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La ONU y un Consejo bajo presión: guerras, energía y tecnología marcan la agenda

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Hoy, 15 de junio 2026, se abre en Ginebra el 62º Consejo de Derechos Humanos en un escenario mundial marcado por guerras prolongadas, crisis energéticas y riesgos tecnológicos sin precedentes. Volker Türk, Alto Comusionado por los Derechos humanos, presentó su informe anual, un documento que alerta sobre el deterioro acelerado de la protección internacional: del impacto global de las disrupciones en el estrecho de Ormuz a las atrocidades en Sudán, la devastación en Palestina y la prolongación del conflicto en Ucrania, mientras drones armados y sistemas de inteligencia artificial transforman —y amenazan— el futuro de los derechos humanos.

Hoy se inaugura en Ginebra el 62º período de sesiones del Consejo de Derechos Humanos, en un clima internacional marcado por crisis superpuestas, guerras prolongadas y nuevas tecnologías que transforman —y a veces erosionan— la protección de los derechos fundamentales. En la apertura, el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, presentó su informe anual, un documento que abarca desde julio de 2025 hasta marzo de 2026 y que ofrece una radiografía inquietante del estado global de los derechos humanos.

El informe, que Türk describió como un llamado urgente a “recentrar la dignidad humana en un mundo que se desliza hacia la fragmentación”, revela un sistema internacional sometido a presiones simultáneas: conflictos armados que se intensifican, crisis económicas que golpean a los más vulnerables, retrocesos democráticos, y un avance tecnológico que supera la capacidad regulatoria de los Estados.

Ormuz: cuando la geopolítica energética se convierte en crisis humanitaria

Aunque el informe se centra en el trabajo del Alto Comisionado, Türk subrayó en su intervención la gravedad de las disrupciones en el estrecho de Ormuz, que han provocado un aumento abrupto del precio del petróleo y los combustibles refinados. La crisis energética derivada afecta de manera desproporcionada a los países menos adelantados y a los pequeños Estados insulares, que dependen casi por completo de las importaciones de combustibles.




El Alto Comisionado advirtió que el encarecimiento del petróleo está “estrangulando” a las economías más frágiles, obligándolas a elegir entre pagar la energía o sostener servicios esenciales. La situación, señaló, amenaza con profundizar desigualdades estructurales y generar nuevas tensiones sociales.

Sudán: un conflicto que se expande y un sistema internacional que no alcanza

El informe dedica un espacio significativo a Sudán, donde la guerra entre las Fuerzas Armadas y las Fuerzas de Apoyo Rápido ha provocado una de las peores crisis humanitarias del mundo. Türk recordó que, durante el período analizado, el Consejo celebró sesiones especiales sobre la situación en El Fasher y que los mecanismos de investigación siguen documentando violaciones masivas, desplazamientos forzados y patrones de violencia sexual.

Sin embargo, el Alto Comisionado alertó sobre un problema estructural: la falta de recursos. La crisis financiera de la ONU obligó a cancelar semanas de sesiones de los órganos de tratados, retrasar revisiones estatales y limitar la capacidad de respuesta. “La maquinaria internacional de derechos humanos está funcionando por debajo de su capacidad en el momento en que más se la necesita”, lamentó.

Palestina: entre el alto el fuego y la reconstrucción de un sistema de protección

Tras el alto el fuego en Gaza alcanzado en octubre de 2025, el informe detalla el trabajo de la Oficina para integrar los derechos humanos en los esfuerzos de recuperación y reconstrucción. Türk insistió en que cualquier proceso político posterior al cese de hostilidades debe incluir garantías de protección para la población civil, mecanismos de rendición de cuentas y un compromiso renovado con el derecho internacional humanitario.

El Alto Comisionado recordó que la Asamblea General ha reafirmado la necesidad de avanzar hacia una solución política basada en dos Estados, pero advirtió que la situación sobre el terreno sigue siendo extremadamente volátil.

Ucrania: un conflicto prolongado que redefine la seguridad europea

El informe también aborda la situación en Ucrania, donde la guerra continúa generando violaciones graves del derecho internacional humanitario. La Oficina ha seguido documentando ataques contra infraestructura civil, desplazamientos masivos y restricciones a derechos fundamentales en zonas ocupadas.

Türk subrayó que el conflicto no solo tiene consecuencias humanitarias inmediatas, sino que está reconfigurando la arquitectura de seguridad europea y alimentando dinámicas de militarización que podrían perdurar durante décadas.

Drones, algoritmos y nuevas formas de violencia

Uno de los capítulos más novedosos del informe es el dedicado a los riesgos emergentes vinculados a la tecnología. Türk alertó sobre el uso creciente de drones armados, sistemas autónomos y herramientas de vigilancia algorítmica que operan sin suficiente supervisión.

La Oficina ha documentado casos en los que tecnologías de reconocimiento facial se han utilizado para reprimir protestas, así como incidentes en los que sistemas automatizados han contribuido a decisiones discriminatorias en ámbitos como la seguridad, la asistencia social o la justicia penal.

El Alto Comisionado insistió en que la inteligencia artificial debe desarrollarse bajo marcos normativos sólidos, con transparencia, supervisión independiente y mecanismos de reparación. “La tecnología no es neutral: amplifica tanto nuestras capacidades como nuestras desigualdades”, afirmó.

Un sistema bajo presión: crisis financiera, retrocesos democráticos y falta de recursos

El informe revela que la crisis financiera de la ONU ha tenido efectos directos sobre la capacidad de los mecanismos de derechos humanos. Se cancelaron semanas de sesiones de órganos de tratados, se retrasaron revisiones estatales y cientos de comunicaciones individuales quedaron sin examinar.

A ello se suma un retroceso democrático global: restricciones a la sociedad civil, criminalización de defensores de derechos humanos, ataques a periodistas y un aumento de la violencia contra mujeres y minorías.

Türk advirtió que, sin una inversión sostenida en derechos humanos, la comunidad internacional corre el riesgo de perder herramientas esenciales para prevenir conflictos, gestionar crisis y sostener la cohesión social.

Un llamado a reconstruir la arquitectura de protección

La apertura del 62º Consejo de Derechos Humanos llega en un momento en que el sistema internacional enfrenta tensiones simultáneas: guerras prolongadas, crisis económicas, disrupciones energéticas, retrocesos democráticos y riesgos tecnológicos sin precedentes.

El informe de Türk es, en esencia, un llamado a reconstruir la arquitectura de protección global: reforzar los mecanismos de monitoreo, garantizar financiamiento estable, proteger a la sociedad civil y regular las tecnologías emergentes.

En un mundo donde los conflictos se multiplican y las desigualdades se profundizan, el Alto Comisionado insistió en que los derechos humanos deben ser “el hilo conductor” de cualquier respuesta internacional. Sin ello, advirtió, la comunidad global corre el riesgo de entrar en una era de inestabilidad permanente.



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Elena Rusca

Periodista, corresponsal en Ginebra

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