Columnistas Portada

La democracia como disfraz: Kast y la internacional ultraderechista del Foro Madrid

Tiempo de lectura aprox: 2 minutos, 42 segundos

El Foro Madrid llega a Santiago vestido con algunas palabras en apariencia nobles de la democracia: libertad, Estado de derecho, soberanía, derechos y defensa de Occidente. Y J. A. Kast se presenta a discursear en medio de los líderes de las ultraderechas cuando esas palabras, convertidas en políticas, marcan su desplome en las encuestas. Lo importante: atrás de ese ropaje institucional opera una internacional política impulsada por la Fundación Disenso, vinculada a Vox, cuyo propósito declarado es combatir a las izquierdas y al progresismo así como coordinar a las llamadas “fuerzas patriotas” de Iberoamérica. El País ha descrito el encuentro como una cumbre de la ultraderecha internacional, donde confluyen corrientes conservadoras, neoliberales, integristas y autoritarias.

El problema, por tanto, no es que personas de derecha se reúnan a discutir sus ideas: eso forma parte de la democracia. El problema comienza cuando quienes se presentan como defensores de las libertades construyen una política del enemigo (vuelta a Carl Schmitt el jurista nazi). El propio Foro Madrid ha convertido la lucha contra el socialismo, el Foro de São Paulo y el Grupo de Puebla en uno de sus ejes permanentes. No estamos ante un seminario académico, sino ante una maquinaria internacional de articulación ideológica.

La paradoja adquiere una dimensión especial cuando José Antonio Kast sube a esa tribuna como presidente de Chile. Puede cambiar el tono, abandonar el lenguaje de candidato y pronunciar un discurso republicano, como anticipa su entorno. Pero no puede borrar su trayectoria: fue uno de los firmantes fundadores de la Carta de Madrid y se ha identificado como fundador del Foro Madrid. EL PAÍS ha recordado además su trayectoria en Political Network for Values, organización ultraconservadora que presidió entre 2022 y 2024. Allí aparece un antecedente particularmente incómodo: documentos acreditan aportes del Gobierno de Viktor Orbán por más de US$1,3 millones a esa organización durante el período 2020-2024.

No se trata de establecer una equivalencia mecánica entre financiamiento y conducta presidencial. Se trata de algo más elemental: conocer las redes políticas en las que se formaron y articularon determinadas convicciones. Viktor Orbán no es un nombre cualquiera. Es precisamente uno de los principales referentes contemporáneos del llamado iliberalismo, es decir, de una doctrina que conserva las formas— las elecciones— pero erosiona progresivamente los contrapesos, la autonomía institucional y los derechos de las minorías y de la clase trabajadora. Por eso resulta significativo que incluso sectores de la derecha chilena hayan advertido sobre el costo institucional de la fotografía presidencial junto a esa internacional.




Y hay otra batalla que el Foro Madrid libra con particular intensidad: Brasil. Su oposición a Lula no es circunstancial ni reciente. El propio Foro ha denunciado reiteradamente al mandatario brasileño como una amenaza autoritaria y, en 2022, calificó su eventual triunfo electoral como un peligro para la democracia regional. Hoy Brasil vuelve a ser decisivo: Lula encabeza las encuestas para las elecciones de octubre, mientras el bolsonarismo intenta recuperar el poder. En ese contexto, la internacional ultraderechista tiene un objetivo político evidente: impedir que Lula continúe al frente de Brasil y favorecer una nueva correlación regional de fuerzas.

La cuestión climática revela todavía mejor la contradicción entre el discurso de libertad y sus consecuencias. Vox ha sostenido que no está probado que el calentamiento global sea provocado por la acción humana y ha atacado lo que denomina “fanatismo climático”, mientras impulsa el desmontaje de políticas ambientales. En un planeta que enfrenta récords térmicos, incendios, sequías y fenómenos extremos crecientes, convertir la ciencia climática en una batalla ideológica no es libertad: es irresponsabilidad.

Lo verdaderamente preocupante es que la operación política consiste en apropiarse del lenguaje democrático mientras se intenta reducir su contenido. Libertad sin derechos sociales, soberanía sin pluralismo, orden sin contrapesos, seguridad sin límites al poder y libertad económica presentada como sinónimo de libertad ciudadana. Es una vieja operación semántica: conservar las palabras y cambiarles el significado. Por eso la discusión sobre el Foro Madrid no debería reducirse a si Kast tiene derecho a asistir. Naturalmente que lo tiene. La pregunta democrática es otra: ¿qué proyecto de democracia está contribuyendo a organizar desde esa tribuna?

Chile debería mirar con atención esta operación de maquillaje democrático. La ultraderecha contemporánea ya no necesita llegar al poder negando las elecciones: puede intentar transformar desde dentro las condiciones que hacen posible una democracia plural. Cuando el adversario político es tratado como una amenaza existencial, cuando los contrapesos aparecen como obstáculos, cuando los derechos son subordinados al orden y cuando la evidencia científica se convierte en enemiga ideológica, el peligro no está en las palabras que se pronuncian sobre la democracia, sino en aquello que esas palabras pretenden ocultar. El Foro Madrid juega con fuego: se presenta como defensor de las libertades mientras ayuda a construir una política que puede terminar destruyéndolas.

Leopoldo Lavín Mujica

Autor



Foto del avatar

Leopoldo Lavín

B.A. en philosophie et journalisme, M.A. en Communication publique de l’Université Laval, Québec, Canadá.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *