
Trump se hunde mientras el ala progresista gana terreno en el Partido Demócrata
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La segunda presidencia de Donald Trump atraviesa su momento más delicado. Las encuestas muestran una caída histórica de su aprobación, mientras incluso dirigentes y estrategas republicanos reconocen en privado que la Casa Blanca ha perdido el foco sobre los problemas que más preocupan a los estadounidenses. La inflación, el costo de la vida y la incertidumbre económica han sido desplazados por una agenda dominada por guerras, disputas ideológicas y proyectos personales del mandatario.
El deterioro no se limita a la opinión pública. Trump enfrenta crecientes tensiones dentro de su propio partido. Su enfrentamiento con dirigentes republicanos del Congreso, las críticas a la conducción del Senado y su negativa a modificar una estrategia considerada electoralmente suicida han alimentado el malestar entre parlamentarios y donantes. Incluso entre sus aliados aumenta la percepción de que el presidente dilapida capital político en batallas imposibles de ganar.
Las cifras reflejan esa crisis. Su aprobación se encuentra entre las más bajas de su trayectoria política y una amplia mayoría de los electores considera que el presidente no está concentrado en los problemas cotidianos del país. Además, los republicanos han perdido una de sus principales fortalezas: la ventaja histórica en materia económica. Hoy, las encuestas muestran un empate entre ambos partidos en el tema que durante casi una década favoreció al Partido Republicano.
Lejos de corregir el rumbo, Trump parece decidido a profundizar las controversias. Su insistencia en ampliar la guerra comercial mediante nuevos aranceles, mantener una agenda marcada por la guerra contra Irán y promover proyectos simbólicos como monumentos y grandes remodelaciones oficiales alimenta la impresión de un gobierno desconectado de las prioridades sociales. A ello se suman nuevas órdenes ejecutivas destinadas a restringir el acceso a la ciudadanía por nacimiento, medidas que previsiblemente enfrentarán nuevas impugnaciones judiciales.
El factor Zohran Mamdani/Alexandria Ocasio-Cortez
Mientras la Casa Blanca se desgasta, los demócratas comienzan a encontrar señales de recuperación política. La contundente victoria de Abdul El-Sayed en las primarias senatoriales de Michigan, el 4 de agosto de 2026, representa uno de los triunfos más importantes del sector progresista del partido. Su campaña, centrada en combatir la influencia del dinero en la política, ampliar el acceso a la salud y reducir la desigualdad, logró imponerse pese a la oposición inicial de parte del establishment demócrata.
El ascenso de dirigentes identificados con el socialismo democrático o estrechamente vinculados a ese espacio —como el alcalde neoyorquino Zohran Mamdani y la congresista Alexandria Ocasio-Cortez, ambos destacados positivamente por El-Sayed— refleja un cambio de equilibrio dentro del Partido Demócrata. Estos liderazgos conectan especialmente con los votantes jóvenes mediante propuestas de justicia social, regulación económica y ampliación de derechos, en abierto contraste con la retórica polarizadora de Trump.
El contraste político resulta cada vez más evidente
Mientras Trump insiste en presentar a sus adversarios como «comunistas», candidatos progresistas responden con un discurso centrado en la desigualdad económica, la regulación de los grandes poderes privados y la defensa de un capitalismo sujeto a reglas democráticas. Esa discusión programática comienza a desplazar el terreno de la confrontación desde la mera identidad ideológica hacia el debate sobre las condiciones materiales de vida de la población.
El corresponsal en Washington de la TV pública canadiense (RC), Jean-Michel Leprince, insistió en su reportaje del 6 de agosto, que la victoria de Abdul El-Sayed, apuntalado por Bernie Sanders, el senador independiente socialista del estado de Vermont, es un triunfo de los demócratas de izquierda contra el lobby judío, que buscó impedir, con cuantiosos medios financieros e influencia mediática, el triunfo de quien ha denunciado el genocidio en Gaza.
A poco más de tres meses de las elecciones de medio mandato, el panorama aparece inquietante para la Casa Blanca. Si Trump persiste en privilegiar sus obsesiones personales por sobre las preocupaciones económicas y sociales de los ciudadanos, el Partido Republicano corre el riesgo de sufrir una derrota significativa. Paralelamente, el fortalecimiento del ala progresista demócrata ofrece a la oposición un renovado impulso político que podría convertir las próximas elecciones en un plebiscito sobre el agotamiento del proyecto trumpista y la búsqueda de una alternativa de cambio.
Leopoldo Lavín Mujica





