
Algo está pasando
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Como sabe todo el país, José Antonio Kast instaló la idea de que en gran medida la migración era la responsable de prácticamente todos los males que azotan a nuestra sociedad, para lo cual expulsaría a 300.000 venezolanos no bien se terciara la banda. Para los efectos correctivos en lo tocante a la delincuencia, se implementaría el Plan Implacable.
Ganó la elección. Pero como también sabemos todos los chilenos, se pilla primero a un mentiroso que a un cojo.
Nunca hubo un plan de nada, con excepción del que se propone despostar al Estado y recortar los ya escasos beneficios sociales de la gente menos tocada por la suerte que reparte el neoliberalismo en su fase más extrema.
Pero a Kast, como a todo el sistema político y como a todo ultraderechista de cualquier parte del mundo, que lo pillen mintiendo lejos de ser un agravio para la decencia mínima y un pecado desde el punto de vista de sus sagradas escrituras, le importa un soberano rábano. Ni les afectan su profunda ignorancia ni sus falacias ni sus torpezas habituales que algún día serán parte de un libro titulado Las mil mentiras de Kast, o algo así.
Para ser un político, en especial para ser uno de ultraderecha, se necesita mentir con descaro, robar cuando se dé la mano, mencionar la patria, la bandera y las buenas costumbres cada tres por cuatro.
Y matar de vez en cuando.
Y, por cierto, cuando no se tenga un plan que presentar, por flojera, olvido o simple incompetencia, un buen político de ultraderecha tendrá preparado uno pirateado o hecho por de sus más enconados enemigos para salir del paso. Y no se le moverá un músculo de la cara.
Pero lo que queremos abordar es que este orden está en una crisis acelerada por la ultraderecha.
El ordenamiento neoliberal es a tal punto decadente, peligroso y límite, que permite que sujetos como Trump, Milei o Kast, lleguen al gobierno sin tener luces, ideas ni inteligencia. Solo la enfermiza pulsión de ganar mucho, rápido y al costo de lo que sea.
La vida humana es un estorbo.
Pero un sistema que se propone sobreexplotar a la gente y a la naturaleza hasta niveles vitales, necesariamente debe tener un límite y luego decaer en medio de una crisis de suya evolución va a depender mucho.
Y es lo que estamos viviendo.
Esa es la más clara evidencia de que esta sociedad, este orden cultural, esta manera de hacer política está en una crisis cuya resolución será al menos traumática: o vida humana o barbarie.
De hecho, lo que pasa en el mundo, las guerras, tensiones, cambios de bandos y de paradigmas, se relaciona con que el capitalismo en su versión neoliberal ya no es capaz de soportar sus propios efectos.
El orden basado en reglas, las del imperio, por cierto, ya no dan más, ya no van más
Mire la profunda crisis multifactorial que afecta a Estados Unidos, su desindustrialización, su crisis sanitaria, la cesantía, el costo de la vida, su deuda externa, y un presidente a todas luces demente. Vea la dilución de los países de la Europa, dizque rica y civilizada, vasalla del imperio, que se dio cuenta que siempre dependió de la expoliación de los países empobrecidos y esclavizados para vivir en medio del boato y el lujo. Y que ahora, además, está pagando el precio de su sumisión al imperio estadounidense.
Vea la emergencia de nuevos países que reclaman su independencia en África. Ya no es cosa de llegar y llevarse esas riquezas. Y vea como surgen ordenamientos diferentes, economías de otros formatos, alianzas impensadas, nuevas formas de comercio e intercambio, y, sobre todo, la desaparición del dólar como moneda única de refugio y transacción.
Casi la mitad del comercio en el mundo se está haciendo en yuanes chinos y otras monedas. La ciencia y la tecnología se mudó a China. La industria manufacturera se mudó a oriente. Cerca del 35% del PIB mundial lo representan los BRICS.
Mire usted en su casa y vea si tiene algo que diga Made in USA. O Italia o Francia o España.
Es el formato que comienza a adoptar la crisis del neoliberalismo. Y si bien falta tiempo y probablemente más tragedias para su debacle definitiva, que viene, viene
Por eso hay señales que deberíamos ser capaces de leer con atención y antelación: todo eso ha sucedido con la ultraderecha al mando de esos países que hoy están en franco déficit.
¿Y la izquierda? Por ahí anda con sus pañuelitos de colores y sus grititos indefensos.
El hecho de que la ignorancia más peligrosa, la gente con menos valía humana, aquellos que no tienen interés en la humanidad sino en sus ganancias miserables, el que sujetos corruptos y mentirosos se hagan de todo el poder, esos genocidas a quienes la vida humana importa nada, demuestra que algo está pasando y no huele bien.
Esta es una presión que en algún momento buscará la manera de buscar una salida también en Chile, aunque muchos crean que esas cosas terribles solo pasan lejos de aquí.
Algo está pasando en el mundo y aquí abajo parece que no nos enteramos.
Ricardo Candia Cares





