
Abrázame fuerte hasta que el pituto deje de ser mérito en el vino
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La película Idiocracy va de una época regida por las personas menos aptas para los cargos, pero más conocidas o con mayor notoriedad ante las cámaras o medios masivos. Tan perdido está el sentido de mérito en este filme que los líderes toman decisiones como regar las plantas con bebidas de fantasía, por su contenido rico en electrolitos. Dentro de este contexto el protagonista, con un intelecto medio en el contexto actual (respecto de nosotros los espectadores), es muy competente y termina liderando la era por su “mérito”.
Como es costumbre, ¿dónde está el vino por aquí?
Hace un tiempo se discutió el premio al mérito entre los miembros de una asociación a la cual pertenezco. Lamentablemente el ganador no fue nuestro candidato del “Sur” y esto, sin desmerecer en forma alguna al ganador, me hizo reflexionar sobre cómo se lleva a cabo dicho proceso de elecciones, en el cual los pares directores de esta asociación deliberan de manera interna, aplicando su criterio personal y apelando a su conocimiento (¿o desconocimiento?) que poseen sobre él o la candidata. Pareciera ser que es difícil para la sociedad ver el trabajo territorial de unos viñedos fuera de su esfera de influencia, los cuales carecen de capital social o como decimos en Chile no cuentan con el consabido pituto ¿o no? Pero a mí me tocó sufrir cuando confié y creí…
En Chile siempre se ha discutido el concepto de la importancia de los amigos, o del capital social, dicho en palabras más complejas. En los reels de RRSS, más de una vez nos encontramos con citas a Pierre Bourdieu, quien definió el capital social como la red de contactos y relaciones que una persona posee y que puede utilizar para obtener ventajas. En concreto, cito textualmente:
«El capital social es el conjunto de los recursos reales o potenciales que están ligados a la posesión de una red duradera de relaciones más o menos institucionalizadas de interconocimiento y de interreconocimiento; o, en otros términos, a la pertenencia a un grupo.»
A esto le llamamos pituto en nuestra jerga chilena, en Francia “piston” o “pistone”, de la idea de empujar como el pistón de un motor. La idea es entrar a la fuerza a un lugar al que no se pertenece gracias a los contactos del individuo. En el filme Idiocracy es el presidente sin duda no apto para el cargo, pero su tasa de conocimiento es altísima por su pasado como ex luchador profesional y estrella porno. En mi opinión (objeto de la columna) los premios pueden ser más dados por este capital social que por el mérito enunciado de manera altisonante en la convocatoria realizada. En alguien que juró que daba su vida por mí…
El desarrollo de territorios desde la transferencia tecnológica es sin duda una herramienta importante para entender las relaciones humanas. Las eras pensadas desde los materiales trabajados como la Era de Bronce, la Revolución Industrial, la Era Espacial; sin duda nos narran ese hito tecnológico que ayudó a avanzar a un grupo específico por sobre otros en la carrera por el liderazgo cultural de esa época nombrada por el hito tecnológico. Es innegable el salto tecnológico en todo sentido de los 90’ del vino chileno, internacionalización, grandes plantaciones, cepas consolidadas en el mundo, posicionamiento de marca, inclusión de tecnología (acero inoxidable, corchos, levaduras seleccionadas, etc.). Es una revolución donde el conocimiento técnico enológico sin duda revolucionó de manera positiva muchas vidas. Pero esto siempre deja un rezago. En nuestro caso, fueron sobre todo los viñedos del “Sur”. Tomás Moro, pensador inglés, en su libro Utopía (1516), describe el proceso de privatización de campos en Inglaterra para la industria de la lana con la desgarradora frase: «Vuestras ovejas, que suelen ser tan mansas y alimentar tan limpiamente, dicen que ahora han pasado a ser tan voraces e indómitas que se comen a los propios hombres…»
El “Sur” quedó rezagado, por lo cual fueron esos hombres comidos por ovejas del vino chileno. Casi una década después llegó la revolución a estas tierras, conocieron estas técnicas nuevas, de la mano de una joven camada de agrónomos formados en una región que no existe ya. Estos jóvenes no sabían de la revolución por venir de sus manos en medio de la extinción de una forma de entender el vino. La retirada de las cantinas creó una lenta época de decadencia que hoy tiene a estos viñedos considerados una excentricidad para el vino moderno. Abrázame, que el tiempo pasa y no se detiene…
El protagonista comienza sin capital social en Idiocracy dado el salto temporal vivido como efecto mágico que lo sitúa en el ambiente de la película. Ese salto temporal es similar entre el norte de Ñuble como primer viñedo de la zona sur. Es un salto de tres décadas. Cuando visitas nuestro territorio con sus parras en “cabeza”, los paisajes trabajados a mano o con animales, una rareza congelada digna de postales del vino internacional, es el vivir diario de muchos, no un show mediático. Varios acuñan rápidamente los vinos de terroir, otros, vinos de baja intervención, otros, vinos de campo. Aún más extremamente, hablan de vinos patrimoniales, pero son básicamente vinos sin capital social en el mundo del vino chileno, como canta el sol de México: “Miénteme como siempre, por favor, miénteme” ¡es patrimonio del vino mundial! Es tan evidente esta falta de capital social que los máximos referentes de estas zonas y cepas generalmente no viven en la zona, compran uva, lo elaboran algunas veces en “el territorio”, lo lucen en Santiago, los llaman para hablar del terroir, ponen fotos del dueño de la uva como homenaje. ¿Ellos son dueños del mérito o del pituto? Será que es mucho pedir tener como referente en el vino a alguien sin estudios en enología para nuestra cultura nacional. Es realmente tan difícil tener de referente a una persona con octavo básico que vive en el mismo terreno de sus padres, inmóvil como las parras que le dan para vivir; esas mismas parras que nos encanta darles de cien a cuatrocientos años de vida sin pestañar. Abrázame muy fuerte, amor, que el tiempo, en contra, viene…
Es imposible no considerar esta época convulsa en parte por el cambio en la forma de comunicar en las RRSS, la polarización discursiva y la híper conexión informativa. El vino no es ajeno a estos tiempos, además de cruzado por una reestructuración importante por la década de bajo consumo. Dentro de la idea para recuperarse está “la complacencia de la audiencia” como una forma de lograr ventas con productos semi dulces (azúcar residual en el vino buscada), con baja en la graduación alcohólica mínima para ser más saludables, poner la comunicación del “story telling” como eje central del vino. El sabor, después vemos, ¿no? Nuevamente, el filme Idiocracy refleja de manera brillante esto, pues muestra de manera satírica cómo los líderes exigen resultados mágicos e inmediatos para problemas sistémicos profundos, buscando solo aplausos a corto plazo en lugar de construir soluciones sostenibles. El “Sur” supo abordar el salto tecnológico con un sentido de pertenencia. Los vinos cambiaron sin perder su identidad “de campo”, sin dejar de tener arraigo, sin tener tildes “para el otro lado”, sin duda son técnicamente diferentes. No es el mismo vino de los abuelos, pero se parece o sigue siendo parte nuestra. Allí esta el mérito de los que desarrollaron la enología en nuestros viñedos del “Sur”. Es seguro que no es la misma tradición, pero el vino es humano, por ende, móvil ¿o no? Abrázame, que el tiempo pasa y él nunca perdona…
Siendo solo un geólogo disléxico que juega a ser enólogo, me gustaría pensar de manera inocente para no traicionar al niño que fui varios años atrás: lo importante de competir siempre es el espíritu de “que gane el mejor”. ¿El mejor tiene más capital social o mérito cuando se compite por mérito según las reglas? Podemos valorar el mérito de transformar una zona despreciada, considerada rezagada. Es posible apreciar mérito de una zona donde el jurado del premio lo declaró viñedo sin valor; puede haber mérito en una cepa “que no debería ser vinificada”; hay mérito en una zona sin grandes capitales nacionales de una industria concentrada; hay mérito en una zona de rezago; hay mérito sin figurar más que hacer. Yo creo evidente el mérito de trabajar con los que nadie quiere, creo en el mérito de desarrollar el territorio de tu vida, creo en el arraigo a la zona donde naces y espero que algún día el mérito sea reconocido a los bastardos del “Sur”, y ese día lo celebraremos con asado al son de la música Caporal. Abrázame, que no le importa saber quién es uno al comité de ética…
Sebastián Alberto Fuentes Germany
Penquista
