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Oposición dividida, mezquina y confusa; derecha unida detrás del paquete neoliberal de Kast

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No hay que llamarse a engaño. El Proyecto de Ley de Reconstrucción Nacional fue ingresado a la Cámara de Diputados el 22 de abril de 2026 con urgencia de 15 días. La votación formal para aprobar la idea de legislar en sala aún no ha ocurrido —el proyecto neoliberal y reaccionario sigue en tramitación en comisiones—, pero el gobierno ya logró asegurar la mayoría política necesaria para avanzar. Ese pacto tiene un solo color: el de una coalición de derechas que ha logrado alinear a casi todas sus variantes bajo una misma hoja de ruta económica y social.

El Partido de la Gente: la falsa bisagra se pliega a la derecha

El oficialismo —Republicanos, UDI, RN y Partido Nacional Libertario— quedó a pocos votos de la mayoría y terminó dependiendo del Partido de la Gente (PDG), articulado en torno a Franco Parisi y con Pamela Jiles como una figura parlamentaria decisiva, para asegurar la aprobación de la idea de legislar la llamada Ley de Reconstrucción Nacional.

Aunque Jiles no ejerce formalmente la conducción orgánica del partido, su peso político y mediático ha sido clave en la consolidación de ese espacio: una mezcla de antipolítica, retórica antiélite abstracta y mercantilismo popular en los hechos, termina funcionando como soporte de la derecha neoliberal. Quien durante años cultivó la imagen de outsider y portavoz del malestar social hoy aparece vinculada a una fuerza que negocia su apoyo a cambio de concesiones menores: devolución del IVA en medicamentos y pañales, y mantención del impuesto del 12,5% para las pymes.

En los hechos, el PDG se ha comportado como una fuerza funcional a la consolidación del modelo que Kast impulsa. Quienes se presentaban como “ni facha ni comunacha” hoy blindan el núcleo duro de un proyecto que profundiza la desigualdad, mercantiliza la educación, debilita la protección ambiental y amplía las condiciones para la captura privada de recursos estratégicos como el litio por parte de grandes consorcios transnacionales.




La falsa promesa de la “tercera vía” revela así su verdadero lugar: no como bisagra entre proyectos distintos de país, sino como engranaje auxiliar de una agudización neoliberal más agresiva y disciplinada.

La vanguardia de la reacción neoliberal: la troika Quiroz-Alvarado-García Ruminot

Este gobierno de Kast y sus ministros —en particular la troika formada por el ministro de Hacienda Jorge Quiroz, a quien sectores de su propio oficialismo describen como un “elefante en una cristalería”— actúa junto a Claudio Alvarado (Interior) y José García Ruminot (Segpres) como la verdadera vanguardia de la reacción neoliberal.

La hoja de ruta de esta troika es clara: rebaja del impuesto corporativo del 27% al 23%, invariabilidad tributaria por 25 años para grandes inversiones, facilitación regulatoria para desmontar la llamada “permisología” ambiental, y un Estado reducido a gerente de la desigualdad y facilitador de los negocios privados. Todo ello bajo el eufemismo de la “reconstrucción”.

No se trata simplemente de una reforma tributaria. Es una redefinición completa del pacto social: menos Estado para los derechos, más Estado para garantizar rentabilidad privada.

El Partido Comunista y las señales que confunden al pueblo de izquierdas

Tanto el PS como el Frente Amplio se han negado a sentarse a dialogar con José García Ruminot. Y si bien los comunistas llegaron con una postura de rechazo explícito a “dialogar” con el gobierno de Kast —su jefa de bancada, Daniela Serrano, declaró que el proyecto “no tiene nada de reconstrucción, sino que es una reforma tributaria”, y al término de la cita solicitaron formalmente su retiro del Congreso—, el simple hecho de sentarse a la misma mesa genera ambigüedad a los ojos del pueblo ciudadano: ¿se negocia o se pelea por lo justo? ¿Se trabaja por la unidad o se simula aparecer dialogante?

El presidente del PC, Lautaro Carmona, señaló que esperaban que “el gobierno asuma las propuestas, las observaciones y las críticas” de la oposición. Pero esa disposición al diálogo político con un Ejecutivo que impulsa una agenda abiertamente neoliberal desdibuja el rol opositor y juega a favor del gobierno de Kast, que busca proyectar una imagen de apertura y transversalidad donde en realidad existe una ofensiva ideológica muy clara.

Una izquierda dividida frente a una derecha unida

Frente a este escenario, todas las élites parlamentarias de oposición —Frente Amplio, PC, PS, PPD, PL y DC— ya no pueden refugiarse en la ingenuidad ni en la ignorancia. Su rechazo institucional no alcanza para bloquear la iniciativa. Para frenar esta refundación a ultranza del neoliberalismo se necesita algo que los votos parlamentarios no pueden garantizar: movilización ciudadana y popular.

Se requiere desplegar un gran trabajo de debate en el seno del pueblo y de sus organizaciones sociales: estudiantiles, sindicales, feministas, territoriales, ambientales y de los sin vivienda. Discutir casa por casa lo que realmente significa esta ley. Construir la fuerza social capaz de decir clara y masivamente en las calles lo que en el Congreso ya se cocina entre bambalinas.

La historia siempre emite un juicio

La pregunta que deja abierta la historia comparada es si un proyecto neoliberal antisocial de esta magnitud puede implementarse sin producir las contradicciones sociales que terminen desbordándolo. En Chile, esa pregunta ya tuvo una respuesta parcial en 2019. El proyecto de ley de 2026 parece apostar a que esta vez será distinto.

La apuesta neoliberal reaccionaria tiene, desde una perspectiva sociológica e histórica, bases profundamente frágiles. Ningún proyecto de mercantilización radical logra estabilidad indefinida cuando la desigualdad se vuelve insoportable.

Ahora bien, la izquierda chilena tiene una cita con la historia: puede optar por la queja institucional, la negociación vergonzosa y la derrota anunciada, o puede asumir que, sin pueblo movilizado, no existe forma real de frenar a esta derecha que hoy marcha unida.

El proyecto de Kast une a toda la derecha. Para derrotarlo, hace falta que el pueblo una sus fuerzas.

La memoria de la rebelión social no es un lujo: es una advertencia que este gobierno parece empeñado en ignorar. Y esa ignorancia, a diferencia de la que ya no puede alegar la izquierda, sí podría costarle muy caro.

 

Leopoldo Lavín Mujica

 



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Leopoldo Lavín

B.A. en philosophie et journalisme, M.A. en Communication publique de l’Université Laval, Québec, Canadá.

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