
Die Linke conquista Berlín mientras la AfD avanza en el este: las dos caras del terremoto político alemán
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La izquierda ganó por primera vez las elecciones regionales de Berlín, duplicó su votación y obtuvo un apoyo extraordinario entre los jóvenes. Pero la misma jornada dejó otra imagen: la ultraderechista AfD se convirtió en la primera fuerza de Mecklemburgo-Pomerania Occidental. Los dos resultados tienen un denominador común: el retroceso de los partidos tradicionales y una creciente fragmentación del sistema político alemán.
Alemania entregó este domingo dos fotografías políticas aparentemente contradictorias. En Berlín, Die Linke se convirtió por primera vez en la fuerza más votada de la capital alemana. A varios cientos de kilómetros, en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) terminó en primer lugar.
La jornada no dibuja, por tanto, un desplazamiento uniforme del electorado alemán hacia una determinada dirección ideológica. Muestra algo quizá más profundo: el debilitamiento de los partidos que durante décadas estructuraron la política de la República Federal y la capacidad de fuerzas situadas fuera del antiguo centro político para canalizar diferentes formas de descontento.
En Berlín, Die Linke obtuvo alrededor del 25,5% de los votos, más del doble de su resultado de 2023. La CDU, que gobernaba la ciudad, quedó segunda con aproximadamente un 19%, mientras la AfD alcanzó alrededor del 16%. Los Verdes quedaron cerca del 15% y el SPD cayó hasta aproximadamente el 12%, su peor resultado histórico en la capital.
La candidata de Die Linke, Elif Eralp, de 45 años e hija de exiliados políticos turcos, queda así en condiciones de intentar construir una mayoría que podría convertirla en la primera jefa de Gobierno de Berlín perteneciente a esa formación. Para ello necesitará negociar una coalición, probablemente con otras fuerzas de izquierda y centroizquierda.
La vivienda en el centro
Una de las claves del resultado berlinés está lejos de los grandes debates geopolíticos que dominan buena parte de la política europea. Es mucho más cotidiana: cuánto cuesta vivir en la ciudad.
Berlín atraviesa una grave crisis de vivienda. Aproximadamente el 85% de sus hogares vive en arriendo y los alquileres anunciados prácticamente se han duplicado desde 2014. Las estimaciones oficiales indican, además, que la ciudad necesitará unas 211.000 viviendas adicionales de aquí a 2040.
Die Linke convirtió este problema en uno de los ejes centrales de su campaña.
Entre sus propuestas aparecen la construcción de vivienda asequible, congelar inicialmente los alquileres y limitar posteriormente sus aumentos, restringir los alquileres turísticos y ampliar el acceso a vivienda social. Pero la iniciativa políticamente más fuerte es otra: aplicar el resultado del referéndum celebrado en 2021 sobre la socialización de viviendas pertenecientes a grandes compañías inmobiliarias.
En aquella consulta, un 57,6% de los votantes respaldó la propuesta. La eventual aplicación podría afectar a unas 220.000 viviendas.
Eralp reiteró después de la elección que pretende llevar adelante esa política y combatir la especulación inmobiliaria. Pero existe una dificultad importante: el apoyo actual a la medida es considerablemente menor que en 2021. Una encuesta poselectoral de Infratest Dimap muestra que actualmente un 37% respalda la socialización de las grandes inmobiliarias, frente a un 51% que la rechaza.
El resultado electoral de Die Linke no puede interpretarse, por tanto, como un mandato automático para cada una de sus propuestas. Sí demuestra que logró situar la cuestión social y, especialmente, el acceso a la vivienda en el centro de una campaña ganadora.
Una izquierda extraordinariamente joven
Hay otro dato que ayuda a comprender la magnitud del resultado.
Die Linke obtuvo 43% entre los electores menores de 25 años. Entre quienes tienen entre 25 y 34 años llegó incluso al 48%. Entre los votantes que participaron por primera vez alcanzó un 38%.
La diferencia entre hombres y mujeres jóvenes es todavía más llamativa: 51% de las mujeres menores de 25 años votó por Die Linke. Entre los hombres de la misma edad el porcentaje fue del 34%.
Es una transformación relevante para un partido que históricamente cargó con la identificación con la antigua Alemania Oriental y cuyos antecedentes se encuentran parcialmente en el partido que gobernó la República Democrática Alemana.
Su crecimiento berlinés de 2026 tiene, en cambio, un fuerte componente generacional.
También consiguió recuperar electores que habían abandonado las urnas. Las estimaciones de transferencia de votos de Infratest Dimap indican un saldo favorable para Die Linke de unos 75.000 antiguos no votantes, además de aproximadamente 51.000 votos procedentes de Los Verdes y 36.000 del SPD.
No se trata simplemente, entonces, de un desplazamiento de votos dentro de la izquierda tradicional. El partido consiguió movilizar sectores que anteriormente se habían abstenido.
Pero a pocos kilómetros avanza la ultraderecha
La otra fotografía de este domingo impide cualquier lectura triunfalista sobre un supuesto giro general de Alemania hacia la izquierda.
En Mecklemburgo-Pomerania Occidental, la AfD superó el 38% y se convirtió en la fuerza más votada, por delante del SPD. Die Linke quedó tercera. La CDU sufrió allí un derrumbe mucho más severo: cayó por debajo del umbral del 5% necesario para entrar en el Parlamento regional, su peor resultado histórico.
La AfD ya había conseguido resultados extraordinariamente altos en otros estados del este alemán. Su implantación territorial es hoy una de las principales transformaciones del sistema político del país.
Incluso en Berlín, donde perdió claramente frente a Die Linke, la AfD aumentó considerablemente su votación y llegó aproximadamente al 16%.
No hay, por tanto, una Alemania que haya girado simplemente hacia la izquierda ni otra que pueda describirse únicamente por el ascenso de la ultraderecha.
Las dos tendencias están ocurriendo simultáneamente.
Dos respuestas diferentes al malestar
Berlín y Mecklemburgo-Pomerania Occidental muestran que el descontento social puede adquirir expresiones políticas muy distintas.
La inmigración ha sido uno de los grandes temas movilizadores de la AfD. En Berlín, en cambio, el costo de la vivienda adquirió una importancia excepcional durante la campaña. Die Linke articuló su propuesta alrededor de alquileres, vivienda asequible, especulación inmobiliaria y seguridad social.
Son respuestas políticas diferentes ante sociedades sometidas a tensiones económicas, sociales y demográficas.
Y entre ambas aparece un gran derrotado: el antiguo centro político.
El SPD, partido histórico de la socialdemocracia alemana, quedó reducido en Berlín a aproximadamente el 12%. La CDU perdió el gobierno de la capital y en Mecklemburgo-Pomerania Occidental ni siquiera consiguió asegurar su presencia parlamentaria.
El golpe alcanza directamente al canciller Friedrich Merz, que calificó el resultado en Mecklemburgo-Pomerania Occidental como un “desastre”.
La pregunta que deja Berlín
Sería apresurado convertir la victoria de Die Linke en Berlín en una receta general para detener a la ultraderecha europea. Las diferencias económicas, demográficas e históricas entre Berlín y los estados orientales alemanes son enormes.
Pero el resultado plantea una pregunta política relevante.
Durante los últimos años buena parte del debate europeo ha girado alrededor del crecimiento de la extrema derecha y de la capacidad de sus discursos sobre inmigración, identidad y seguridad para atraer a sectores descontentos.
Berlín muestra otra posibilidad: una fuerza de izquierda consiguió ampliar fuertemente su electorado poniendo en primer plano problemas materiales muy concretos —el precio del alquiler, la vivienda, el costo de vida y la seguridad social— y obtuvo un respaldo particularmente alto entre las generaciones jóvenes.
No significa que esa fórmula pueda trasladarse mecánicamente al resto de Alemania. De hecho, el triunfo simultáneo de la AfD en Mecklemburgo-Pomerania Occidental demuestra exactamente lo contrario: el malestar alemán no tiene una sola dirección política.
Quizá esa sea la principal conclusión de las elecciones de este domingo.
Mientras la extrema derecha consolida posiciones históricas en parte del este alemán, una izquierda renovada consigue conquistar la capital. Entre ambos fenómenos, CDU y SPD pierden terreno y el sistema político construido durante décadas alrededor de los grandes partidos populares muestra señales cada vez más visibles de fragmentación.
Berlín no detuvo el avance de la AfD en Alemania. Pero sí mostró que, al menos en una gran ciudad europea, la insatisfacción social también puede encontrar una expresión electoral muy diferente.
Fuentes: Reuters, Tagesschau, The Guardian.
