
Cambio de mando y concentración del poder: el nuevo ciclo político de Chile
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Desde el 11 de marzo, Chile entra en una configuración política inédita en las últimas décadas: la derecha controlará simultáneamente el Ejecutivo, el Senado y la Cámara de Diputadas y Diputados. No es simplemente un cambio de ciclo electoral. Es una concentración de poder político institucional que marca un giro profundo en el equilibrio democrático del país.
En La Moneda asumirá José Antonio Kast, líder de un proyecto ultraconservador que ha construido su identidad política reivindicando el orden autoritario, cuestionando consensos democráticos básicos y alineándose con corrientes de ultraderecha en América Latina, Europa y Estados Unidos. En el Congreso, la nueva correlación de fuerzas también se ha consolidado rápidamente.
La senadora de Renovación Nacional Paulina Núñez fue elegida presidenta del Senado con 39 votos a favor, mientras el diputado Jorge Alessandri, de la UDI, asumirá la presidencia de la Cámara Baja con 78 votos. Con ello, el nuevo oficialismo controla ambas cámaras del Parlamento en el inicio del período legislativo.
La escena es clara: Ejecutivo y Legislativo bajo un mismo signo ideológico.
Para la izquierda, analistas y militantes coinciden en el diagnóstico: la derrota es completa.
El gabinete como señal política
Los gobiernos siempre hablan a través de sus gabinetes. Y en este caso, la señal política es difícil de ignorar.
El equipo ministerial que acompañará a Kast incluye figuras provenientes del mundo empresarial —algunos de ellos expresidentes de grandes grupos económicos— junto con representantes explícitos del pinochetismo político. Entre los nombres aparece incluso un ministro que en su momento fue abogado de Augusto Pinochet.
No se trata de un detalle biográfico menor. En política, las trayectorias simbolizan orientaciones.
El nuevo gobierno parece decidido a construir un relato que reivindica sin ambigüedades el legado autoritario de la dictadura, o al menos a relativizarlo bajo la lógica del orden y la estabilidad. Una narrativa que durante años fue marginal, pero que hoy ha ingresado al corazón del poder estatal.
La contradicción estructural es evidente: un gobierno que llega por la vía democrática, pero que reivindica un período en que la democracia fue suprimida.
Autoridad, ajuste y control
El programa político del nuevo gobierno se sostiene sobre tres pilares que el propio Kast ha reiterado: orden público, disciplina fiscal y control institucional.
En la práctica, eso se traduce en un fuerte ajuste presupuestario que, según diversos economistas, podría impactar directamente en áreas sensibles para los sectores más vulnerables, especialmente en pensiones y programas sociales.
El argumento oficial será el equilibrio fiscal. El efecto social, en cambio, podría recaer sobre millones de personas que ya sobreviven con pensiones precarias.
La paradoja no es nueva en América Latina: gobiernos que prometen restaurar el orden social mediante políticas que profundizan la desigualdad.
El ajuste fiscal aparece así como la columna vertebral económica de un proyecto político que combina conservadurismo cultural con liberalismo económico extremo.
El conflicto con los derechos
Donde el nuevo escenario genera mayor inquietud es en el ámbito de los derechos humanos y las libertades civiles.
El discurso político de Kast ha mostrado históricamente desconfianza hacia organizaciones de derechos humanos, movimientos feministas, organizaciones territoriales y pueblos originarios.
Particularmente delicado será el escenario en la macrozona sur. Diversos analistas anticipan que el nuevo gobierno podría intensificar la persecución penal y militarización del conflicto mapuche bajo un enfoque exclusivamente securitario.
La pregunta que surge es inevitable: ¿puede resolverse un conflicto histórico de reconocimiento territorial mediante más control policial?
La experiencia comparada sugiere que no.
Pero el nuevo gobierno parece dispuesto a apostar precisamente por esa estrategia.
El medio ambiente como recurso
Otro de los rasgos ideológicos del nuevo oficialismo es su visión del medio ambiente.
En el discurso de Kast y de sectores empresariales cercanos al nuevo gobierno, la naturaleza aparece principalmente como un conjunto de recursos productivos. Minerales, bosques, agua. Materias primas para sostener el crecimiento económico.
La lógica extractivista no es nueva en Chile. Lo novedoso es el abandono explícito del discurso ambientalista que había comenzado a instalarse en el debate público durante la última década.
La tensión entre desarrollo económico y protección ambiental volverá así a un terreno conocido: crecimiento primero, regulación después.
Si es que llega.
Feminismo, minorías y cultura política
En el plano cultural y social, el nuevo ciclo político también marca un retroceso en el reconocimiento institucional de movimientos sociales.
El feminismo, uno de los movimientos más influyentes en la política chilena reciente, ha sido objeto recurrente de críticas desde sectores cercanos al nuevo gobierno. Lo mismo ocurre con organizaciones de diversidad sexual o colectivos de derechos humanos.
Más que un simple desacuerdo ideológico, lo que emerge es una visión del orden social que sospecha de los movimientos colectivos y privilegia estructuras jerárquicas tradicionales.
Es una cultura política que no oculta su incomodidad con la expansión de derechos civiles ocurrida en las últimas décadas.
El fracaso de la izquierda
Pero toda victoria política también contiene una historia previa de derrotas.
Y la pregunta que hoy recorre a la izquierda chilena es simple y devastadora: ¿cómo se llegó a este escenario?
No existe todavía una respuesta clara.
Para algunos, el problema fue la fragmentación política. Para otros, la incapacidad de sostener un proyecto coherente de reformas. Y para muchos militantes, la explicación apunta directamente al gobierno saliente.
El presidente Gabriel Boric llegó al poder como expresión de un ciclo progresista abierto tras el estallido social de 2019. Sin embargo, con el paso del tiempo su gobierno fue desplazándose hacia posiciones cada vez más moderadas, buscando acuerdos con los poderes económicos y políticos tradicionales.
En seguridad pública, pensiones y salud, varias de sus políticas terminaron acercándose a planteamientos defendidos históricamente por la derecha.
La consecuencia política fue devastadora: cuando la izquierda renuncia a su propio horizonte, la derecha termina ocupando el espacio completo.
Democracia en tensión
Chile inicia así un nuevo capítulo político cargado de incertidumbre.
Por primera vez en muchos años, el país tendrá un bloque político homogéneo controlando simultáneamente los tres principales centros de poder institucional.
La historia latinoamericana enseña que la concentración de poder no es necesariamente sinónimo de autoritarismo. Pero también recuerda que los contrapesos democráticos existen precisamente para evitar que el poder se vuelva absoluto.
La paradoja chilena es que este nuevo ciclo nace desde una elección democrática, pero con un discurso que mira con indulgencia a una experiencia autoritaria.
El país entra en una etapa donde las instituciones serán puestas a prueba.
Y la pregunta que inevitablemente queda flotando en el aire es una que Chile ya se ha hecho antes, en otros momentos de su historia:
¿puede una democracia mantenerse sólida cuando quienes gobiernan desconfían profundamente de ella?
Paul Walder






Abelardo Clariana Piga says:
En muchos países europeos hay partidos más derechistas que los Conservadores tradicionales que van ganando cada vez más elecciones. Han tenido gobiernos Conservadores y Socialdemócratas que han aplicado la «austeridad», recortes a los servicios públicos, y ha crecido la desigualdad.
En el Reino Unido hubo gobierno Conservador por mucho tiempo, la gente quería cambio, de modo que en las elecciones parlamentarias de 2024 el Partido Laborista ganó prometiendo cambios. Pero “varias de sus políticas terminaron acercándose a planteamientos defendidos históricamente por la derecha” por lo que ha habido un gran desencanto y la derecha no tradicional, Reform UK, va ganando cada vez más apoyo.