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La lucha comunicacional

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Las batallas políticas se deciden hoy en día, en alta medida, en el campo comunicacional, La existencia de una estrategia comunicacional es, por lo tanto, vital para poder participar con alguna posibilidad de éxito en las grandes batallas políticas del presente y para avanzar en el nivel de aceptación de las ideas progresistas. De allí que sea relevante exponer algunas ideas que pueden ser útiles en el proceso de emisión y de recepción de ideas y de mensajes.

Es sabido que el proceso de comunicación consta de tres eslabones fundamentales. Por un lado, está un emisor de un mensaje, en segundo lugar, se encuentra el canal o el medio a través del cual ese mensaje se canaliza hacia un eventual receptor, y en tercer lugar está el receptor del mensaje, que es el objetivo primero y ultimo de todo ese proceso de comunicación.

No se trata, obviamente de tres eslabones independientes, ni de tres eslabones que se coordinen el uno con el otro de una manera automática o independientes del accionar del emisor. El receptor es el eslabón fundamental y el que condiciona y le impone procesos, formas y contenidos a los otros dos.

El emisor del mensaje tiene que pensar no solo en qué idea o que información quiere transmitir, sino también en qué hacer para que ese mensaje vaya en una forma que sea inteligible, interesante y grata al receptor y que impacte no solo su mente y su capacidad de razonamiento sino su corazón y sus sustratos intelectuales más profundos.




Como las mentes, los lenguajes, los códigos, los intereses y la información previa no son iguales entre las diferentes personas el emisor debe redactar su mensaje en un lenguaje que sea entendible, o en el peor de los casos, que sea fácilmente decodificable por el receptor. En una sociedad muy heterogénea en su estructura social, cultural y laboral, esta identificación precisa del destinatario de la información es de la más alta importancia. Para poner un ejemplo obvio, no se puede dirigir el mismo mensaje a la tecnocracia política y económica, que a los sectores desocupados y marginados del país. El mensaje que se dirige a los primeros puede que no sea entendido en absoluto por los segundos. No tener ideas o mensajes que comunicar a los sectores que se desea impactar, ni emitirlos en forma y medios que no sean entendibles por los destinatarios es casi igual que no tener estrategia comunicacional y dejarle, por lo tanto, ese campo, enteramente a disposición del enemigo.

Ese proceso de comunicación puede fallar desde su inicio, si no se tiene claro el destinatario de la información, con su cultura y su idiosincrasia, y el mensaje o la idea que se le quiere trasmitir. Si eso falla, el mensaje que llegue finamente al receptor – si es que le llega – puede que no le sea entendible, ni interesante, ni grato y, por lo tanto, no genere efecto alguno en el receptor.

El canal a través del cual se envía el mensaje tiene también una alta importancia. El canal debe llegar hasta el destinatario, sino todo lo demás no tiene sentido. Debe, además, no distorsionar el mensaje enviado, ya sea en forma casual o intencional.

Todo lo anterior tiene una importancia no solo académica, sino que altamente práctica en el campo de la lucha política.  Las lides comunicacionales son hoy en día uno de los frentes en los que se suele decidir la suerte de las batallas. Y muchas veces el impacto final tiene que ver no con la cantidad de medios que se ponen en juego, sino por la forma y la calidad del uso de los mismos y por la estrategia comunicacional que los preside.

 

Sergio Arancibia

 



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Sergio Arancibia

Economista

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