
Más vale el intento: Fundar una izquierda de ruptura
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El gobierno de José Antonio Kast ha mostrado en sus primeras semanas su verdadero rostro: no solo neoliberal, sino neo-reaccionario. Neoliberal por supuesto, porque su primera medida de peso fue un alza de combustibles que golpea el bolsillo de las familias, aplicando el manual de ajuste que privilegia el equilibrio fiscal sobre la vida de la gente. Neo-reaccionario porque combina esa ortodoxia económica con una narrativa de orden, seguridad y refundación cultural que busca disciplinar a la sociedad bajo el paraguas de un conservadurismo autoritario. La caída de su aprobación —del 57% al 36% en dos semanas— (Según las principales encuestadoras —Cadem (47%), Panel Ciudadano-UDD (42%) y Black & White (36%)—, la aprobación de Kast se desplomó hasta 21 puntos en apenas dos semanas) no es un accidente: es la evidencia de que ese modus operandi a la Kast, desnudo sin eufemismos, genera rechazo inmediato.
Frente a este escenario, la izquierda chilena se encuentra en una encrucijada que no admite medias tintas. Las dirigencias del Partido Socialista y del Frente Amplio que llevaron al fracaso del gobierno de Boric —gobernando con las mismas recetas y pusilanimidades de la Concertación— han demostrado su incapacidad para articular una alternativa. Mientras la dirigente PS Paulina Vodanovic apuesta por una “centroizquierda dialogante”, dispuesta a acordar con el Gobierno de Kast, la ciudadanía consciente percibe que allí no hay proyecto, solo sobrevivencia institucional.
Pero existen liderazgos que han mostrado voluntad de perseverar por una izquierda diferente. Daniel Manouchehri, Daniella Cicardini y Gonzalo Winter —con todas sus contradicciones— representan discursivamente una corriente que busca salir del atolladero. Winter, sin embargo, encarna una ambigüedad que debe ser resuelta: durante el gobierno de Boric votó sistemáticamente a favor del estado de excepción en la Macrozona Sur, pero ahora, con Kast en La Moneda, cambió su postura. Si la coherencia con el pueblo mapuche solo aparece cuando no se está en el gobierno, la credibilidad de una nueva izquierda quedará en entredicho.
Et pourtant…el modelo de La France Insoumise (LFI) ofrece un horizonte claro: ruptura orgánica con los partidos anquilosados, programa de confrontación al neoliberalismo —control de precios, recuperación de empresas estratégicas, reforma tributaria impuesto a las grandes fortunas—, planificación sí; tanto económica y ecológica además de un anti-racismo estructural.
Pero la viabilidad de este proyecto no depende solo de los diagnósticos. Depende de tres factores ineludibles. Primero, debate necesario: no más ocultamiento de las contradicciones; hay que discutir abiertamente por qué Winter apoyó la militarización mapuche cuando su sector gobernaba, por qué en el PS son hegemónicas las tendencias paralizantes y neoliberales, y por qué las dirigencias actuales obstaculizan cualquier emergencia transformadora. Segundo, voluntad política: Si Manouchehri, Cicardini, Winter y otros quieren construir una esperanza deben romper con las estructuras que los neutralizan —el PS de Vodanovic, las cúpulas del FA— así como Mélenchon (exministro PS 2000-2002) rompió con el Partido Socialista francés para junto con otros militante políticos y sociales fundar hace 10 años el partido La Francia Insumisa. Tercero, claridad programática: no basta con denunciar; se requiere un programa de poder y gobierno que articule lo económico, lo ecológico, lo institucional y lo cultural en una síntesis que responda a las necesidades populares.
El momento político es propicio. El gobierno de Kast puede desgastarse más, y rápidamente. Es un escenario plausible. Pero la oportunidad será desperdiciada si la izquierda sigue atrapada en sus cositas internas. Pasar al acto fundador significa construir la idea de la ruptura por la izquierda: reagruparse por arriba y en los territorios, trabajar por una nueva fuerza que no tenga que pedir permiso para confrontar al modelo, que no repita las ambigüedades del pasado y que ponga en el centro las reivindicaciones populares que hoy están huérfanas de representación. La ciudadanía ya fue decepcionada una vez. No habrá una segunda oportunidad.
Por supuesto, esta refundación de una izquierda de ruptura no puede ignorar al Partido Comunista, aunque no sea su eje central. El PC atraviesa un síndrome de derrotado táctico tras la derrota de Jeannette Jara en segunda vuelta —donde alcanzó apenas un 41,84% frente a Kast—, procesándola con un giro hacia la ‘oposición constructiva’ que arriesga diluir su identidad de partido de los trabajadores, mientras su principal liderazgo, Daniel Jadue, permanece bloqueado judicialmente —primero con prisión preventiva y ahora con arresto domiciliario parcial nocturno, tras más de un año de cautelares—, con su militancia suspendida y con pocas posibilidades de liderar proceso alguno. Pero la oportunidad histórica está en que los liderazgos críticos del PS, el FA y sectores del propio PC logren superar el trauma de las derrotas recientes y se atrevan a construir algo nuevo.
En este contexto, tampoco puede ignorarse que la otra derecha —la que se presenta como moderada, dialogante y tecnocrática— buscará posicionarse como alternativa frente al desgaste de Kast. Figuras como Evelyn Matthei o sectores de la ex Concertación refundada como Francisco Vidal o Tohá en el centro intentarán capitalizar el descontento ofreciendo estabilidad sin sobresaltos, pero sin tocar las bases del modelo. Ese es el espacio que la izquierda rupturista debe disputar con un proyecto propio, porque si no lo hace, los electores podrían volver a caer en la trampa de una falsa alternativa que solo administra lo mismo.
El momento político es interesante y apto para las iniciativas disruptivas. Pero la oportunidad será desperdiciada si la izquierda sigue atrapada en sus rencillas internas. Pasar al acto fundador significa agitar ya, en los territorios, la necesidad de una nueva fuerza que no tenga que pedir permiso para confrontar al modelo, que no repita las ambigüedades del pasado y que ponga en el centro las reivindicaciones populares que hoy están huérfanas de representación. Buena parte del pueblo ya fue decepcionado una vez. El cansancio y la frustración son terreno fértil para los fascismos.
Leopoldo Lavín Mujica






Serafín Rodríguez says:
Y cómo haría eso la izquierda caviar?