Tiempo de lectura aprox: 5 minutos, 8 segundos

Por: Rodolfo Benítez Verosn, Embajador de Cuba en Ginebra

Hay seres humanos que no languidecen jamás. Por el contrario, su impronta, con el paso del tiempo, se agiganta. En el centenario de su natalicio, rendimos homenaje a uno de esos líderes, admirado y respetado por millones de personas en todo el mundo.

Un patriota ama y defiende incondicionalmente a su patria. Un revolucionario es un patriota dispuesto a transformar su realidad en aras de la dignidad humana y la justicia social. Fidel Castro Ruz es la síntesis del patriota y el revolucionario.

Su legado histórico solo puede comprenderse teniendo en cuenta la inmensidad de las tareas históricas a las que se consagró.




La nación cubana parecía relegada para siempre al oscuro destino de colonia del cercano imperio más poderoso que ha conocido la historia. Fidel demostró el error de los teóricos que insistían en que no se podía hacer una revolución a 90 millas de los Estados Unidos.

Bajo su conducción, la Revolución cubana provocó un avance extraordinario del pensamiento progresista, porque lo puso ante la opción de luchar no solo por reformas, sino por un nuevo sistema, confiando en las capacidades del pueblo.

La Cuba revolucionaria logró que nuestro país tuviera, primera vez, una voz propia en la arena internacional. Consiguió fundir en una sola entidad los más altos valores de la lucha patriótica y los de la lucha de clases, un logro trascendental de las ideas revolucionarias, nunca antes alcanzado en nuestro continente.

La Revolución cubana no fue simplemente una transferencia de poder. Representó la recuperación de la soberanía después de décadas de subordinación a los Estados Unidosy siglos de colonialismo español. Otorgó a los cubanos un sentido de pertenencia sobre el destino de su nación.

Fidel rechazó el traje y el protocolo tradicional de los dignatarios, pero fue un estratega internacional de excelencia.  Abierto al diálogo respetuoso con todos, incluso con el imperio, con la única condición de que la soberanía nacional es sagrada y nunca se negocia.

El simbolismo de Fidel trascendió las fronteras cubanas. Encarnó el ejemplo y la posibilidad de que naciones pequeñas resistieran la hegemonía de grandes potencias.Ese ejemplo constituye la esencia de su legado.

Mientras muchos líderes se comprometían o capitulaban ante presiones externas, Fidel fue siempre consecuente. Se mantuvo firme y desafiante frente a adversidades colosales. Años antes de la desaparición de la URSS y el campo socialista europeo, sorprendió al mundo con la promesa de que la Isla resistiría sola y haría suyas las banderas del socialismo. Y se logró.

Su resistencia se convirtió en símbolo de la resistencia misma. El pueblo cubano aprendió con él a crear en medio de la adversidad y las carencias.

José Martí, nuestro Héroe Nacional, y muchos independentistas cubanos a lo largo de lahistoria de Cuba, fueron antimperialistas. Fidel heredó la comprensión de ese requisito básico de todo proyecto de liberación y justicia social. El antimperialismo ha sido uno de los rasgos principales de la Revolución cubana.

Otra de las principales contribuciones de Fidel al pensamiento político, es la concepción de unidad de todas las fuerzas patrióticas. No como consigna, sino como método. Defendió con obsesión la unidad de los revolucionarios como factor decisivo para la lucha y la victoria. Nos enseñó que esa unidad es más importante que cualquier diferencia táctica. “Unidos seremos invencibles; divididos, seremos derrotados”, sentenció.

Consideró la educación un elemento fundamental para que el ser humano se levante por encima de sus necesidades más inmediatas, y sea capaz de actuar con propósitos y valores más elevados. Enfatizó que, sin educación, no hay libertad posible y convirtió la enseñanza en pilar esencial del proyecto social cubano.

Hombre culto y gran lector, convencido de la necesidad de sembrar ideas, Fidel se transformó en un educador popular incansable. Cimentó la práctica revolucionaria de hacer al pueblo sujeto activo de las decisiones de la nación.

Fue el primer dirigente político en el mundo que usó la televisión para llevar a cabo una campaña colosal de concientización revolucionaria de un pueblo entero. Tanto en la vida diaria, como en ocasiones de peligro y grandes pruebas, Fidel fue siempre el guía que explicó con paciencia y claridad.

Muchas veces se comenta con sonrisas la extensión de sus discursos. Pero no eran ejercicios retóricos, sino la conversación permanente del conductor con la nación. La comunicación siempre, con el pueblo, en lo cotidiano y en lo trascendente, es una las dimensiones fundamentales de la grandeza de Fidel.

Por eso nadie lo llamaba por sus cargos, sino solamente por su nombre, Fidel. Era demasiado grande para necesitar títulos.

Apenas unos meses después de su entrada triunfal a la capital cubana, Fidel dejaría atónitos a quienes lo escuchaban. El futuro de Cuba, que para la fecha solo tenía tres universidades, debía estar inexorablemente marcado por mujeres y hombres de ciencia y pensamiento. Era el 15 de enero de 1960.

Al año siguiente, Cuba se convirtió en el primer país libre de analfabetismo de América Latina y el Caribe, tras una campaña de alfabetización que movilizó a más de 270 mil educadores.

Casas de altos estudios y centros de investigación pasarían a ser parte del panorama cotidiano de la nación. Cuba entera se llenó de libros y escuelas. 

Defendió la salud como un derecho humano universal y se consagró a garantizar a cada cubana y cubano atención médica gratuita y de alta calidad.

Los logros alcanzados por Cuba en materia social, desarrollo en la salud, la educación, laciencia, las artes y muchos otros ámbitos, a pesar del cruel bloqueo estadounidense, son internacionalmente reconocidos.

Fidel amplió el alcance de las ideas y prácticas revolucionarias a nivel mundial mediante el internacionalismo y la solidaridad internacional, ese hermoso crecimiento de las cualidades humanas. Nos dejó la lección de que el internacionalismo no es una frase, sino una actitud.

La vocación internacionalista impulsada por Fidel se materializó en el apoyo de Cuba a las luchas de liberación nacional en África y América Latina. Miles ofrendaron su vida en esas misiones solidarias.

Cientos de miles de cubanos han protagonizado misiones sociales en los más recónditos rincones del planeta. Más de 400 mil trabajadores de la salud han prestado ayuda en 164 naciones, incluyendo en la lucha contra el ébola en África; contra el cólera en Haití; contra las secuelas de desastres naturales en Paquistán, Indonesia, México, Ecuador, Perú, Chile, Venezuela y contra la pandemia de la COVID 19 en 40 países.

En Cuba se han formado de manera gratuita casi 40 mil profesionales de la salud de 138 países. Bajo su máxima ser internacionalistas es saldar nuestra propia deuda con la humanidad”, convirtió a Cuba en un actor único en el escenario mundial, con un papel muy superior al de una pequeña nación caribeña.

El internacionalismo cubano ha sido y sigue siendo una victoria sobre el bloqueo imperial. Estados Unidos creyó que podía acorralarla y aislarla, pero Cuba se ha multiplicado entre los pueblos del planeta.

La vida física de Fidel, apagada el viernes 25 de noviembre, a la edad de 90 años, estuvo regida por una frase de José Martí: “toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”. Consecuente hasta el fin de sus días, como deseo postrero pidió que su nombre y figura no se honrara en monumentos, ni en obra alguna. La piedra de granito que guarda sus cenizas simboliza un grano de maíz.

Diez presidentes de los Estados Unidos, desde Eisenhower a George Bush, hicieron todo lo posible por derrocar a Fidel, incluyendo a través de más de 600 intentos de asesinato reconocidos por la CIA, la invasión mercenaria de Playa Girón y el bloqueo económico más extenso y criminal de la historia.

No solo sobreviv todos los planes para acabar con su ejemplo. Fidel no se ha ido. Desde el presente no deja de pelear. Anda junto a su pueblo en cada una de las batallas actuales. Fidel no es un monumento. Es una brújula. Y las brújulas, a diferencia de los monumentos, sirven para indicar el camino y avanzar.

Incluso en medio de la alegría popular en los primeros días del triunfo revolucionario, supo adelantarse a su tiempo, y advirtió que en lo adelante todo sería más difícil. No se equivocó.

La Revolución cubana vive momentos de peligro como nunca antes. La asfixia total a la que Estados Unidos somete a Cuba busca promover la fractura social, mediante la privación de los recursos y los servicios más básicos para sobrevivir, con el objetivo de destruir el proyecto revolucionario cubano. El brutal cerco energético al que es sometida la nación, constituye el capítulo más cruel de esta escalada.

La respuesta del pueblo ha sido la resistencia firme, la unidad, la defensa de sus conquistas y la actualización del modelo económico y social, sin ceder a presiones ni chantajes.

Esa capacidad de resistir y transformar, tiene sus raíces en el pensamiento y la acción de Fidel y en su legado de que la dignidad no se negocia y la única derrota verdadera es la renuncia a luchar.

Nada logrará rendir la voluntad de un pueblo que ha hecho de la resistencia su bandera.La historia, como él mismo dijo, absolverá.

Las opiniones vertidas en esta sección son responsabilidad del autor y no representan necesariamente el pensamiento del diario El Clarín

 



Foto del avatar

Elena Rusca

Periodista, corresponsal en Ginebra

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *