 10% de lo recaudado por el Fisco. 

Chile requiere mayor expansión y diversificación de su economía, y eso se logra con algo que nos falta, la industrialización. Si no damos el salto de pasar de “picapiedras” a innovar en la economía, estaremos empobreciéndonos con relación a los países que sí han abordado los desafíos de las sociedades emprendedoras. 

La tarea del crecimiento no va por la senda de reducir impuestos a los empresarios, lo que se le debe reducir a los empresarios son dos cosas: su mentalidad rentista dependiente del riesgo estatal y su mentalidad especulativo-financiera, que les hace engordar apoltronados en un cómodo sofá neoliberal, sin asumir riesgos ni desafíos. 

Y no digan que esto que afirmó es ojeriza contra los ricos. El sector empresarial en Chile, además de gozar de una especie desvergonzada de paraíso fiscal, han dispuesto de dos grandes bóvedas de dinero social: los Fondos de Pensiones, es decir de unos 100.000 millones de dólares (el resto de los ahorros de los trabajadores se invierte en cuentas externas) y más de 250.000 millones de dólares acumulados, por impuestos perdonados por el Fisco  (FUT) para que sean invertido en la economía nacional, pero por desgracia, gruesa parte de esos recursos se han desviado al extranjero, de hecho el SII y Hacienda, han detectado ya unos 162.000 millones de dólares que vagan por el mundo, sin esperanzas de ser recuperados, a pesar de los “estímulos” fiscales para que retornen. 

Está sangría de riqueza es la que nos tiene mal parados en los tiempos que corren. Por tanto, si existe una “política de urgencia”, si quieren practicar un “plan de emergencia nacional” , lo que deben hacer es estimular el desarrollo acelerado de una industrialización diversificada y en varios niveles de complejidad tecnológica y de tamaño estructural. De esa manera podrán invertirse creativamente los ahorros de los trabajadores. Dinero para invertir productivamente tenemos, a pesar de la masiva fuga de capitales privados. Los Fondos de Pensiones deben ser invertidos en generar capacidad productiva nacional, dando garantías de retorno a esos fondos, lo que aborda dos beneficios para el mundo del trabajo: mejores pensiones y mejores ingresos laborales. 

Como se ve, el diagnóstico del gobierno entrante es peligroso por lo equivocado y por la tozudez con que acostumbran en insistir y perseverar en sus errores, tanto que ya van pareciendo  horrores. 

 

Hugo Latorre Fuenzalida. 

 



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Hugo Latorre Fuenzalida

Cientista social

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