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Pongámonos serios

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El 14 de julio Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, celebrará su cumpleaños y la independencia de USA, mediante una extraña tanto como fastuosa fiesta en la que su atracción principal será un espectáculo de lucha libre para lo cual ha construido en los jardines de la Casa Blanca un octágono a un costo de 60 millones de dólares.

Simultáneamente, el movimiento No Kings, opuesto a Trump y sus delirios, convocará para ese mismo día a un No Kings Day. El evento masivo llamado “Levántense y canten también”, reúne una enorme cantidad de artistas de primer nivel de la cultura estadounidense.

Como sabemos, decenas de especialistas en salud mental vienen diciendo que Trump está incapacitado para gobernar. Hablamos de alguien que puede terminar con la vida de seres humanos en cualquier parte del mundo. O, como amenazó hace muy poco, exterminar una civilización en una noche si le da la gana.

El caso es que en nuestro país tenemos al mando a un sujeto cuyos mejores y más altos referentes son Donald Trump, Javier Milei, presidente argentino cuya salud mental es al menos dudosa, Benjamín Netanyahu, criminal de guerra y genocida israelí y, por cierto, al dictador Augusto Pinochet.




Por lo que se ve, nada bueno para la gente puede salir de semejante ensalada.

Como hemos visto en los últimos treinta años, los llamados movimientos sociales, que no son movimientos ni son sociales, no han sido capaces de inquietar en lo más mínimo al estatus quo.

A contrario sensu, esa incapacidad provista por intereses partidarios, económicos, personales y por la intercesión de los agentes infiltrados, ha permitido que lleguemos a la cúspide del neoliberalismo, con los efectos que ya se dejan ver para la gente pobre, mediante un sujeto a todas luces romo, fome, odioso, vengativo, que detesta lo que huela a pobre, anticomunista por nación y que va a descargar su odio contra el pueblo a como dé lugar y en lo que pueda.

Los partidos tradicionales de izquierda están con ciertas maneas impuestas por una incomprensión de la contradicción gobierno/poder, agravada por no tener una clara definición del momento histórico.

Peor aún, se ha ido perfilando una izquierda decididamente afecta al neoliberalismo aun cuando en sus discursos dicen lo contrario: el neoliberalismo va a morir donde nació, como aventuró Gabriel Boric. Más cauta, la ex vocera de su gobierno Camila Vallejo, se contentaba solo con el fin del neoliberalismo en la educación.

Una cosa poca.

Y ahora es cuando debería entrar a tallar esa nueva estirpe de políticos que la tienen más clara que cualquiera de los empaquetados, formales y acomodados miembros de la casta política: los humoristas, estandaperos, comediantes y gente del espectáculo del humor.

Nadie está haciendo tanto y con tanta seriedad en contra de las medidas torpes e inhumanas aplicadas en contra de la educación, de la ciencia, de la cultura, de los estudiantes y, en general, con contra de la gente que vive de un sueldo y de varios créditos.

Han sido capaces de aterrizar las críticas a los políticos, al sistema y a los gobiernos, lo que es perfectamente comprendido por la percepción de la gente en su ironía, su burlesca y risueña manera de decir lo que está mal, lo que abusa de la gente.

Nadie ha retratado mejor el cancroide sistema político, la podredumbre asociada a un sistema corrupto hasta la madre. Nadie ha dicho mejor y con todas su letras y desenfado, las mentiras, desatinos y robos de los que nos gobiernan.

El humor, el bueno, el de verdad, siempre es una expresión de alta política.

¿Alguien se resistiría a un evento de reclamo y propuesta hecho por un listado extenso de nuestros mejores exponentes de todas las artes humorísticas que ponga no solo los puntos sobre la íes, sino la risa donde molesta al poderoso?

Se podrá argumentar que esas gentes no son políticos profesionales y eso es cierto, pero es a la vez una enorme garantía: son capaces de desplegar una honestidad y valor que ya se la quisiera el más valiente de los compañeros.

Más aún, han demostrado de cara a la gente y a pesar de los riesgos y peligros que involucra decir la verdad, una precisa, aguda y sensible capacidad de decir todo aquello que la gente piensa de quienes han llevado las cosas hasta los límites de la inmoralidad, la sinvergüenzura y la corrupción generalizada y como una costumbre inevitable.

De lo que ningún político por más izquierdista, zurdo, revolucionario, audaz o lo que sea, ha sido capaz.

La risa es un pecado como lo advierte Eco en el Nombre de la Rosa ya que desarma el miedo al diablo y a la muerte.

¿Qué pasaría si en Chile se levantara un movimiento que propusiera una consulta popular para dirimir quien de nuestros comediantes representaría de mejor manera una opción que supere estos decenios de abuso, maltrato, corrupción y mal humor cometidos por gente seria, de buen vestir y poco reír?

Desde ya propongo al compañero Bombo Fica. Quizás sea mejor gobernando que haciendo películas.

 

Ricardo Candia Cares



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Ricardo Candia

Escritor y periodista

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