
Crecen las críticas al giro internacional de Kast: Ominami acusa abandono de la autonomía estratégica de Chile
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La declaración del Partido Socialista y una dura columna del exministro Carlos Ominami abrieron un nuevo frente político contra el cambio de orientación de la política exterior impulsado por el gobierno de José Antonio Kast. Mientras el PS denuncia un alineamiento ideológico con Donald Trump, Ominami advierte que Chile está abandonando la autonomía estratégica que ha guiado su diplomacia desde el retorno a la democracia.
Hasta hace pocas semanas, la política exterior aparecía como uno de los escasos ámbitos donde persistía un cierto consenso entre los distintos gobiernos chilenos. Más allá de las diferencias ideológicas, la inserción internacional del país había descansado sobre una combinación de pragmatismo, diversificación de alianzas y autonomía frente a las grandes potencias.
Ese consenso comenzó a resquebrajarse.
La participación de un alto representante chileno en la reunión convocada en Washington por el secretario de Estado Marco Rubio para coordinar una estrategia internacional contra el denominado «terrorismo transnacional de izquierda extrema» y, posteriormente, la definición del canciller Francisco Pérez Mackenna de Estados Unidos como el «principal socio estratégico» de Chile, marcaron un giro que ya empieza a generar respuestas políticas dentro del país.
Las primeras reacciones no sólo cuestionan una decisión diplomática puntual. Plantean una interrogante de mayor alcance: ¿está Chile abandonando una política exterior de Estado para alinearse con la estrategia geopolítica de la administración de Donald Trump?
El Partido Socialista acusa un alineamiento con Washington
La primera respuesta institucional provino del Partido Socialista.
En una declaración pública titulada «El Gobierno de Chile no debe alinearse con Trump», la colectividad condenó lo que calificó como una campaña internacional impulsada por Washington para asociar a los movimientos de izquierda y progresistas con el terrorismo.
Según el documento, el Gobierno chileno «se ha sumado sumisamente» a esa estrategia al participar en la reunión convocada por Marco Rubio.
La declaración introduce además un elemento histórico que trasciende la coyuntura. Recuerda que la convocatoria ocurre cuando se aproxima un nuevo aniversario del asesinato del ex canciller Orlando Letelier y de la ciudadana estadounidense Ronni Moffitt, víctimas del atentado cometido en Washington por agentes de la dictadura de Augusto Pinochet.
El texto sostiene que resulta una «hipocresía mayúscula» promover una cruzada internacional contra el terrorismo de izquierda mientras se omiten episodios como la Operación Cóndor y las acciones terroristas ejecutadas por las dictaduras del Cono Sur con conocimiento de autoridades estadounidenses de la época.
El PS también cuestionó las recientes declaraciones del canciller Pérez Mackenna al definir a Estados Unidos como el «principal socio estratégico» de Chile, afirmando que ello rompe con el principio de autonomía política que históricamente ha orientado la diplomacia chilena.
Ominami: el verdadero problema es el cambio de doctrina
Si la declaración socialista sitúa el debate en el terreno político e histórico, la columna publicada por el exministro Carlos Ominami desplaza la discusión hacia una dimensión estratégica.
En su artículo «Una urgente rectificación», Ominami sostiene que el problema no radica únicamente en la asistencia a una reunión internacional, sino en el cambio doctrinario que estaría experimentando la política exterior chilena.
Recuerda que, al asumir el nuevo gobierno, existían aprensiones respecto de una eventual política exterior excesivamente ideologizada, considerando las afinidades políticas de José Antonio Kast con dirigentes como Donald Trump, Javier Milei, Nayib Bukele y Viktor Orbán.
A su juicio, esas preocupaciones parecieron disiparse cuando el canciller Pérez Mackenna habló inicialmente de mantener relaciones equilibradas con las distintas potencias.
Sin embargo, estima que esa posición cambió después de la reunión con Marco Rubio.
La afirmación de que Estados Unidos constituye el «principal socio estratégico» de Chile representa, según Ominami, una definición equivocada porque abandona una política de equilibrio que permitió al país ampliar sus márgenes de acción internacional durante más de tres décadas.
El peso de la realidad económica
La crítica de Ominami incorpora un argumento difícil de ignorar.
Recuerda que China concentra cerca del 40% de las exportaciones chilenas, mientras Estados Unidos representa una participación considerablemente menor.
Desde esa perspectiva, advierte que transformar a Washington en el eje de la política exterior chilena desconoce la realidad económica y geopolítica del país.
Su propuesta no consiste en sustituir una dependencia por otra.
Al contrario, reivindica la doctrina del No Alineamiento Activo, desarrollada junto a los académicos Jorge Heine y Carlos Fortín, según la cual América Latina debe preservar su autonomía frente a la creciente rivalidad entre Estados Unidos y China.
En un escenario internacional cada vez más fragmentado, sostiene, la principal fortaleza de países como Chile reside precisamente en mantener capacidad de decisión propia y no quedar subordinados a los intereses de ninguna potencia.
Mucho más que una controversia diplomática
Las críticas formuladas por el Partido Socialista y por Carlos Ominami muestran que la discusión ya no gira únicamente en torno a una reunión organizada por Washington.
Lo que comienza a debatirse es la orientación de largo plazo de la política exterior chilena.
Por primera vez desde el retorno a la democracia, un gobierno plantea de manera explícita una relación privilegiada con Estados Unidos en un contexto de creciente confrontación ideológica y geopolítica impulsada por la administración Trump.
La pregunta que comienza a instalarse es si esa definición fortalece la posición internacional de Chile o, por el contrario, reduce su capacidad de actuar con independencia en un mundo cada vez más multipolar.
Una discusión que recién comienza
Hasta ahora, las críticas públicas provienen principalmente del Partido Socialista y de una de las voces históricas de la política exterior de la centroizquierda.
Sin embargo, el debate parece ir mucho más allá de la contingencia.
No se trata únicamente de decidir con qué países Chile mantiene mejores relaciones diplomáticas. Lo que está en juego es la concepción misma de la política exterior: si debe seguir siendo una política de Estado, construida sobre la autonomía, el pragmatismo y la diversificación de vínculos, o si pasará a formar parte de una estrategia de alineamientos ideológicos en un escenario internacional crecientemente polarizado.
La definición adoptada por el gobierno de Kast ha abierto esa discusión. Y las primeras reacciones indican que la controversia apenas comienza.
Félix Montano





