
Para decirlo en simple: se trata de volver a luchar
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El Frente Amplio se ofrece para liderar la oposición. Dicho en español: se trata de quedar en la mejor posición cuando se trate de definir un candidato presidencial para el siguiente proceso eleccionario. Se trata liderar a la gente que se organiza bajo esos pseudónimos, izquierda, progresismo y socialismo democrático, que dañaron las esperanzas del pueblo y que, sin ir más lejos, definieron la tragedia que seguirá viviendo el pueblo chileno en tanto el proyecto de la ultraderecha afine el original plan de Pinochet.
Y más allá.
Para el Frente Amplio y sus socios, no se trata de proponer cambios en la dirección contraria a la cultura neoliberal que está despedazando a los países. Lo de esta gente es el gobierno y las buenas plazas laborales que ofrece este orden social que dijeron que sería sepultado en esa administración.
Como vemos, el muerto que mataron por ahí anda, muerto de la risa.
Un proyecto que se cruce a la arremetida neoliberal más extrema no es algo que se defina con un gobierno más o menos progresista, de izquierda, del socialismo democrático o una amalgama variable de esas tres definiciones que no dicen mucho.
Un proyecto político realmente de izquierda es un tema complejo. En primer lugar, debe ser un proyecto de millones o no será. Se trata de rescatar la esencia histórica de la izquierda: desde el pueblo, con el pueblo. Y no en su contra.
Se trata de rescatar la confianza de la gente en las ideas que han estado siempre en la gente que combate la pobreza, la explotación, la humillación de las personas más desposeídas, que defiende la paz y la armonia entre los pueblos. Que insiste en que el pueblo tiene derecho a gozar de la riqueza de su tierra.
Y si bien no es cosa de coser y cantar, se trata de comenzar articulando la dispersión en aquello que se coincide. Se trata de entregar una herramienta de lucha a la innumerable gente que ha esperado por decenios: una consigna que emocione y disponga.
Se trata de entender de una vez por todas que es absolutamente necesario ocupar el campo de la política formal para disputar desde ahí espacios de poder y de incidencia. Pero con certero, permanente y decisivo arraigo en el pueblo y sus organizaciones.
Las elecciones tal como las conocemos, son fruto de la lucha del pueblo, no de sus enemigos.
Se trata de hacer política como una forma que adquiere la movilización popular ya no entendida solo como una inútil marcha, así sea que le lleve cumbias y comparsas, sino como un proceso esencialmente político, de largo plazo y que sea capaz de seducir a la gente. Que la lleve a reunirse, a generar articulaciones desde la base a partir de los problemas comunes, a definir líderes esencialmente disponibles a la voluntad de sus mandantes y no para quedarse eternamente en sus cargos.
Se trata de que mandemos todos o no mande nadie.
Se trata de destronarlos de la comodidad con que han sido capaces de elegirse una y otra vez a esa casta, costra, de políticos corruptos que nada han hecho realmente por el pueblo y sus profundos problemas.
Se trata de destronar a la izquierda neoliberal, ese izquierdismo nefasto enquistado por la ausencia de la izquierda consecuente, porque tarde o temprano esa configuración o pegoteo de siglas pequeñoburguesas, se verá enfrentado a tomar posiciones de real consecuencia o definitivamente anclarse con el enemigo.
No querrán quedarse fuera del corso.
Se trata de que aquellos dirigentes honestos que quedaron desarraigados de sus proyectos y organizaciones desbastadas por el neoliberalismo y sus leyes, y por la corrupción de algunos de sus dirigentes, retomen el curso ahora con un proyecto político de alcance estratégico.
Se trata de recuperar la militancia desperdigada que se quedó fuera del foco y del festín cuando arreció la entrega y la renuncia.
La propuesta izquierdista del Frente Amplio de liderar la oposición al gobierno de Kast no tiene en cuenta un proyecto de esta envergadura y filosofía. Pero debemos asumir que ha sido la izquierda consecuente la que ha dejado el espacio libre para que la pequeña burguesía ocupe un lugar que históricamente no le corresponde.
Es en este punto en el que afloran la reales causas del actual estado de cosas en Chile y gran parte del mundo: la ausencia de una izquierda anclada en la realidad que grita, urge, implora, exige una propuesta radical que se cruce en el camino de la inhumanidad de la ultraderecha y ofrezca otro país, otro mundo.
Como se ha visto hasta el hartazgo, las soluciones a la situación que crea el neoliberalismo no están dentro del neoliberalismo. Más neoliberalismo es más tragedia, conflicto crisis, sufrimiento, guerras, explotación y miseria.
Se trata de disponerse a luchar, ni más ni menos.
Ricardo Candia Cares





