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Las genealogías del poder: las trayectorias que convergen detrás de «Escucha su corazón»

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Hasta hace unos días, el proyecto «Escucha su corazón» parecía representar una nueva ofensiva de la derecha chilena en el terreno de las llamadas guerras culturales. Pero bastaron dos declaraciones provenientes del propio oficialismo para cambiar el eje del debate. La controversia dejó de ser únicamente el contenido de la iniciativa. Comenzó a revelar algo más profundo: las distintas tradiciones políticas que hoy convergen —y también chocan— dentro de la nueva derecha.

La primera señal vino desde Renovación Nacional.

«Fue un error mío no haberlo leído cuando terminé de firmarlo«, reconoció la diputada Ximena Ossandón al anunciar que retiraría su patrocinio del proyecto. La parlamentaria explicó que entendió que escuchar los latidos del embrión sería una opción ofrecida por el médico, pero que desconocía que el articulado establecía consecuencias si la mujer rechazaba esa posibilidad. «La segunda parte del proyecto para mí fue una sorpresa«, añadió, asumiendo públicamente que había firmado sin revisar íntegramente el texto.

La segunda grieta surgió desde un lugar todavía más inesperado.




La diputada y ex presidenta del Partido Social Cristiano, Sara Concha, también tomó distancia de la iniciativa. Aunque reiteró su posición provida, sostuvo que «no compartimos ese proyecto» y advirtió que la defensa de la vida «no puede transformarse en una revictimización de la mujer«, marcando diferencias con la estrategia legislativa impulsada por sus autores.

Las dos declaraciones tienen un denominador común. Ninguna proviene de organizaciones feministas ni de parlamentarios de izquierda. Ambas nacen dentro del propio mundo conservador. Y precisamente por eso constituyen un punto de partida privilegiado para comprender cómo se está reconfigurando la derecha chilena.

Porque «Escucha su corazón» terminó mostrando algo que permanecía oculto detrás de la discusión sobre el aborto: las guerras culturales no son impulsadas por un bloque homogéneo, sino por la convergencia de trayectorias, culturas políticas y genealogías distintas.

Las genealogías del poder

Las leyes rara vez aparecen de manera espontánea. Antes de llegar al Congreso recorren un largo camino de formación intelectual, redes políticas, universidades, fundaciones, partidos y experiencias internacionales.

Los patrocinantes de «Escucha su corazón» permiten observar ese proceso.

Ximena Ossandón representa una tradición distinta a la de Cristóbal Urruticoechea. Su trayectoria se inscribe en una familia históricamente vinculada a Renovación Nacional y a una derecha liberal-conservadora acostumbrada a la negociación política. Su retiro del proyecto no constituye únicamente una rectificación personal. También expresa los límites que una parte de esa derecha establece frente a determinadas estrategias de confrontación cultural.

Muy diferente es la trayectoria de Cristóbal Urruticoechea.

Su biografía permite recorrer varias décadas de la evolución del conservadurismo chileno. Desciende de una familia con una extensa participación política; cursó sus estudios escolares en el Colegio Tabancura,  institución vinculada al Opus Dei. Más tarde desempeñó responsabilidades en la Fundación Nocedal antes de iniciar un itinerario partidario que pasó por la UDI, Renovación Nacional, el Partido Republicano y finalmente el Partido Nacional Libertario, espacio desde el que ha creado vínculos estrechos con el clan Kaiser. En febrero de este año Urruticoechea se casó con Vanessa Kaiser, senadora del PNL y hermana del excandidato presidencial Johannes Kaiser.

Ese recorrido no demuestra por sí mismo una coordinación entre instituciones. Lo que sí permite observar es la continuidad de una determinada formación política, religiosa e intelectual que antecede con mucho al actual debate sobre las guerras culturales.

Chiara Barchiesi

En otro lugar aparece Chiara Barchiesi.

Su trayectoria responde a una generación distinta. Su proyección pública está asociada al Partido Republicano y a redes internacionales del movimiento provida que han impulsado campañas similares en distintos países. En ella convergen organizaciones transnacionales, circulación de modelos legislativos y una estrategia política que entiende la disputa cultural como uno de los principales campos de acción contemporáneos.

Sara Concha incorpora una cuarta genealogía.

Procedente del mundo socialcristiano y del conservadurismo evangélico, comparte buena parte de los principios defendidos por los impulsores del proyecto, pero discrepa respecto de los mecanismos utilizados para traducir esas convicciones en legislación. Su distancia demuestra que incluso dentro del movimiento provida existen desacuerdos sobre cómo intervenir en el debate público.

Más que un proyecto de ley

Quizás la principal enseñanza que deja la controversia en torno a «Escucha su corazón» no tenga relación exclusiva con el aborto.

Lo que el episodio permite observar es el proceso mediante el cual distintas tradiciones de la derecha chilena —el conservadurismo histórico, el republicanismo, el libertarismo y el socialcristianismo— comienzan a encontrarse en determinadas agendas, sin que por ello desaparezcan sus diferencias.

Las guerras culturales funcionan, así, como un espacio de convergencia, pero también como un lugar donde afloran tensiones, estrategias contrapuestas y distintos modos de entender el ejercicio del poder.

Ese probablemente sea el verdadero significado político de las declaraciones de Ximena Ossandón y Sara Concha. Más que debilitar un proyecto específico, abrieron una ventana para observar las genealogías intelectuales y políticas de una nueva derecha que todavía está construyendo su propia identidad.

Félix Montano

 

 

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