Política Global

Laborismo británico promete recuperar el control público, pero buena parte del cambio deberá esperar

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La conferencia del Partido Laborista abrió un giro relevante en la política británica: más intervención estatal, recuperación de viviendas y servicios públicos, reforma electoral y hasta la posibilidad de reconsiderar el Brexit. Pero buena parte de las transformaciones anunciadas por Andy Burnham quedaría para después de las elecciones de 2029, mientras los sindicatos exigen avanzar más rápido y Reform UK amenaza el espacio electoral del Labour.

Bajo el lema de recuperar la esperanza, la Conferencia del Partido Laborista celebrada en Liverpool entre el 27 y el 30 de septiembre ha presentado un ambicioso conjunto de reformas en atención social, pensiones, vivienda, energía, agua, sistema electoral y relaciones con la Unión Europea. Andy Burnham ha prometido que este será finalmente un gobierno capaz de solucionar problemas considerados hasta ahora intratables.

El discurso marca un cambio evidente respecto de los años de Keir Starmer. Burnham habla otra vez de control público, viviendas municipales, servicios universales y de corregir algunas de las privatizaciones heredadas de Margaret Thatcher. Incluso ha abierto una puerta que durante años permaneció cerrada dentro del laborismo: revisar el Brexit y considerar, entre las opciones futuras, el regreso del Reino Unido a la Unión Europea.

Pero existe un problema con la prometida “acción ya”. Una parte considerable de los grandes cambios anunciados no se realizará ahora. Deberán incorporarse al programa laborista para las elecciones generales de 2029 y, si Labour vuelve a ganar, transformarse posteriormente en leyes.




Un nuevo servicio nacional de cuidados

Probablemente el anuncio social más importante ha sido la creación de un National Care Service, un sistema nacional de atención social para adultos inspirado en el Servicio Nacional de Salud (NHS).

Burnham promete un sistema en el que “todos contribuyen y todos están cubiertos”, gratuito en el punto de uso. Sería uno de los cambios más importantes del Estado social británico en décadas y respondería a una crisis que ningún gobierno ha conseguido resolver.

El problema es cómo financiarlo.

Burnham ha decidido tocar una de las políticas más sensibles de la política británica: el llamado triple bloqueo de las pensiones. Actualmente la pensión estatal aumenta cada año según la cifra más alta entre la inflación, el crecimiento de los salarios y el 2,5%.

El gobierno mantendrá esta garantía durante la actual legislatura, pero desde abril de 2030 eliminará el vínculo automático con el aumento de los salarios. Las pensiones seguirán aumentando al menos según la inflación o un 2,5%, y el ahorro se utilizará para financiar el nuevo sistema de atención social.

Es, por tanto, una reforma social financiada en parte por otra parte del gasto social. Y eso explica que, aunque el National Care Service sea popular, la fórmula escogida para financiarlo ya haya abierto una controversia.

El agua y el regreso de una palabra: propiedad pública

El agua fue privatizada por Margaret Thatcher en 1989. Desde entonces, las empresas han distribuido enormes cantidades de dinero entre sus accionistas mientras acumulaban deuda y una infraestructura envejecida ha provocado vertidos y contaminación.

Aquí Burnham anunció uno de los cambios ideológicamente más significativos de la conferencia.

El gobierno presentará una nueva ley que eliminará las restricciones introducidas durante la privatización que limitan la participación estatal en las compañías de agua. Los alcaldes recibirán además mayores poderes para controlar a las empresas y habrá sanciones más severas contra aquellas que incumplan reiteradamente sus obligaciones.

No significa la renacionalización inmediata de toda la industria. Burnham ha dicho que las compañías privadas que funcionen en beneficio del interés público podrán continuar operando. Pero por primera vez en décadas el gobierno deja explícitamente abierta la posibilidad de recuperar el control o la propiedad pública de aquellas empresas que fracasen.

Es una ruptura importante con uno de los principios centrales de la era Thatcher.

Energía: competir desde el Estado

La misma filosofía aparece en la energía.

Burnham anunció la creación de Great British Grid, una empresa de propiedad pública integrada en Great British Energy que competirá con operadores privados como National Grid. Su objetivo será acelerar las conexiones, reducir los costes y llevar, en un plazo de diez años, los precios británicos de la energía hacia niveles comparables con los europeos.

La promesa es importante porque las familias británicas siguen sometidas a elevados costes energéticos.

Pero nuevamente aparece la distancia entre el anuncio y sus efectos. Construir una empresa pública capaz de competir con los actuales operadores necesitará años y grandes inversiones.

La vivienda, centro de la crisis social

La vivienda ocupó una parte central del discurso.

Los ayuntamientos ingleses gastaron 2.840 millones de libras durante 2024-25 en alojamiento temporal para personas sin hogar. Mientras tanto, numerosos hogares destinan una proporción extraordinariamente elevada de sus ingresos al alquiler.

Burnham prometió el mayor programa de construcción de viviendas municipales en décadas y mayores poderes para que los ayuntamientos intervengan sobre viviendas vacías o propiedades arrendadas en condiciones inaceptables. Los municipios podrán, en determinadas circunstancias, adquirirlas obligatoriamente e incorporarlas al parque público.

También se modificará el Right to Buy, otra de las grandes reformas de Thatcher, para impedir que la construcción de nuevas viviendas sociales termine simplemente reduciendo nuevamente el parque público mediante su posterior venta.

Sin embargo, aquí también aparecen contradicciones. Burnham había defendido anteriormente controles sobre los alquileres, pero estos han desaparecido de la propuesta. Y el nuevo programa Your First Home, destinado a facilitar la compra a los jóvenes, recuerda al anterior Help to Buy conservador, cuestionado porque terminó estimulando también los precios y los beneficios de las constructoras.

Una reforma del sistema electoral

Otro anuncio puede modificar profundamente la política británica.

Burnham considera agotado el tradicional sistema mayoritario uninominal —first past the post— y anunció una Comisión Nacional sobre Reforma Electoral, en la que estarán invitados todos los partidos, sindicatos, organizaciones sociales y otros sectores.

La comisión deberá informar antes de las elecciones de 2029 y Labour pretende llegar a esos comicios con una propuesta de reforma en su programa. Burnham sostuvo que el objetivo debe ser avanzar hacia un sistema donde todos los votos tengan influencia sobre la composición del Parlamento.

El asunto no es menor. El sistema actual puede otorgar enormes mayorías parlamentarias a partidos que reciben bastante menos de la mitad de los votos y se encuentra sometido a una presión creciente a medida que la política británica se fragmenta entre Labour, conservadores, Reform UK, liberales demócratas y verdes.

Brexit: una puerta que vuelve a abrirse

Pero posiblemente el anuncio de mayor alcance histórico ocurrió después de casi una década de cautela laborista.

Burnham afirmó que el Brexit ha hecho al Reino Unido más daño que bien y planteó reconsiderar toda la relación con Europa.

Las alternativas que ha puesto sobre la mesa incluyen mantener la situación actual, regresar a la unión aduanera, incorporarse nuevamente al mercado único, negociar un modelo especial o incluso solicitar en el futuro el reingreso a la Unión Europea. No habrá una decisión inmediata, pero el simple hecho de que un primer ministro británico vuelva a mencionar abiertamente la última alternativa modifica el debate político.

El gobierno celebrará este año una nueva cumbre con la UE y Burnham ha dicho que posteriormente expondrá con mayor precisión su posición.

Diez años después del referéndum, el Brexit ha dejado de ser políticamente intocable.

Los sindicatos quieren ir más lejos

La conferencia laborista tampoco puede separarse de lo ocurrido pocas semanas antes en el Congreso de la federación sindical TUC.

Los sindicatos aprobaron una moción para convocar una manifestación nacional contra la austeridad y a favor de una mayor inversión en los servicios públicos. También llamaron a preparar una campaña coordinada por los salarios del sector público que podría desembocar en acciones industriales conjuntas.

Las diferencias con el gobierno aparecen también en política exterior. El Congreso del TUC aprobó nuevamente una moción contra el aumento del gasto militar y respaldó una política de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) contra Israel, una posición que no comparte el gobierno laborista.

Hay, por tanto, una presión organizada desde la izquierda sindical para que el giro anunciado por Burnham vaya bastante más lejos.

La amenaza de Reform UK

Todo ocurre además en un escenario político extremadamente volátil.

Burnham ha conseguido recuperar parte del apoyo perdido durante la etapa de Starmer. Una reciente estimación de YouGov situaba a Labour como el partido con mayor número de escaños en un Parlamento sin mayoría absoluta si se celebraran elecciones en ese momento, aunque muy lejos de los 411 diputados obtenidos en 2024.

La recuperación, sin embargo, no elimina la presión de Reform UK ni las dificultades estructurales del Labour. YouGov constataba antes de la conferencia que la imagen del partido seguía siendo mayoritariamente negativa, pese a la mejora registrada desde la llegada de Burnham.

Ahí se encuentra posiblemente la explicación política de Liverpool.

Burnham intenta reconstruir una identidad laborista que durante años se fue diluyendo. Habla nuevamente de propiedad pública, intervención estatal, viviendas municipales, servicios universales y reforma democrática. Incluso comienza a cuestionar dos de las grandes herencias de la política británica de las últimas décadas: las privatizaciones de Thatcher y el Brexit.

La conferencia ha mostrado, por tanto, un Labour distinto. Pero también ha mostrado sus límites.

La disciplina fiscal continúa intacta. La renacionalización completa de los servicios privatizados no está planteada. No habrá controles generales de alquileres. Parte del coste de la nueva atención social recaerá sobre el futuro crecimiento de las pensiones. Y varias de las reformas más importantes deberán esperar hasta las elecciones de 2029.

“Esperanza otra vez” es una consigna eficaz. Ahora queda por resolver una cuestión mucho más difícil: cuánto de esa esperanza puede convertirse realmente en política antes de que los electores vuelvan a las urnas.

 

Abelardo Clariana-Piga

Corresponsal de El Clarín en Reino Unido

 

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