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Trump mueve dinero militar hacia América Latina: la Doctrina Donroe comienza a tomar forma

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La administración de Donald Trump ha decidido retirar 52 millones de dólares de ayuda militar estadounidense previamente destinada a Europa y Oriente Medio y trasladarlos hacia América Latina. La cantidad puede parecer modesta dentro del gigantesco presupuesto de defensa de Estados Unidos. La dirección en que se mueve ese dinero, sin embargo, tiene una significación política mucho mayor.

El Departamento de Estado notificó este martes al Congreso que recursos del programa de Financiamiento Militar Extranjero (FMF) asignados a Eslovaquia, Macedonia del Norte, Túnez e Irak serán transferidos a Panamá, Perú, Ecuador y Colombia. Los dos primeros países que pierden recursos son, además, miembros de la OTAN.

La decisión llega inmediatamente después de la gira del secretario de Estado Marco Rubio por Colombia, Ecuador y Perú, donde ofreció profundizar la cooperación estadounidense en seguridad. Y llega también cuando Washington ha convertido nuevamente al hemisferio occidental en una prioridad explícita de su política exterior.

Pero probablemente lo más revelador sea el lenguaje utilizado por el propio Departamento de Estado para explicar el movimiento de recursos.




El dinero servirá, según Washington, para combatir el “narcoterrorismo en nuestro patio trasero” y contribuir a garantizar la seguridad del Canal de Panamá. Los fondos, agregó, impedirán que “adversarios” establezcan posiciones estratégicas en el hemisferio, una referencia que apunta especialmente a la creciente presencia económica y estratégica de China en América Latina.

“Patio trasero” dijo el Departamento de Estado.

La expresión resulta particularmente significativa vista desde Chile.

El patio trasero que Chile rechazó

Hace apenas unas semanas, el ministro de Defensa Fernando Barros intentó establecer un límite frente a la nueva política hemisférica estadounidense.

“Nosotros no somos el patio trasero de ningún país”, afirmó.

No era una frase casual. Washington estaba impulsando el llamado Escudo de las Américas, la estructura regional promovida por Trump para coordinar a gobiernos latinoamericanos en la lucha contra los carteles, el narcotráfico y otras amenazas definidas por Estados Unidos.

La respuesta estadounidense fue poco habitual en las relaciones diplomáticas.

El embajador Brandon Judd difundió públicamente el documento que el propio Barros había firmado el 12 de marzo, apenas un día después de asumir como ministro, relacionado con la declaración estadounidense de seguridad contra los carteles. El Gobierno chileno debió aclarar posteriormente que aquel documento constituía una declaración de intenciones y no significaba la incorporación operacional de Chile al Escudo de las Américas.

El episodio dejó instalada una pregunta que todavía no ha sido despejada completamente: hasta dónde está dispuesto a llegar Chile en una estructura de seguridad regional concebida y conducida desde Washington.

Ahora el Departamento de Estado utiliza precisamente la expresión que Barros rechazó: “nuestro patio trasero”.

No se trata, por cierto, de concluir a partir de una frase que Estados Unidos considere formalmente subordinados a los países latinoamericanos. Pero la elección de las palabras adquiere significado porque coincide con una política mucho más amplia que Washington ha hecho explícita.

De Monroe a Donroe

La administración Trump ha recuperado abiertamente la Doctrina Monroe, formulada en 1823, y ha denominado “Trump Corollary” a su reinterpretación contemporánea.

Su objetivo declarado es recuperar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental e impedir que potencias extrarregionales obtengan posiciones consideradas estratégicas para la seguridad de Estados Unidos.

El subsecretario de Defensa para Política, Elbridge Colby, le dio un nombre más directo durante la Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas realizada en Cusco: Doctrina Donroe, combinación de Donald Trump y Monroe.

La expresión puede sonar como una ocurrencia propagandística, pero detrás de ella existe una estrategia concreta.

Washington pretende reforzar su presencia política y militar en América Latina, combatir las organizaciones criminales transnacionales, controlar las rutas del narcotráfico, proteger infraestructura estratégica y limitar la expansión de competidores externos, particularmente China.

La reasignación de los 52 millones de dólares conocida ahora añade a esa doctrina un componente presupuestario concreto.

El dinero sale de Europa y Oriente Medio y llega al hemisferio occidental.

No es dinero nuevo. Es una modificación de prioridades.

El Departamento de Estado lo reconoce expresamente: la distribución anterior del financiamiento militar ya no correspondía a la prioridad que la administración Trump otorga al hemisferio occidental.

Escudo de las Américas

Entre la doctrina y el dinero aparece una estructura política y militar.

Trump reunió en marzo en Florida a un grupo de mandatarios latinoamericanos principalmente conservadores en la cumbre del Escudo de las Américas. José Antonio Kast participó en ese encuentro poco antes de asumir la Presidencia chilena.

Desde entonces Washington ha avanzado en diferentes niveles de cooperación con gobiernos de la región.

Panamá, Perú, Ecuador y Colombia —precisamente los cuatro destinatarios de los nuevos recursos— participan del marco regional de seguridad impulsado por Estados Unidos, que contempla cooperación de inteligencia y, según las modalidades acordadas con cada gobierno, posibilidades de operaciones coordinadas.

La coincidencia entre afinidad política y cooperación estratégica tampoco ha sido ocultada por Washington. AP describe la política de Trump como una profundización de las relaciones con gobiernos de derecha mientras el mandatario estadounidense reivindica la renovación de la Doctrina Monroe.

Eso no significa que todos los gobiernos que cooperan militarmente con Estados Unidos puedan reducirse a una misma identidad ideológica, ni que toda cooperación antinarcóticos constituya por sí misma una adhesión a la Doctrina Donroe.

Pero sí existe una preferencia política reconocible.

Y es aquí donde Chile adquiere especial importancia.

“Con Kast se vuelve muy fácil”

Brandon Judd lo expresó con una franqueza poco frecuente para un embajador.

Durante el reciente Foro Madrid realizado en Santiago sostuvo que Chile ya estaba aplicando la Doctrina Donroe. Explicó además que esta política sería diferente en cada país y que los embajadores estadounidenses estaban facultados para implementarla según las condiciones nacionales.

Después puso a Chile como ejemplo.

“Cuando tenemos una administración como la del Presidente Kast se hace muy fácil”, afirmó.

La declaración produjo inmediatamente un problema diplomático.

El canciller Francisco Pérez Mackenna respondió que no sabía exactamente qué significaban las palabras del embajador y aclaró que Chile no había realizado ninguna declaración aceptando la Doctrina Donroe.

Quedaron así enfrentadas dos versiones difíciles de conciliar.

Según el representante de Estados Unidos, Chile ya aplica la doctrina.

Según el ministro de Relaciones Exteriores chileno, el país no la ha aceptado.

No es la primera controversia provocada por Judd. Durante sus meses como embajador ha intervenido públicamente en debates sobre el cable submarino con China, aranceles, seguridad, Escudo de las Américas y acontecimientos de la política interna chilena. Sus declaraciones han provocado sucesivas respuestas de la Cancillería.

Pero la afirmación sobre la Donroe tiene otra dimensión.

Un embajador estadounidense está diciendo públicamente que ha sido facultado por su gobierno para implementar en Chile una doctrina de política exterior estadounidense y que la orientación política de la administración Kast facilita esa tarea.

La pregunta acerca de la soberanía deja entonces de ser retórica.

China detrás del “adversario”

Existe además un hilo que atraviesa prácticamente todos estos episodios: China.

El Departamento de Estado no identificó directamente al “adversario” al anunciar los 52 millones de dólares, pero AP interpreta la referencia en el contexto de la preocupación estadounidense por la creciente presencia china en América Latina.

El Canal de Panamá es una pieza especialmente sensible. Perú también lo es por la expansión de inversiones chinas y por infraestructura estratégica como el puerto de Chancay.

Chile presenta otra particularidad: China es un socio comercial fundamental y durante los últimos meses la relación con Beijing ha aparecido repetidamente detrás de las controversias protagonizadas por Judd.

La Donroe, por tanto, no puede explicarse solamente mediante el narcotráfico.

Seguridad, migración, carteles, rutas marítimas, infraestructura estratégica y competencia con China comienzan a aparecer dentro de una misma concepción hemisférica.

Del discurso al dinero

La decisión anunciada este martes ayuda finalmente a ordenar las piezas.

Primero fue la recuperación explícita de la Doctrina Monroe.

Después vino su reinterpretación como “Trump Corollary” y su denominación política como Doctrina Donroe.

Luego apareció el Escudo de las Américas y la búsqueda de gobiernos regionales dispuestos a profundizar la cooperación con Washington.

Ahora aparecen recursos militares desplazándose desde Europa y Oriente Medio hacia América Latina.

Los 52 millones de dólares son pequeños si se comparan con el presupuesto militar estadounidense. Pero constituyen una señal política difícil de ignorar: Washington está modificando prioridades y comenzando a respaldar con recursos la estrategia hemisférica que viene anunciando.

La política tiene además beneficiarios concretos: Panamá, Perú, Ecuador y Colombia.

Y tiene un lenguaje que América Latina conoce desde hace mucho tiempo.

El Departamento de Estado vuelve a hablar de “nuestro patio trasero”, mientras proclama que impedirá que sus adversarios consigan posiciones estratégicas en “nuestro hemisferio”.

En Chile, mientras tanto, el ministro de Defensa afirma que el país no es el patio trasero de nadie; el canciller sostiene que Chile no ha adherido a la Doctrina Donroe; y el embajador de Estados Unidos asegura que esa doctrina ya está siendo aplicada y que con el gobierno de José Antonio Kast hacerlo resulta “muy fácil”.

Ese contraste probablemente sea más importante para Chile que los 52 millones de dólares.

Porque la discusión que comienza a abrirse no es solamente cuánto dinero militar estadounidense llegará a América Latina ni qué armas podrán comprarse con él. Es quién define las prioridades estratégicas del hemisferio, hasta dónde están dispuestos los gobiernos latinoamericanos a incorporarse a ellas y qué límites establece Chile frente a una potencia que ha vuelto a describir explícitamente a América Latina como su “patio trasero”.

 

Félix Montano

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