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El salario promedio no cuenta toda la historia: la mitad de los trabajadores en Chile gana $680 mil o menos

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La nueva Encuesta Suplementaria de Ingresos del INE muestra que el ingreso promedio bordea el millón de pesos, pero el salario que efectivamente recibe la mitad de quienes trabajan en el país alcanza solo $680.000 líquidos. La distancia entre ambos indicadores revela una estructura salarial profundamente desigual y reabre el debate sobre cómo se distribuyen los frutos del crecimiento económico.

La Encuesta Suplementaria de Ingresos (ESI) 2025, difundida este martes por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), entregó una fotografía actualizada del mercado laboral chileno. El ingreso laboral promedio mensual de las personas ocupadas llegó a $962.945 líquidos, mientras que el ingreso mediano alcanzó $680.000. Esto significa que el 50% de los trabajadores percibe ese monto o menos, una diferencia que refleja la fuerte concentración de los ingresos en los segmentos de mayores remuneraciones.

El propio informe entrega otro dato significativo: el 68,7% de las personas ocupadas recibe ingresos inferiores o iguales al promedio nacional, mientras que apenas un 29,4% supera el millón de pesos mensuales y solo un 4,3% obtiene ingresos iguales o superiores a tres millones de pesos.

Más que una curiosidad estadística, la brecha entre promedio y mediana revela una característica estructural del mercado laboral chileno. Un grupo relativamente reducido de remuneraciones altas eleva el promedio general, mientras la mayor parte de la fuerza laboral permanece concentrada en niveles considerablemente inferiores.




La economía cotidiana

La encuesta del INE no mide pobreza ni calidad de vida. Tampoco calcula cuánto cuesta sostener un hogar. Sin embargo, sus resultados vuelven a instalar una pregunta que atraviesa buena parte del debate económico chileno: ¿qué nivel de bienestar puede construir una familia cuando la mitad de quienes trabajan dispone de $680.000 líquidos o menos al mes?

La respuesta depende de múltiples factores: el número de integrantes del hogar, la existencia de uno o más perceptores de ingresos, el pago de arriendo o dividendo y el lugar donde se vive. Pero existe un elemento común: durante los últimos años, vivienda, transporte, alimentación, servicios básicos y salud han mantenido una presión significativa sobre los presupuestos familiares.

Por ello, el dato más relevante de la ESI probablemente no sea el ingreso promedio cercano al millón de pesos, sino la constatación de que una parte mayoritaria del mercado laboral continúa concentrándose en remuneraciones bastante inferiores a esa referencia.

Un mercado laboral de fuertes contrastes

La distribución de los ingresos confirma esa realidad.

El tramo salarial más numeroso corresponde a quienes reciben entre $500.000 y $600.000 mensuales, que representan el 15,6% de las personas ocupadas. Le siguen quienes perciben entre $600.000 y $700.000 (10,3%) y entre $700.000 y $800.000 (7,7%).

Las diferencias también aparecen según la posición ocupacional. Mientras los empleadores registran ingresos promedio de $1.711.041, los asalariados del sector público alcanzan $1.321.228 y los del sector privado $1.019.104. En contraste, quienes trabajan por cuenta propia obtienen un ingreso promedio de apenas $534.267, menos de un tercio de lo que perciben los empleadores.

La educación continúa siendo uno de los factores que más inciden sobre las remuneraciones. Casi el 40% de la población ocupada posee educación secundaria, con ingresos promedio cercanos a $666.000, mientras que quienes cuentan con estudios de postgrado superan los $2,6 millones mensuales.

La brecha de género tampoco desaparece. Los hombres registran ingresos promedio de $1.062.864, frente a $832.566 de las mujeres, lo que representa una diferencia de 21,7% en desmedro de estas últimas.

Más allá de las cifras

Las conclusiones del INE dialogan con investigaciones realizadas por la Fundación SOL durante los últimos años. Aunque utilizan metodologías distintas y no son directamente comparables, ambas coinciden en un diagnóstico de fondo: la mayor parte del mercado laboral chileno continúa concentrándose en salarios relativamente bajos, mientras un segmento reducido de ingresos elevados empuja hacia arriba los promedios nacionales.

Ese fenómeno explica, en parte, por qué la percepción cotidiana de muchas familias suele distanciarse de los indicadores agregados de crecimiento económico. El ingreso promedio puede mejorar, pero ello no implica necesariamente que la mayoría experimente un aumento equivalente en su capacidad de consumo, ahorro o acceso a bienes esenciales.

La encuesta del INE vuelve así a instalar una discusión que trasciende las cifras del empleo. En momentos en que el país debate políticas orientadas a estimular la inversión y acelerar el crecimiento económico, los datos sobre ingresos recuerdan que la expansión de la actividad no resuelve por sí sola la pregunta sobre cómo se distribuyen sus beneficios.

El informe no entrega respuestas sobre cuál debería ser el nivel de remuneraciones en Chile. Pero sí ofrece una constatación difícil de ignorar: el salario que recibe la mayoría de quienes trabajan sigue estando muy por debajo del promedio que suele resumir el estado de la economía. Y esa diferencia constituye uno de los principales desafíos para cualquier estrategia de desarrollo que aspire no solo a crecer, sino también a mejorar las condiciones materiales de vida de la población.

Simón del Valle



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Simon Del Valle

Periodista

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