
El Reino Unido atraviesa un verano marcado por tensiones que se superponen: el fortalecimiento electoral de la derecha populista de Nigel Farage, nuevos episodios de violencia contra inmigrantes, protestas por el apoyo británico a las guerras de Israel y Estados Unidos, temperaturas récord, sequía y una economía que sigue mostrando problemas estructurales.





